Rasgueo flamenco y embustero con Asturias (Leyenda) de Albéniz
Entre bastidores

Prélude in G minor from Chants d'Espagne, Op. 232, No. 1

Albéniz cuenta lo que hay entre bastidores de Asturias (Leyenda)
¡Ey, quillo, qué tal! Soy Albéniz, tío, y vengo a soltarte to' el salseo de cómo nació mi Asturias (Leyenda), ¡así de claro! Aquí te vas a enterar de por qué un temazo pa' piano con puro duende flamenco acabó llevando el nombre de una tierra del norte, una movida mazo de loca que merece to' tu tiempo. Por cierto, en esta página mis compis compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestros temas en cuanto suenan, así que  prueba el entrenamiento a tope , ¡venga, tronco!
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¡En Londres pasando frío y pensando en el sur, quillo!

¡Oye, tronco, para el carro y atiende! A principios de los años 1890 estaba yo apalancao en Londres currando a tope, o sea, más lejos del sol que na', y me dio por sacarme de la manga esta joya pa' piano solo que te deja patidifuso, ¿sabes? Por esa época me estaba pirando del rollo de dar giras como un virtuoso del teclado por to' los laos, en plan cansao de tanta maleta, pa' asentarme entre la capital inglesa y París a componer mis propios temazos como un señor. De hecho, al poco tiempo pillé un chollo de locos con Francis Money-Coutts, un ricachón y libretista inglés que me soltaba mazo de pasta como mecenas, ¡una triunfada brutal, colega! Así que ahí me tienes, entre la niebla londinense pero con el coco puesto en el sur, dándole a las teclas con un flow que ni de coña te esperas en pleno Reino Unido, ¡la leche!

¡Ni Asturias ni gaitas, que esto es un Prélude, bro!

¡Anda ya, chaval, no te dejes engañar por el cartelito! Cuando parí este pepino musical, ni se me pasó por la azotea llamarlo Asturias y mucho menos meterle la coletilla de Leyenda, ¡qué va, tío, eso fue un invento posterior que flipas! Yo lo bauticé simplemente como Prélude en sol menor pa' abrir por to' lo alto mi colección de tres movimientos llamada Chants d'Espagne, Op. 232, sin comerme el tarro con nombres de regiones ni movidas raras, ¿lo pillas? La idea era meter un arranque potente de apertura y punto, nada de hacerle un retrato musical a ninguna tierra norteña llena de gaitas, porque lo mío iba por un camino totalmente distinto, en plan puro fuego. Total, que si hoy to' la peña lo conoce por ese mote tan random es por una jugada a mis espaldas que te voy a soltar ahora mismo, ¡aguanta el hype, máquina!

¡Estreno VIP en París y a imprenta en Barcelona, socio!

¡Pilla este dato, fiera, que es canela en rama! El 28 de marzo de 1892 me marqué el estreno mundial de los tres movimientos de Chants d'Espagne en un concierto privao en París, en plan exclusivo pa' dejar al personal con la mandíbula en el suelo. Aquel sarao parisino salió dabuten, o sea, me puse yo mismo al piano y solté tal descarga de energía que los invitados se quedaron to' locos mirando cómo me volaban las manos, ¡brutal! Justo ese mismo año de 1892, la editorial de Juan Bautista Pujol & Cía. lo sacó calentito en Barcelona como el número 1 de mi Op. 232, bien clarito con su título de Prélude y sin historias raras. Ahí empezó a rular el tema en papel pa' que otros pianistas valientes intentaran hincarle el diente, aunque te juro que hacía falta echarle mazo de horas pa' no hacerse un esguince en los dedos, ¡joder!

¡El lío de la Suite española de 1886, colega!

¡A ver, ídolo, que aquí viene el culebrón del siglo! Resulta que años atrás, allá por 1886, yo había sacao mi famosa Suite española, Op. 47, pero dejé varios títulos apuntaos en la lista como simples promesas sin haber escrito ni una mísera nota, ¿sabes? Uno de esos huecos vacíos que se quedaron colgaos en el aire llevaba puesto el nombre de Asturias, porque a veces me daba mucha pereza rematar los encargos y me piraba a otra cosa mariposa, en plan disperso total. Mucha gente se raya hoy en día pensando que compuse esta pieza pa' aquella colección del 86, pero eso es una trola como una catedral, tronco, ¡ni de broma pasó así! Ese agujero en la partitura se quedó sin música durante un porrón de años, esperando a que alguien hiciera una chapuza histórica cuando yo ya no estuviera en este mundo pa' quejarme, ¡manda narices!

¡Hofmeister me la lía parda en 1911, tío!

¡Hostia, chaval, lo que te voy a contar ahora es de traca! Dos años después de que yo estirara la pata, en 1911, va el editor alemán Hofmeister y decide rellenar por toda la cara aquel hueco vacío de mi Suite española, Op. 47, ¿te lo puedes creer? El notas agarró mi Prélude de 1892, le plantó el apodo de Asturias con el subtítulo Leyenda porque le salió del alma, y lo enchufó como quinto movimiento de una edición ampliada a ocho partes, ¡qué morro tenía el gachó! Por culpa de ese corta y pega tan chungo, en el catálogo temático de Jacinto Torres mi obra tiene doble carnet de identidad: es el T. 101A dentro de Chants d'Espagne y el T. 61E en la Suite española, ¡un sindiós de papeles! Si levanto la cabeza en 1911 y veo que un alemán me bautiza un flamenco puro con el nombre de una tierra del norte, te prometo que me da un parraque del cringe, ¡de locos, bro!

