Johann Strauss I
Compositor

1804 – 1849

Retrato de Johann Strauss I
¡Qué pasa, tronco, soy Johann Strauss I, el máquina de Viena, en plan leyenda total, ¿sabes?! Pilla sitio, chaval, que te voy a soltar to' el rollo de mi vida, una movida mazo de locos de principio a fin. Además, mis otros compañeros compositores y yo te enseñamos aquí a reconocer mis temazos al vuelo, ¡así que venga,  dale caña al entrenamiento , bro!
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¡De crío chungo en el garito a rascar cuerdas!

¡Qué pasa, tronco, agárrate los machos que te suelto mi movida desde que salí del cascarón en 1804 ahí en Leopoldstadt, en Viena, en la taberna de mi viejo, en plan entre jarras y jaleo to' el santo día, ¿sabes?! La cosa se puso mazo fea prontito, chaval, porque mi madre palmó en 1811 y luego en 1816 mi padre apareció ahogao en el Danubio, un bajón brutal del que ni Dios sabe hoy si fue un resbalón tonto o si el hombre se quitó de en medio por su cuenta. Total, que mi tutor me enchufó en 1817 a currar de aprendiz con un encuadernador, ¡un muermo de flipar pegando papelotes!, aunque por ahí rulaba el bulo random de que me piré a sobar a un monte y me encontró el músico Michael Pamer tirao en la hierba. Cuentos chinos aparte, colega, la verdad es que pillé clases de violín con Johann Polischansky y luego estudié teoría a saco con Ignaz von Seyfried, así que de músico callejero sin estudios na' de na', ¡que iba preparao hasta los dientes, bro!

¡Mandando a freír espárragos al jefe y petándolo!

Ojo al dato, quillo, que primero le di a la viola con Pamer y en 1819 me metí en el cuarteto de mi compadre Joseph Lanner, una banda que creció tan a lo bestia que en 1824 ya estaba yo de segundo al mando partiendo la pana. Pero a ver, tío, yo tenía un hype por las nubes y en 1825, el mismo año en que me casé con Maria Anna Streim, le dije a Lanner que ahí se quedaba y monté mi propia orquesta pa' llevarme yo to' el pastel, ¡de locos! Al año siguiente, en 1826, me saqué de la manga el Täuberln-Walzer, mi primer pelotazo gordo, y cuando salió publicao en 1827 la peña enloqueció en plan fan total, ¿me sigues el rollo? Y el remate vino en 1829, máquina, cuando me ficharon de jefazo musical en la sala Sperl de mi barrio, donde armábamos unos saraos tan guapos que mi nombre ya estaba en boca de to' cristo.

¡El rey del mambo en la corte y de gira a tope!

Venga ya, fiera, imagínate el nivelazo en Viena cuando hacia 1834 metí a la parienta y a la prole en un pisazo to' tocho en la Hirschenhaus, porque es que me salía la pasta por las orejas de tanto hacer bailar al personal. Encima no me quedé apalancao en casa, ¡ni de coña!, que cogí a mis músicos y nos dimos unos garbeos triunfales por Alemania, Francia y Gran Bretaña, tocando incluso en Londres en 1838 pa' la coronación de la reina Victoria, ¡chúpate esa! Hasta los cocos más serios del gremio, tipo Hector Berlioz y Richard Wagner, se quedaban embobaos viendo cómo manejaba el cotarro con el arco en la mano, sin dar ni gota de cringe, pura crema. Tanto lo rompí en la capital que en 1846 el mismísimo emperador Ferdinand I me nombró director de la música de los bailes de la corte imperial, un cargazo dabuten pa' fardar delante de cualquiera, ¿o no?

¡Temazos a cascoporro pa' quemar la suela!

Mira qué locura, socio: me casqué más de doscientas cincuenta obras entre polkas, galops y ciento cincuenta y dos valses, como el Loreley-Rhein-Klänge de 1843, pa' que nadie se quedara sentao comiéndose los mocos en la pista. Si te das una vuelta por esta web vas a pillar mi joya más mítica, la Radetzky March, que la estrené en 1848 pa' homenajear al mariscal Joseph Radetzky von Radetz y tiene un ritmo tan pegadizo que te entran ganas de dar palmas a la primera, literal. También metía una caña tremenda con piezas como el Seufzer-Galopp de 1828 o el Cachucha-Galopp de 1837, que eran pura dinamita pa' dejar a los bailarines echaos polvo y sudando la gota gorda. Eso sí, te lo aclaro ya pa' que no te columpies, chaval: el famoso Danubio Azul no es mío ni a mí me pusieron lo de Rey del Vals, que ese cartelito se lo llevó luego mi hijo mayor, ¡no me líes la troca!

