Robert Schumann
Compositor

1810 – 1856

Retrato de Schumann
¡Qué pasa, chaval, aquí Robert Schumann al aparato, el propio Schumann en persona, con to' el flow y flipao de tenerte por aquí, tronco! O sea, prepárate porque te voy a soltar la movida entera de mi vida, sin cortarme ni un pelo, ¡brutal de principio a fin, tío! Además, en esta web mis otros compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer mis temazos al vuelo cuando suenan, así que venga, ¡ dale caña al entrenamiento !
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¡De Zwickau a chupar leyes que daban mazo de grima!

¡Qué pasa, chaval, agárrate que vengo a tope de flow desde 1810, cuando salí al mundo en Zwickau siendo el quinto y más peque de mi casa, sabes? Mi viejo August curraba con libros y novelas a cholón mientras yo pillaba mis primeras clases de música allí mismo con Johann Gottfried Kuntzsch, en plan niño prodigio total, ¡de locos! Pero luego en 1828 me empaquetaron pa' la uni de Leipzig y en 1829 pa' Heidelberg a empollar Derecho, tío, ¡qué bajona más chunga tragarme esos tochos infumables! Así que en 1830 mandé los juzgaos a tomar viento y me piré de vuelta a Leipzig con el maestro Friedrich Wieck pa' ser un máquina del piano, ¡anda ya con las leyes, bro!

¡Mano escacharrá y a petarlo con la pluma!

O sea, estaba yo to' engorilao dándole a las teclas al principio de los años 1830 y, ¡zasca, tronco!, se me queda la mano derecha hecha polvo y adiós al sueño de ser concertista, ¡qué movida! A ver, la peña todavía se raya hoy en día sin saber fijo si fue por un cacharro mecánico pa' estirar los dedos, distonía o movidas de mercurio, porque nadie lo tiene claro, ¿sabes? Lejos de quedarme tirao llorando, me puse a estudiar teoría con Heinrich Dorn y en 1834 monté en Leipzig la revista Neue Zeitschrift für Musik pa' rajar de música a saco, ¡brutal! Me tiré diez años de jefazo escribiendo críticas bajo los motes inventaos de Florestan y Eusebius mientras mis propios temas de piano empezaban a molar mazo entre la basca, ¡ja, flipa!

¡Juicios con el suegro y mudanzas a cascoporro!

Pues nada, en Leipzig me pillé un cuelgue monumental por la hija de mi profe, la crack de Clara Wieck, pero el carca de su padre no soltaba prenda ni de coña, colega. Tuvimos que liarla parda en los tribunales hasta que por fin nos casamos en septiembre de 1840, ¡toma ya, triunfada máxima!, y acabamos teniendo ocho churumbeles na' menos. Estuve currando en Leipzig hasta 1844, dando clases un ratillo en el conservatorio de mi pana Felix Mendelssohn, antes de hacer las maletas con to'a la tropa rumbo a Dresde. Luego en 1850 trinqué mi único puesto fijo oficial como director musical en Düsseldorf hasta 1853, aunque aquello acabó fatal con mal rollo en la orquesta y mi salud yéndose al garete, quillo.

¡Temazos de piano, canciones a fuego y el Träumerei!

Hasta 1840 solo le daba al teclado, sacando joyas guapas como Carnaval o mis Kinderszenen de 1838, donde viene el famoso Träumerei que tienes clavao aquí mismo en esta web, ¡canela en rama, illo! Si te pones el Träumerei en el entrenamiento de este sitio vas a quedarte to' volao, porque suena tan suave y soñador que te deja el coco flotando en las nubes, literal. Pero ojo, que en 1840 me dio el venazo vocal en mi año de la canción con ciclos como Dichterliebe, y desde 1841 me lancé a lo grande con cuatro sinfonías, ópera y cámara, ¡venga ya! Mi Piano Concerto in A minor de 1845 o la Spring Symphony lo petaron fuerte, aunque a veces en las giras yo parecía un pringao invisible al lao del hype brutal que levantaba mi Clara al tocar, ¿sabes?

