Un río nada azul con The Blue Danube de Johann Strauss II
Entre bastidores
The Blue Danube, Op. 314

Te habla Johann Strauss II, y me alegra contarte la historia que hay detrás de The Blue Danube. Vas a descubrir cómo un encargo para un coro de hombres, con una letra burlona sobre una guerra perdida, acabó convertido en el vals que hoy conoce medio mundo. Si te apetece, pásate por el entrenamiento de esta web, donde mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas nada más oírlas.
---
Un encargo con buena letra
Todo empezó en 1865, cuando Johann Herbeck, director del coro de la Asociación Coral de Hombres de Viena, me pidió una obra para sus cantantes. Yo le dije que sí con esa alegría de quien acepta algo para un futuro muy lejano. Me pareció un trabajo agradable y sin prisa, y lo dejé reposar sobre la mesa. Si alguna vez has dejado un trabajo para el último momento, ya sabes cómo sigue esta historia.Un señor que vivía entre valses
Yo no era un recién llegado, porque desde 1863 dirigía la música de los bailes de la corte. En casa tampoco me faltaba compañía, pues desde 1862 estaba casado con la cantante Jetty Treffz, y seguimos juntos hasta su muerte en 1878. Entre salones, bailarines y una esposa que sabía de canto, una pieza para coro no me asustaba nada. Lo que yo no sabía es que el compás que más falta iba a hacer no estaba en mi mesa, sino en la política.Cuando la guerra se mete en la partitura
En 1866 Austria perdió la guerra contra Prusia, y yo todavía no había empezado la obra del coro. Viena se quedó con el ánimo por los suelos, y nadie tenía muchas ganas de cantar ni de bailar. Yo miré aquel encargo sin estrenar y pensé que la ciudad necesitaba otra cosa que un lamento. Así que decidí que, si hacía falta consuelo, lo mejor era escribirlo en tres tiempos.Un río que no es azul
El nombre viene de un poema de Karl Isidor Beck, cuyo estribillo me gustó tanto que acabó dando título al vals. Lo curioso es que ese poema no habla de Viena, sino de Baja, la ciudad húngara donde nació el poeta. Y para que no te lleves una decepción en tu primer viaje, te aviso de que el Danubio no suele ser azul. Es un caso claro de título que suena mejor de lo que se ve, y a mí me parece perfecto así.Letra con segundas intenciones
Mi primera versión no era para orquesta, sino una canción para un coro de carnaval de voces graves y de tenores. La letra la escribió Joseph Weyl, el poeta de la asociación, y se reía con cierta guasa de la guerra perdida. A los cantantes aquello no les hizo ninguna gracia, y al público tampoco. Más adelante Franz von Gernerth escribió otros versos de tono más oficial, pero la música siempre fue más fuerte que las palabras.Un estreno sin fuegos artificiales
El coro la estrenó el 15 de febrero de 1867 en el Dianabadsaal de Viena, bajo la batuta de Rudolf Weinwurm. El público la recibió con cariño moderado: se pidió un solo bis y la letra no gustó ni a los cantantes ni a los oyentes. Se cuenta que yo lamenté únicamente la coda, que habría querido ver triunfar. No era el comienzo de una leyenda, pero una melodía buena suele saber esperar su momento.El vals se pone un traje de orquesta
Aquel mismo año preparé una versión solo orquestal para la Exposición Universal de París, y allí sí que cambió todo. Esta es la que hoy se toca casi siempre, con su segunda flauta que a veces se cambia por un piccolo, su arpa y sus cuerdas. Sin palabras de por medio, la música ya no tenía que disculparse por nada y podía hablar sola. Fue como quitarle un abrigo incómodo a alguien que siempre había sabido bailar.La vuelta al mundo en tres tiempos
El éxito cruzó fronteras con una rapidez notable para aquella época. La versión instrumental llegó a Nueva York el 1 de julio de 1867. La versión coral sonó en Londres el 21 de septiembre de ese mismo año, en los conciertos de promenade de Covent Garden. En pocos meses, un vals que había arrancado con aplausos tibios ya se escuchaba a ambos lados del Atlántico.Tantas copias que hubo que fabricar planchas
También hubo una edición para piano, publicada en Viena en 1867 por C. A. Spina, según consta en algunos registros. La demanda fue tan grande que el editor tuvo que hacer cien planchas de cobre nuevas para imprimir más partituras. Se habla de más de un millón de ejemplares para piano, lo que significa muchísimos salones llenos de gente tropezando con la misma melodía. Yo, que escribía para bailar, me alegré de ver que también se podía disfrutar sentado en el sofá de casa.De mi sala de baile a las estrellas
Hoy, en Austria, mucha gente llama a mi vals el segundo himno no oficial, aunque el himno de verdad es otro. En Viena es costumbre cerrar con él el concierto de Año Nuevo, y por eso el comienzo del año suena a Danubio. Más tarde, el director Stanley Kubrick lo eligió para las escenas de naves que se acoplan y aterrizan en la Luna en 2001: A Space Odyssey. Todo eso en unos diez minutos de música que nació de un encargo olvidado y una guerra perdida.---
Cuando miro atrás, me hace gracia pensar que todo empezó con una canción para coro que no gustó demasiado. Yo solo quería cumplir con un encargo, y nunca imaginé que aquella melodía acabaría saliendo de los salones de Viena para dar la vuelta al mundo. Hoy se la llama el segundo himno no oficial de Austria, y cada año cierra el concierto de Año Nuevo en Viena. A mí me sigue emocionando que una música pensada para animar a una ciudad desanimada haya seguido alegrando a tanta gente. ¿Te ha gustado conocer la historia que hay detrás de The Blue Danube? Aún quedan muchas cosas por descubrir de esta obra, desde el modo en que están hechos sus valses hasta los lugares donde hoy la escuchas. Si te apetece seguir explorando, haz clic en los enlaces que encontrarás en esta página. Ojalá la próxima vez que suene The Blue Danube la escuches con otros oídos.