¡Puro flamenco andaluz camuflao en un piano, illo!

¡Escucha, quillo, que mi biógrafo Walter Aaron Clark dio en el clavo a tope! El tío dejó bien claro que esta música es flamenco andaluz en estado puro, por mucho cartelito norteño que le encasquetaran después en los despachos. Aunque yo jamás en la vida escribí na' directamente pa' las seis cuerdas, diseñé la partitura de piano imitando a saco las técnicas de una guitarra flamenca, en plan trampantojo sonoro que te vuela la peluca, ¿sabes? Para empezar a tope en Allegro ma non troppo y en compás de 3/4, puse a los dedos a alternar a toda pastilla con el pulgar sobre una nota pedal fija, clavando el efecto de una cuerda al aire mientras suena un ritmo de bulería que quita el hipo. Y cuando el tema explota con unos acordes secos imitando el rasgueo percusivo de los tocaores del sur, aquello parece un tablao de Sevilla metido a presión dentro de un piano de cola, ¡una sacada de chorra flipante!

¡El frenazo central con sabor a malagueña, tronco!

¡Frena el carro, socio, que no todo es correr como un galgo! Mi pieza tiene una estructura ternaria ABA con su coda al final, así que justo en el medio pego un volantazo en Piu lento pa' cambiar totalmente de rollo. Ahí suelto una copla central súper expresiva, en plan casi hablado, que suena clavaíta a una malagueña o a una soleá de esas que te parten el alma por la mitad en mitad de la noche, ¡qué sentimiento, chaval! Es como si después de toda la tralla cañera del principio se hiciera el silencio en el patio y saliera un cantaor a soltar su verdad a pecho descubierto, dejándote la piel de gallina al instante. Pero no te me duermas en los laureles, crack, que enseguida vuelve a entrar el huracán del primer tema pa' rematar la faena con una coda de infarto que te deja pegao a la butaca, ¡brutal!

¡El robo del siglo por los guitarristas, máquina!

¡Manda huevos la que se lió luego con las seis cuerdas, colega! Aunque yo lo parí en sol menor pa' mis ochenta y ocho teclas, los guitarristas clásicos vieron el filón, lo pasaron a mi menor pa' que les cuadrara fetén en el mástil y se adueñaron del cotarro. Todavía hoy los estudiosos como Stanley Yates andan a la gresca sin saber fijo quién hizo el primerísimo arreglo pa' guitarra, o sea, nadie sabe al cien por cien si fue Francisco Tárrega o su contemporáneo Severino García Fortea el que abrió la veda. Lo que sí está clarinete es que luego llegó el gran Andrés Segovia, grabó y paseó su propia transcripción por to' el planeta, y convirtió mi pieza en el himno definitivo del repertorio de guitarra clásica, ¡la partió a base de bien! Al final la versión de guitarra lo petó muchísimo más a nivel internacional que mi original de piano, así que me robaron la criatura en toda la cara, ¡pero oye, suena tan guay que se lo perdono to'!

¡De The Doors a Iron Maiden dándole cera, fiera!

¡Agárrate los machos, bro, que mi música acabó hasta en el rock duro! Resulta que en 1968 llegaron los míticos The Doors, pillaron mi melodía con una guitarra acústica pa' abrir su temazo Spanish Caravan, y quedé como el rey absoluto de la psicodelia, ¿cómo te quedas? Por si fuera poco, en 1983 los jevis de Iron Maiden metieron citas de mi obra en su canción To Tame a Land, demostrando que mi rollo flamenco aguanta el metal más cañero sin despeinarse ni un pelo, ¡qué pasada! Es una locura pensar que un Prélude que escribí en los años 1890 iba a terminar sonando a todo volumen en estadios llenos de melenudos haciendo headbanging a saco, ¡flipante es quedarse corto, tío! Eso te demuestra que cuando compones algo con tanta rabia y tanto duende, el ritmo atraviesa los siglos y le vuela la cabeza hasta al rockero más pintao, ¡toma ya!

¡Estrella de cine en 2023 y a triunfar, crack!

¡Y no te creas que la fiesta se acabó en los ochenta, qué va, chaval! Hace na', en 2023, mi pieza se marcó un papelazo estelar en la banda sonora de la película Anatomy of a Fall, volviendo a poner a to' el mundo de los nervios en el cine. Sales de ver la peli con ese punteo taladrándote el cerebro en bucle, porque una vez que mi ritmo te entra por la oreja ya no te lo sacas ni con agua caliente, ¡es pegadizo a más no poder, tronco! Total, que entre editores piratas, guitarristas espabilaos, estrellas del rock y directores de cine, aquel humilde Prélude londinense ha dao más vueltas que una peonza, ¿no te parece una movida de locos? Así que la próxima vez que escuches ese arranque tan mítico, acuérdate de mí dándole caña al piano y no te dejes colar el cuento de las gaitas norteñas, ¡nos vemos, máquina!
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¡Ey, colega, dime tú a ver! ¿Te ha molao mazo pillar to' el rollo de cómo parí mi Asturias (Leyenda) o te has quedao to' pillao con la historia, tronco? Pues no te pires todavía, chaval, que aún queda tela de movidas brutales por bichear de este temazo mío, en plan secretos muy tochos que ni te hueles, ¿sabes? Así que dale caña sin cortarte ni un pelo a los enlaces de ahí abajo pa' seguir gozándolo con Asturias (Leyenda), o sea, ¡píchalos ya mismo, máquina, que está dabuten!