Felix Mendelssohn
Compositor

1809 – 1847

Retrato de Mendelssohn
¡Illo, qué pasa, peña, soy Felix Mendelssohn, un chaval de Hamburgo de 1809 que nació pa' petarlo con la música, mazo de flow! Pues nada, tronco, que me toca sacarte la movida de mi vida enterita, de la cuna al final, sin cortarme un pelo, ¿vale? Y ojo, que aquí mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer mis temazos en cuanto suenan, así que anda,  dale caña al entrenamiento , que flipas.
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Un churumbel con pedigrí y deberes a todas horas

¡Illo, atento, que esto empieza fuerte: nací en Hamburgo en 1809, tronco, y con apellidos pesaos encima! Mi padre era Abraham, banquero de los que tienen pasta pa' parar un tren, y mi abuelo era el filósofo Moses Mendelssohn, ¡imagínate la presión en las cenas familiares, qué movida! Con siete añitos me bautizaron en la iglesia reformada, en 1816, y yo ahí, en plan chaval que no se entera de media, pero con cara de buen niño. Y desde 1819, mazo de clases de contrapunto y composición con Zelter, o sea, deberes de música a todas horas mientras la peña de mi edad se tiraba al barro, ¡qué rayada, hostia!

Con dieciséis tacos ya la estaba liando parda

¡Flipa con esto, colega: en 1825 me saqué el Octeto de Cuerda, con dieciséis añitos, y no fue ningún rollo de niño prodigio de feria! Al año siguiente, en 1826, pegué la obertura de El sueño de una noche de verano, ¡con diecisiete añitos, tío! Pero el petardazo gordo llegó en 1829, tío: con veinte años dirigí en Berlín la resurrección de la Pasión según San Mateo de Bach, que andaba criando polvo, ¡un bombazo de locos! Pues nada, que el chaval de la banca resultó ser una máquina de la batuta, y yo, tan fresco, como quien se pilla un bocata.

Mi curro, mi ciudad y mi casoplón de hijos

A ver, que no me quedé quieto: en 1833 me puse de director musical en Düsseldorf, pero me piré a finales de 1834, que aquello no me molaba ni un pelo. Y en 1835, ¡zas!, me cogí la Orquesta del Gewandhaus de Leipzig, que era mi sitio, mi rollo, mi barrio, vamos. En 1837 me casé con Cécile Jeanrenaud, y fíjate, tuvimos cinco críos, ¡una peña en casa que no veas, tronco, la de gritos y de pañales! Y en 1843 fundé el Conservatorio de Leipzig, o sea, que encima me monté mi propio cole pa' que los chavales currasen la música como Dios manda.

La marcha que te suena aunque no quieras

Si hay un tema mío que has oído mil veces sin enterarte, es la Marcha nupcial, ¡y no me digas que no, que te pillo! Sale de mi música pa' El sueño de una noche de verano, ¡brutal, un subidón de hype total! En 1858 sonó en la boda de la hija de la reina Victoria, la princesa Victoria, y desde ahí se puso de moda, que a día de hoy sigue petándolo en las bodas. Mazo de parejas entrando en la iglesia con mi cancioncita, ¡qué pasada, illo!

Cuando un rey te promete la luna y te deja a dos velas

Ojo a la movida: desde 1840, Friedrich Wilhelm IV me pidió que liderara unas reformas de la música en Berlín, ¡con to' el glamour, colega! Yo, ilusionao perdío, pensando en montar una escuela de las buenas, pero la pasta pa' la escuela nunca apareció, ¡flipas con los reyes y sus promesas! O sea, que me quedé en plan «¿y ahora qué, tío?», con las ganas y sin un duro de nada, un churro total. Así que me volví a Leipzig con el rabo entre las piernas, pero oye, mejor en mi casa que haciendo el canelo en palacio, ¿sabes?

El último tramo, a mil y sin frenos

¡Venga, que no paré ni un segundo!, en 1844 le escribí a Ferdinand David el Concierto para violín en mi menor, y en 1846 estrené Elías en Birmingham, ¡madre mía! Hice diez viajes a Gran Bretaña, tronco, y allí la reina Victoria y el príncipe Alberto estaban locos con mi música, ¡yo era como el crack del barrio al otro lado del charco! Pero el 14 de mayo de 1847 se murió mi hermana Fanny, y me quedé hecho polvo, tío, chungo de verdad, sin ganas de nada. Y el 4 de noviembre de ese mismo 1847 me fui yo, en Leipzig, con 38 añitos, tras una serie de ictus, ¡qué faena más gorda, joder!

Me hundieron y me levantaron, qué telenovela

Me enterraron en Berlín, en el cementerio Dreifaltigkeitsfriedhof I, en Kreuzberg, y ahí sigo, bien tranqui, sin dar la brasa a nadie. Luego mi fama se fue a la porra entre finales del XIX y principios del XX, por modas cambiantes y por antisemitismo, ¡una vergüenza, anda ya! En Leipzig me plantaron un monumento en 1892, pero los nazis lo petaron en 1936, ¡de locos, vaya hatajo de rastreros! Pero la peña lo ha ido arreglando: mi música se ha vuelto a valorar y en 2008 pusieron otro monumento, o sea, que al final gané yo, ¡toma ya!

Lo que quiero que te lleves, colega

Mira, yo solo quiero que, cuando oigas algo mío, se te ponga una sonrisa de oreja a oreja, ¡sin rayarte ni nada! No hace falta que sepas de contrapunto ni de nada de eso, que eso es cosa de nerds con gafas: basta con que lo sientas, flipao. Así que pon la Marcha nupcial, déjate llevar y baila como si nadie te viera, ¡aunque estés en el súper, qué más da, bro! Y a ver, dime la verdad: ¿a que molaba más de lo que pensabas el chaval aquel de Hamburgo?
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¿Qué, tronco, te ha molao un rato currarte mi vida o te ha sabío a poco, sabes? Pues nada, colega, que ahí mismo en esta web te espera la Wedding March, una movida que sigue petándolo en las bodas, ¡flipa! Venga, ¡pincha ya en los enlaces de aquí abajo y date una vuelta por ella, máquina, que va a estar dabuten!
Wedding March
Wedding March in C major, Op. 61, No. 9