Un río nada azul con The Blue Danube de Johann Strauss II
La guía de escucha

The Blue Danube, Op. 314

Johann Strauss II presenta una guía de escucha de The Blue Danube
Me llamo Johann Strauss II y te recibo con mucho gusto en la guía de escucha de The Blue Danube. Te llevaré por la introducción, los cinco valses encadenados y la coda final, para que sepas en cada momento dónde estás dentro de esta pieza de unos diez minutos. Cuando termines,  ponte a prueba en el entrenamiento : mis colegas y yo te enseñamos en esta web a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan.
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Cuenta hasta tres y ya has empezado

Para escuchar The Blue Danube no necesitas saber nada de música, solo contar hasta tres: uno, dos, tres, uno, dos, tres, y el primer tiempo siempre pisa un poco más fuerte. Fíjate en que las cuerdas llevan casi siempre la melodía, mientras las trompas, las flautas y los oboes la rodean de color por detrás. Al fondo, el arpa y el triángulo dejan caer unos destellos pequeños que, si estás atento, te harán sonreír. No temas perderte, porque la pieza dura unos diez minutos y sus melodías vuelven tantas veces que acabarás tarareándolas sin querer.

Un río que solo es azul en los versos

El título nace de un poema sobre el Danubio de Karl Isidor Beck, y fue su estribillo el que me dio el nombre del vals. Lo curioso es que ese poema transcurre en Baja, la ciudad húngara de Beck, y no en Viena, como mucha gente supone. Te confieso además que el Danubio no suele ser azul, así que ese color pertenece a la poesía y no al paisaje, y a mí me pareció un regalo para un país que acababa de perder una guerra en 1866.

Una cadena de valses

Esta pieza no es una sola melodía larga, sino una cadena de valses. Todo arranca con una introducción amplia, sigue una serie de cinco valses con sus melodías A y B, y el conjunto se cierra con una coda y una codetta final. Entre un vals y otro puse unas entradas breves, las intradas, que funcionan como el pasillo que une dos salas de baile. Te las contaré una por una en los próximos párrafos, así que ve calentando el oído.

Sección 1: La introducción, o cómo hacerse el interesante

Empiezo en la mayor, con un arranque suave y pausado en el que casi nadie diría que va a haber baile. Aquí el tiempo corre más despacio que en el vals, las cuerdas hablan a media voz y las trompas asoman con algo parecido a una llamada lejana. Poco a poco el ambiente se anima y la música gana luz, como una sala que se va llenando de gente. Es una espera larga a propósito, para que cuando llegue el baile lo recibas con ganas.

Sección 2: El primer vals, donde por fin se baila

De pronto la música pasa a re mayor y llega el primer vals, con ese vaivén de tres tiempos que ya no te vas a quitar de la cabeza. El ánimo cambia de golpe, porque de la calma de la introducción saltamos a una melodía abierta que se mece y sube con total naturalidad. Es la parte que muchos tararean sin saber de dónde viene, y por eso quise ponerla pronto. Fíjate en cómo el acompañamiento marca el uno-dos-tres con firmeza, como un metrónomo vestido de gala.

Sección 3: Los valses del medio, de visita por muchas casas

Después del primer vals la música viaja: pasa por si bemol mayor, sol mayor, fa mayor y acaba regresando a la mayor. En medio asoma sol menor, y esa nube pasajera da un tono más sombrío a un baile que nunca deja de ser alegre. También hay una cadencia en fa sostenido menor, un giro discreto que casi nadie nota pero que añade un matiz de melancolía. Las intradas te van avisando de cada cambio de color, y así el viaje parece un único paseo y no cinco canciones distintas.

Sección 4: La coda, que merecía más aplausos

Al final llegan la coda y una pequeña codetta, donde recupero melodías que ya conoces, como quien repasa las fotos de un buen día. La música se va encendiendo y después se serena, hasta cerrar con un gesto de despedida. Se cuenta que de toda la obra solo lamenté la coda, porque deseaba que hubiera triunfado más. Hoy la versión orquestal es la que más se interpreta, y en Viena es la costumbre que ponga el broche al concierto de Año Nuevo.

Ahora te toca a ti

Te invito a que vivas The Blue Danube por tu cuenta, sin prisa y con los auriculares bien puestos. Pulsa el botón de reproducción y deja que la música te lleve, igual que la corriente lleva una barca. Mientras suena, acuérdate de lo que hemos hablado: el uno-dos-tres, las cuerdas, los cambios de tonalidad y esa coda con tanto carácter. Ojalá este viaje por mi vals te emocione tanto como me emocionó a mí componerlo.
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Cuando suenan los últimos compases de The Blue Danube, a mí me gusta pensar que el vals se queda un rato flotando en la sala, aunque ya no haya nadie bailando. Hoy esta música cierra, por tradición, el concierto de Año Nuevo de Viena, y a mí me alegra que siga despidiendo los años con tanta ligereza. Mucha gente la llama el segundo himno no oficial de Austria, y yo me quedo con la idea de que cada uno la hace un poco suya. ¿Te ha gustado recorrer conmigo esta guía de escucha de The Blue Danube? Todavía le quedan muchos rincones por descubrir, porque una pieza así nunca se acaba de escuchar del todo. Si te apetece seguir explorando, pulsa en los enlaces que encontrarás en esta página y deja que el vals te lleve un poco más lejos.