Antonio Vivaldi
Compositor

1678 – 1741

Retrato de Vivaldi
¡Ojo, peña, soy Antonio Vivaldi, el Prete Rosso, un pelirrojo venecianazo con mazo de rollo y cero vergüenza! ¡Pues nada, tronco, ahora me toca soltar el rollo de mi vida enterita, de pe a pa, sin cortarme un pelo, flipa! Y ojo, que aquí mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer mis temazos en cuanto suenan, así que  dale caña al entrenamiento , anda, ¡que mola mazo!
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Un pelirrojo con pulmones de chicle roto

¡Escucha, que me planto en Venecia el 4 de marzo de 1678, mazo de peque y ya con el pelo color zanahoria! Mi viejo, Giovanni Battista, era violinista en San Marcos, un currante del arco de los buenos, y me metió el violín en las manos desde canijo, ¡flipa! Con quince añitos, en 1693, me tiré a lo de cura, en plan sotana y rezos, y me ordenaron en 1703, ¡pa' qué te cuento! Y claro, con esa melena de fuego la peña me bautizó «il Prete Rosso», el Cura Rojo, ¡qué mote más guay, tronco!

Cura de día, crack del violín a todas horas

¡Ojo al dato, colega, que en septiembre de 1703 me llaman pa' ser maestro di violino en el Pio Ospedale della Pietà! Era un orfanato de chicas, uno de los cuatro que había en Venecia, y allí me ponía yo a currar con unas churumbelas que tocaban de locos. ¡Y en 1711 se me va la olla de éxito, tío, porque sale publicao en Ámsterdam mi L'estro armonico, Op. 3! Pues nada, de repente el cura pelirrojo de Venecia lo petaba por media Europa, ¡y yo flipando en colores, ¿sabes?!

Entre canales, príncipes y mucho curro

¡Venecia, hostia, qué movida de ciudad: agua pa' arriba, agua pa' abajo y música hasta en la sopa! La Pietà fue mi base desde 1703 hasta 1740, aunque me piraba de vez en cuando con permisos larguísimos, ¡que uno también necesita su rollo! En esos años me fui a Mantua, de maestro di cappella pa' un príncipe, Felipe de Hesse-Darmstadt, por allá a finales de la década de 1710. ¿Fechas exactas? Qué va, anda ya, que las fuentes se lían entre 1717, 1718 y 1719, y yo no pienso rayarme con eso, ¿vale?

Las cuatro estaciones y mi factoría de conciertos

¡Vamos al lío, que esto es lo gordo, tronco: en 1725 sacan Il cimento dell'armonia e dell'inventione, Op. 8, y los primeros cuatro conciertos son Las cuatro estaciones! Cada uno lleva su sonetillo pegao, y en Spring (Four Seasons) los pajaritos pían tanto que parece una discoteca de plumas a las siete de la mañana, ¡brutal! Luego tienes Violin Concerto No. 4 in F minor, RV 297, "Winter" (The Four Seasons), donde te castañetean los dientes y el hielo cruje, ¡un frío de pelarte, quillo! Y eso que escribí unos 500 conciertos, de los cuales unos 230 pa' violín, ¡una fábrica a todo trapo, mazo de pasta de papel pautao!

Sin aire pero con ópera de sobra

¡Mi pecho era un rollo chungo, colega: una «strettezza di petto» que dicen que sería asma! Por eso me libré de decir misa, ¡mira tú qué morro, el cura que se escaquea del altar pa' no ahogarse! Además, en una carta de 1737 solté que llevaba 94 óperas, ¡toma ya, fardón!, pero eso nadie lo ha podido probar, que aparecer, aparecer, solo unas 50. