Valsazo mareao a tope con The Blue Danube de Johann Strauss II
Entre bastidores

The Blue Danube, Op. 314

Johann Strauss II cuenta lo que hay entre bastidores de The Blue Danube
¡Ey, peña, soy Johann Strauss II y aquí te suelto la historia que hay detrás de The Blue Danube, una movida que flipas! Vas a flipar mazo con cómo un estreno de coro que en 1867 solo petó a medias acabó siendo el vals que cierra el concierto de Año Nuevo en Viena, ¡de locos! Aquí mis colegas de la música y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, tronco, así que  písale al entrenamiento  y a ver si lo clavas.
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Rey de la pista con corbatín

¡Hostia, tronco, que yo no era un músico de taberna cualquiera, ni de coña! En 1863 me nombraron director de música de los bailes de la corte, o sea, el jefe supremo del meneo con levita, ¿tú te crees? Y en casa tampoco me iba mal la movida, que en 1862 me casé con la cantante Jetty Treffz y estuvimos juntos hasta 1878, una pareja de las buenas, quillo. Con ese currículum yo iba por Viena de flipao, como el dueño del parqué, pero tranqui, que la cosa se torció enseguida.

Un encargo de coristas

Pues nada, colega, en 1865 se me planta Johann Herbeck, el jefe del coro de la Asociación de Hombres Cantores de Viena, con un encargo bajo el brazo. Quería una obra coral pa' su peña, ¡a ver si me entiendes, tío! Yo dije que sí, claro, y luego me puse a no dar ni golpe, que lo de dejarlo pa' mañana ya molaba un huevo en aquella época. Pasaba el tiempo, el coro esperando y yo mirando el techo tipo «ya vendrá la inspi», ¡qué máquina, joder!

Perdimos la guerra y el ánimo a cero

¡Madre mía, y entonces llega 1866 y Austria pierde la guerra con Prusia, un palo de los gordos! Yo aún no había escrito ni una nota de lo del coro, o sea, cero patatero, en plan vago profesional. La gente andaba rayá, con la moral por los suelos, y yo pensé: pues les cuelo un vals que les levante el cuerpo, ¿no? Así que el encargo lo convertí en una canción de vals alegre, ¡jarana pa' to' quisqui, illo!

Letra de cachondeo pa' bajos y tenores

A ver, la primera versión era pa' un coro de carnaval, bajos y tenores, con una letra de coña sobre la guerra perdida, ¡reírse pa' no llorar, tronco! Las primeras palabras me las escribió Joseph Weyl, el poeta de la asociación, un crack con la pluma. Más tarde Franz von Gernerth le puso otra letra de las que suenan más oficiales, ¡pa' ponerse la mano en el pecho y to'! Y a él le atribuyen también otro texto, «Donau so blau», así que el vals acabó con más letras que un abecedario en rebajas, ¡de locos!

El estreno que no la petó

¡Venga, el gran día, 15 de febrero de 1867, en el Diana Baths de Viena, un concierto de los hombres cantores! Dirigía Rudolf Weinwurm, que se lo curró mazo, y yo ahí con los nervios a tope, flipando en colores. Pues el éxito fue flojillo, colega: un solo bis, y al coro y al público no les molaron las palabras, ¡menudo corte de rollo! Un bis nada más, ¡hasta mi sombrero se quedó con ganas de más, quillo!

Mi única espinita

Cuentan por ahí que yo dije que lo único que me escocía era la coda, que ojalá hubiera triunfao, ¡qué rabia, hostia! O sea, de todo el invento, la colita del final era lo que me tenía pillao, tronco. Y ojo, que el título no va del color del agua, que el Danubio no es azul ni de broma, sale de un poema y punto, ¿vale? Vamos, que bautizar un vals con un río que no es azul fue la jugada más cara dura de mi vida, ¡anda ya!

París me abrió las puertas

¡Guay lo que vino después, tío! Hice una versión solo pa' orquesta pa' la Exposición Universal de París de 1867, y ahí sí que la liamos parda de éxito, ¡brutal! Sin voces ni letras de guerra, solo música, con su arpa, su triángulo y su bombo, y la peña en plan loca perdía. Esa es la que se toca casi siempre hoy, mientras la coral se quedó criando polvo en la estantería, ¡cosas de la vida, illo!

La vuelta al mundo sin maleta

¡Mazo de viajes se pegó mi vals ese año, flipa! La versión instrumental llegó a Nueva York el 1 de julio de 1867, sin pasaporte, sin jet lag y sin pagar el billete, ¡qué jeta tiene! Y la coral aterrizó en Londres el 21 de septiembre de 1867, en los conciertos de Covent Garden, tronco, ¡a los ingleses con el vals de las narices! Total, que en unos meses mi cancioncilla de coro pasó de ser un chasco a tour mundial, ¡de locos, colega!

Cien planchas de cobre y un abanico

Pillad esto, peña: el editor tuvo que hacer 100 planchas de cobre nuevas pa' imprimir más de un millón de copias pa' piano, ¡una pasta gansa! Un millón, tío, ¡la imprenta echaba humo y yo en plan «vale, vale, tranqui»! Y el mismísimo Brahms me escribió los primeros compases en el abanico de Alice von Meyszner-Strauss, mi hijastra, ¡qué crack! Con una nota que venía a decir «por desgracia, no es de Johannes Brahms», ¡menudo troll de la época, colega!

Hoy me tocan hasta en el espacio

¡Ahora es el segundo himno de Austria, pero no oficial, ojo, que nadie se me líe, quillo! Cierra el concierto de Año Nuevo de Viena, siempre, o sea, que si no suena, la peña se monta una movida. Stanley Kubrick lo metió en 2001: A Space Odyssey, en el acoplamiento de la nave y el aterrizaje lunar, ¡vals entre las estrellas, hostia! Y dura unos diez minutos, un vals de nada, tronco, y mira la que armó, ¡qué barbaridad, venga ya!
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¡Buah, chaval, qué viajazo se pegó mi vals, de cancioncilla de coro con mala uva sobre una guerra perdida a ser el rollo que medio planeta baila hoy! Y yo, flipao, mirándolo to' desde el atril como un crack con levita, ¿tú te crees? ¿Qué, te ha molao la historieta de The Blue Danube o te has quedao frito en la segunda página, colega? Porque ojo, que aún queda tela marinera: lo del abanico donde Brahms apuntó que, por desgracia, aquello no era suyo, ¡una movida random total! Y el concierto de Año Nuevo en Viena, que lo cierra mi vals y hay mazo de peña esperándolo pa' liarla, tío. Hasta Kubrick lo metió en 2001: A Space Odyssey, con naves aparcando en plan bailongo, ¡de locos! Y eso de que soy el segundo himno de Austria, anda ya: es un himno no oficial, que no te la cuelen, quillo. Así que dale caña a los enlaces que tienes por aquí, bro, y pírate un rato pa' seguir petándolo con mi vals, ¡venga, que no muerde!