Robert Schumann
Compositor

1810 – 1856

Retrato de Schumann
Hola, me llamo Robert Schumann, aunque por aquí todo el mundo me conoce simplemente como Schumann. Hoy quiero sentarme contigo un rato para contarte la historia de mi vida. Además, en esta página mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer mis obras cuando las escuches, así que anímate a  probar el entrenamiento .
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Entre libros y leyes aburridas

Nací en Zwickau en 1810, rodeado de los libros que vendía y publicaba mi padre, August Schumann. De niño recibí mis primeras clases de música allí mismo con Johann Gottfried Kuntzsch, aunque al principio parecía que mi futuro iba por otro camino. En 1828 me matriculé en la universidad en Leipzig y un año después en la de Heidelberg para estudiar Derecho, una carrera que me interesaba tan poco como un libro con las páginas en blanco. Por suerte, en 1830 dejé las leyes de lado para volver a Leipzig e intentar convertirme en un gran pianista con mi maestro Friedrich Wieck.

Cuando mis dedos dijeron basta

Mi sueño de dar conciertos se truncó a principios de los años treinta por una lesión en la mano derecha que me impidió seguir tocando como solista. Nadie sabe con certeza si aquella debilidad fue culpa de un aparato mecánico que usé para fortalecer los dedos, de una dolencia nerviosa o de un tratamiento con mercurio. Como ya no podía brillar en el escenario, decidí volcar toda mi energía en componer mis propias obras y en escribir sobre música. Así fue como en 1834 fundé junto a otros compañeros en Leipzig la revista Neue Zeitschrift für Musik, desde donde defendí durante diez años la música en la que creía.

De mudanza en mudanza

Viví y trabajé en Leipzig hasta 1844, una etapa en la que incluso di clases por poco tiempo en el conservatorio que había fundado Felix Mendelssohn. A finales de ese mismo año me mudé con mi familia a Dresde buscando un cambio de aires. Más adelante, en 1850, acepté mi único puesto fijo como director musical municipal en Düsseldorf. Llevar la batuta allí no fue nada fácil, y en 1853 terminé dejando el cargo entre mi salud delicada y los roces constantes con la orquesta.

Del piano a las grandes melodías

Hasta 1840 escribí únicamente para el piano, creando obras como Carnaval o Kinderszenen, de donde sale la tierna pieza Träumerei que puedes escuchar aquí en el sitio. En ese año de 1840 me dio por poner música a poemas y compuse ciclos de canciones como Dichterliebe, como quien descubre de repente un rincón nuevo en su propia casa. A partir de 1841 me animé con formatos más grandes y escribí cuatro sinfonías, entre ellas la Spring Symphony y la Rhenish Symphony. De esa época también son mi Piano Quintet in E-flat major y mi único concierto para piano, el Piano Concerto in A minor de 1845.

Juicios de amor y amigos imaginarios

En mi revista musical tenía la costumbre de firmar mis críticas usando dos personajes inventados por mí: Florestan, que era puro fuego, y Eusebius, el lado soñador. Pero mi mayor batalla fuera del papel fue casarme con la extraordinaria pianista y compositora Clara Wieck, porque su padre, mi antiguo profesor Friedrich Wieck, se oponía con todas sus fuerzas. Tuvimos que ir a los tribunales para pedir permiso, hasta que por fin logramos casarnos en septiembre de 1840 y formamos una familia numerosa con ocho hijos. Cuando salíamos de gira juntos, la fama de Clara al piano era tan enorme que yo solía quedar en un discreto segundo plano, como el acompañante de una verdadera estrella.

Un final cuesta arriba

Durante toda mi vida adulta sufrí episodios de profunda tristeza, mucha ansiedad y alucinaciones auditivas que me agotaban por dentro. Aquella angustia llegó a su límite en febrero de 1854, cuando en un momento de desesperación intenté quitarme la vida arrojándome al Rin. Después de aquello, pedí ingresar por mi propia voluntad en el sanatorio privado del doctor Franz Richarz en Endenich, muy cerca de Bonn. Allí pasé mis últimos dos años y medio hasta que morí en julio de 1856 a los cuarenta y seis años, sin que hoy se sepa con seguridad qué enfermedad exacta causó mi final.

Buenas amistades y manos fieles

En mis artículos de crítica tuve el orgullo de apoyar e impulsar el talento de compositores como Frédéric Chopin y un joven Johannes Brahms. Se me recuerda como una figura central del Romanticismo alemán, sobre todo por lo que aporté a la música para piano y para voz. Durante mucho tiempo tras mi muerte se dijo que mis obras de los años cincuenta eran fruto del deterioro mental, pero hoy se sabe que eso no es cierto. Además, tuve la inmensa fortuna de que mi esposa Clara editó y dio a conocer mi música por todo el mundo cuando yo ya no estaba.

Una charla sin prisas al piano

Con mi música nunca busqué abrumar a nadie, sino compartir tanto mis impulsos más vivos como mis ratos de calma. Cuando escuches una pieza pequeña como Träumerei, me gustaría que sintieras la tranquilidad de quien se queda mirando por la ventana pensando en sus cosas. No hace falta entender de teoría musical para notar cómo conversan en mis obras la alegría y la melancolía. Si al terminar de escuchar sientes que te he contado un secreto al oído como a un buen amigo, me doy por satisfecho.
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¿Te ha gustado acompañarme en este recorrido por mi vida? Si te apetece escuchar mi música después de conocer mi historia, aquí puedes descubrir una de mis obras: Träumerei. Haz clic en los enlaces de aquí abajo para adentrarte en ella.
Träumerei
Kinderszenen, Op. 15, No. 7