¡Líos de faldas y bronca gorda con mis chavales!

Uf, aguanta el chaparrón, illó, que en mi casa hubo un culebrón de campeonato: con mi mujer Maria Anna tuve seis churumbeles que salieron p'alante, pero me pillé hasta las trancas de la sombrerera Emilie Trampusch y con ella tuve otros ocho, ¡catorce criaturas en total, qué barbaridad! Claro, con semejante percal montao en dos bandas a la vez, mi esposa acabó hasta el gorro de mis idas y venidas y en 1844 me plantó los papeles del divorcio legal en to' el careto, normal que se rayara. Por si fuera poco el follón familiar, colega, yo me negaba en redondo a que mis vástagos se metieran a músicos, porque sabía lo perra que es la noche y no quería verlos pringando en este negocio. ¿Y qué hizo mi primogénito Johann Strauss II pa' tocarme las narices? Pues debutó en 1844 con su propia banda en el casino de Dommayer en Hietzing y me montó una guerra de orquestas en plena calle que echaba chispas, ¡menudo disgusto, joder!

¡Un final a toda mecha y al hoyo antes de tiempo!

Escúchame bien, compadre, que mis últimos años fueron un no parar de batallas en los salones mientras mi chaval me hacía la competencia directa y yo seguía viviendo a mi bola con Emilie en la calle Kumpfgasse. Con el tute que llevaba encima entre giras, bailes imperiales y dos familias gigantescas, el cuerpo me iba pidiendo tierra a gritos, pero yo seguía dándole al violín como un poseso sin echar el freno jamás. La mala pata me cazó de golpe en 1849, tronco, cuando pillé una escarlatina chunga que me dejó tirao en la cama sin poder levantar cabeza ni pa' saludar. Así que el 25 de septiembre de ese mismo 1849, con solo cuarenta y cinco tacos en el pellejo, doblé la servilleta allí mismo en Viena, dejando a to' el mundo con el culo torcido, ¿sabes?

¡El patriarca de la dinastía que sigue mandando!

Toma nota de lo que pasó después, titán, que aunque yo no quería ver a mis críos cerca de un pentagrama, al final tanto Johann Strauss II como Josef Strauss y Eduard Strauss salieron compositores de primera y montaron un imperio musical con mi apellido. De entrada me enterraron en el cementerio de Döbling pegadito a mi viejo socio y rival Joseph Lanner, como en los viejos tiempos cuando éramos unos pipiolos dándolo to' en las tabernas. Luego, en 1904, nos mudaron a los dos a unas tumbas de honor to' flamas en el Cementerio Central de Viena, pa' que la peña pudiera venir a rendirnos respeto como se merece. Al final me quedé pa' siempre en la historia como el pionero que puso el vals vienés en el mapa y el patriarca de toda la saga Strauss, ¡casi na' lo del ojo, hermano!

¡Dale caña al volumen y a mover el esqueleto!

Bueno, fenómeno, ahora que ya te sabes mi película entera sin cortes ni censura, ¿a qué estás esperando pa' darle al play y dejarte llevar por el flow que le metí a cada compás? Yo no escribía música pa' que te quedes ahí tieso como un palo poniendo cara de intelectual aburrido, ¡qué va!, lo mío es fuego puro pa' que te entren cosquillas en los pies desde el minuto uno. Así que enchúfate ahora mismo mi marcha aquí en la página, suéltate la melena y prepárate pa' flipar en colores con el marcha-mambo que nos gastábamos en el siglo diecinueve. ¡Venga, dale cera a esas orejas, pásatelo de miedo con el ritmo y nos vemos en la pista de baile, crack!
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¡Bua, chaval, a ver, qué movida to' este viaje por mi vida, ¿eh, tronco?, dime tú si no te has quedao flipao y te ha molao mazo conocer to' mi rollo! O sea, si te has quedao con el hype por las nubes, colega, que sepas que en esta web tienes pa' bichear mis propios temazos, en plan la Radetzky March, ¡que es una locura muy tocha, bro! Así que nada, illo, no te rayes ni media, dale caña y pincha ya mismo en los enlaces de aquí abajo pa' gozártelo de locos, ¿vale?
Radetzky March
Radetzky March, Op. 228