Mil y tres conquistas con Don Giovanni de Mozart
Los mejores momentos
Don Giovanni, K. 527, opera in two acts (1787)

Soy Mozart, y te doy la bienvenida a los mejores momentos de mi ópera Don Giovanni. Vas a seguir a un seductor que lo desafía todo hasta que una estatua le pide en la cena que se arrepienta, y esa escena merece de sobra tu tiempo. En esta web mis compañeros de oficio y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras nada más oírlas, y te invito a probarlo en el entrenamiento .
---
Un susto con buenos modales
Yo abro la Overture con un acorde en re menor tan rotundo que cualquiera que esté dormitando en la butaca se incorpora de golpe, y enseguida dejo caer un pasaje misterioso, como quien baja a la bodega sin linterna. Después doy un giro y llego a un allegro en re mayor tan ligero que parece que el susto no iba con nadie, aunque esos primeros acordes volverán en el segundo acto, cuando aparezca la estatua.
Cómo pedir una mano sin que se note
Yo le doy a Giovanni, que es un barítono, una melodía tan suave y tan bien educada que nadie diría que está intentando llevarse a una novia de su propia boda. Empiezo en la mayor, con un andante tranquilo en el que los dos se turnan los versos, y cuando un descenso cromático delata que Zerlina empieza a dudar, la música se acelera hasta un allegro en el que ya cantan juntos.
El invitado que sí viene
Yo hago que la estatua llegue a la cena con los mismos acordes rotundos de la obertura, ahora con séptimas disminuidas, vientos y trombones, que es la manera más solemne que conozco de decir «ya estoy aquí». Canta «Don Giovanni! A cenar teco m'invitasti», es decir, «me invitaste a cenar», y cuando Giovanni, tan seguro de sí mismo, le estrecha la mano, le entra de pronto un frío que no se quita con ninguna capa.
---
¿Te ha gustado conocer los mejores momentos de Don Giovanni? Yo espero que sí, y que ahora tengas ganas de volver a escuchar esa obertura que te sacude en la butaca y ese dúo en el que una mano se pide con tanta amabilidad. Cuando terminé la ópera en Praga, en 1787, no podía imaginar cuánto iba a seguir hablando la gente de un hombre que no sabe arrepentirse. Todavía queda mucho por descubrir en Don Giovanni. Está el catálogo de Leporello, con sus cifras interminables, y está el baile en el que tres máscaras se quitan el antifaz para señalar a Giovanni. También está la cena final, con la estatua llamando a la puerta, y la pregunta que el libreto deja abierta sobre lo que pasó realmente con Donna Anna. Esa duda, por cierto, nunca se ha resuelto del todo, y quizá por eso la obra sigue dando tanto que pensar. Te invito a hacer clic en los enlaces que tienes aquí para seguir explorando Don Giovanni. Estoy seguro de que cada vez que la escuches encontrarás algo que se te había pasado por alto.
