Aram Khachaturian
Compositor

1903 – 1978

Retrato de Khachaturian
¡Illo, qué pasa, peña, soy Aram Khachaturian, un armenio nacío en Tiflis en 1903, y ya me tienes aquí flipao de verte! Pues nada, a ver, siéntate que te suelto la movida de mi vida, tronco, y te prometo que no me enrollo mazo. Y ojo, que aquí, en esta web, mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer mis temazos en cuanto suenan, ¡así que venga,  date una vuelta por el entrenamiento , crack!
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El último mono de Tiflis

¡Mira, tronco, que arranco fuerte!: nací el 6 de junio de 1903 en Tbilisi, Georgia, y era el más canijo de cinco hermanos, ¡el último mono de la peña, tío! Mi familia era armenia, o sea, nada de rusos, que luego la gente se lía y me suelta cada rayada, ¡anda ya! En 1921 me piré a Moscú con el petate y cero idea de todo, y me colé en el Instituto Gnessin de chelista, ¡a darle al arco como un flipao! En 1925 me puse con la composición y en 1929 salté al Conservatorio de Moscú, donde Nikolai Myaskovsky fue uno de mis profes, ¡un máquina, ¿sabes?!

Del cello al pelotazo

¡Venga, que viene lo guay!: en 1933 me casé con Nina Makarova, compositora también y colega de clase en el Conservatorio, ¡dos currantes de las notas bajo el mismo techo, qué movida! En 1934 pillé el diploma, y en 1936 escribí mi Concierto para piano, que fue el primer pepinazo, ¿eh? Luego, en 1940, me salió el Concierto para violín y lo estrenó David Oistrakh, un crack total, ¡de locos! En 1941 me cayó el Premio Stalin por ese concierto y yo en plan «¿pero esto es real, o me lo estoy flipando?».

Moscú, mi barrio y mi curro

¡Pues nada, Moscú, hermano!: ahí viví y curré toda la vida, que no era moco de pavo, era una ciudad enorme, brutal, mazo de movimiento por todos lados. Daba clases en el Instituto Gnessin y en el Conservatorio de Moscú, o sea, de alumno a profe, aguantando a la chavalada, ¡tela marinera! En 1944 compuse el himno de la República Socialista Soviética de Armenia, ¡imagínate el hype, tronco, un himno entero de mi tierra! Y entre clase y clase yo seguía dale que dale con las partituras, que si no me daba el venazo no era yo, ¡qué rollo más bonito!

Cuando se me fue la olla con los sables

¡Atento, que aquí va el bombazo!: mi ballet Gayane salió de otro anterior, Happiness, de 1939, que retoqué hasta dejarlo guapo, ¡un lavado de cara de campeonato! El Ballet Kirov lo estrenó en Perm en 1942, y fíjate si la movida gustó que en 1943 me llevé otro Premio Stalin por él, ¡dabuten! Dentro está la «Danza del sable», en el acto IV, en la escena de la boda, ¡un subidón de caballos desbocados que te deja pegao al sillón, flipas! Yo mismo conté, en noviembre de 1942, que la escribí en unas once horas porque el director del teatro quería otro baile más, ¡así que si la leyenda es cierta, menudo pelotazo a contrarreloj, illo!

El día que me dieron el toque

¡Hostia, qué susto, colega!: en 1948 me denunciaron oficialmente por «formalismo», junto con Shostakovich y Prokofiev, ¡tres monstruos de la música en el mismo saco, imagínate el panorama! Eso es chungo de narices, porque te señalan con el dedo y de repente el mundo te mira raro, ¡qué mal rollo, tío! Pero ojo, que ese mismo año me devolvieron el favor del régimen, o sea, un día en la lista negra y a la vuelta de la esquina otra vez en la pomada, ¡para volverse loco, pirarse del todo! Yo me quedé en plan «¿pero esto qué es, un yoyó?», ¡subes, bajas, subes, mazo de montaña rusa, quillo!

Los últimos compases

¡Pues mira, vamos acabando, peña!: en 1973 me dieron el título de Héroe del Trabajo Socialista, que sonaba a medalla de las gordas, ¡guapísimo, de locos! Yo seguí en lo mío, currando y dando clases, sin bajar el pistón ni de coña, que un músico de verdad no se jubila, se queda tieso con el lápiz en la mano. El 1 de mayo de 1978 me morí en Moscú, ¡casi justo antes de cumplir los 75, qué faena, la leche! Así cerré el chiringuito, ¡dejando una obra enorme, brutal!

Lo que dejé en el escaparate

¡Fíjate, tronco, qué cosa más flipante!: mi Adagio de «Spartacus y Frigia» lo usó la serie de la BBC The Onedin Line como sintonía, ¡y media Inglaterra tarareándolo sin saber quién era el tío! Gané cuatro Premios Stalin, en 1941, 1943, 1946 y 1950, no tres, que luego la gente se equivoca y me quita uno, ¡anda ya, que cuesta pasta! Enseñé a una pila de chavales, y esos chavales enseñaron a otros, así que mi rollo sigue de mano en mano, ¡una cadena de locos! Y la «Danza del sable» sigue sonando en mil sitios, ¡se me ha colado hasta en lugares donde ni sabía que existía la música clásica, tela!

Lo que te quiero meter en el cuerpo

¡Escucha, colega, que esto va para ti!: yo quiero que cuando pongas mi música se te ponga el cuerpo a bailar sin que le pidas permiso, ¡a petarlo del todo! Quiero que sientas ese fuego del Cáucaso, esos ritmos que te agarran de las solapas, esas melodías que te entran por la oreja y no se van ni a tiros, ¡mazo de rollazo! No hace falta que sepas nada de solfeo ni de partituras, que esto no es un examen, ¡es una fiesta con orquesta, flow total! Dale al play, déjate llevar y si de repente te sorprendes taconeando en el salón, ¡pues nada, bienvenido al club, crack!
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¡Illo, colega, dime la verdad, tío! ¿Te ha molao mazo currarte mi vida de pe a pa, o qué, sabes? Pues nada, tronco, ahí tienes mi Gayane, un bailongo de locos que sale flipante, ¡así que date una vuelta por las obras mías que hay en esta web, venga! ¡Dale ya a los enlaces de aquí abajo, quillo, que te pirarás de flipe con la movida, anda ya, no te rayes!
Gayane
Gayane, ballet in four acts (1942)