¡Un coco to' rayao que no paraba quieto!

No te voy a vender la moto, hermano: desde chaval tenía la azotea regular, con unos bajones depresivos y unos ataques de ansiedad que daban mazo de yuyu, en serio. Para colmo del cringe mental, a veces escuchaba alucinaciones sonoras dentro del tarro que me dejaban frito, como si tuviera una radio fantasma dando la matraca to' el día, ¡qué agobio! Mucha gente soltó luego el bulo chungo de que mis obras de los años 1850 eran un desfase sin sentido por mi locura, pero ¡qué va, eso es mentira podrida y hoy se sabe que valen un potosí! Y por cierto, tampoco te creas a los que me llaman Alexander de segundo nombre, que eso fue un patinazo random de los biógrafos al liarse con mis motes literarios, ¡menuda empanada llevaban, tío!

¡El chapuzón en el Rin y el final del viaje!

La cosa se puso negrísima en febrero de 1854, tronco, cuando el percal de mi cabeza me superó tanto que me tiré al río Rin intentando quitarme de en medio, ¡vaya drama más heavy! Después de ese susto tan gordo, decidí encerrarme yo solito en el psiquiátrico privado del doctor Franz Richarz en Endenich, cerquita de Bonn, pa' ver si me arreglaban los cables. Allí me pasé dos años y medio bastante aisladete y hecho papilla hasta que palmé el 29 de julio de 1856 con solo 46 tacos, ¡una faena de las gordas irse tan pronto, bro! Todavía hoy los médicos se pegan de tortas discutiendo de qué morí exactamente, que si neurosífilis, trastorno bipolar, envenenamiento por mercurio o un tumor cerebral, ¡un misterio sin resolver, colega!

¡El jefe del Romanticismo y padrino de leyendas!

Aunque me fui al otro barrio antes de tiempo, dejé el pabellón del Romanticismo alemán por las nubes, siendo un referente tocho tanto en el piano como en las canciones, ¿me sigues? En mi revista tuve un ojo clínico dabuten pa' fichar talento nuevo, dándole un bombo increíble en prensa a cracks como Frédéric Chopin y a un jovencito Johannes Brahms, ¡casi na'! Además, cuando yo ya no estaba, mi campeona Clara Schumann se echó mi música a la espalda, editando mis partituras y tocándolas por to' el planeta pa' que nadie se olvidara de mí, ¡qué reina! Gracias a ese currazo suyo y a mis movidas escritas, mi nombre se quedó grabao a fuego en la historia musical como un auténtico titán de mi época, ¡pa' que veas qué nivelazo, chaval!

¡Conecta los cascos y déjate llevar por la magia!

Lo que yo busco cuando escuchas mis temas es zarandearte el corazón a base de bien, pasándote de la caña más loca a la calma más tierna en cero coma, ¡zas! Olvídate de las pelis raras de que la música clásica es pa' señoros aburridos con peluca, porque yo metí ahí toda mi pasión, mis rayadas y mi fuego real pa' gente como tú, tío. Quiero que al darle al play sientas ese pellizco en el pecho que te hace desconectar de la rutina chunga y te lleva a soñar despierto un buen rato, ¿sabes lo que te digo? Así que dale caña sin miedo, abre bien las orejas y deja que mis notas te vuelen la peluca ahora mismo, ¡nos vemos en las ondas, máquina!
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¡Bua, chaval, a ver, dime la verdad! ¿Te ha molao mazo pillar to' el rollo de mi vida, en plan mi movida entera de cabo a rabo, o te has quedao flipao? Pues nada, tronco, que si te has quedao con ganas de más flow del bueno, aquí mismo en la web puedes bichear lo que me curré, o sea, un temazo mío que es la leche: Träumerei, ¡brutal! ¡Venga, illo, no te me rayes ni un segundo y dale caña ahí abajo a los enlaces pa' gozártelo de locos, que está dabuten!
Träumerei
Kinderszenen, Op. 15, No. 7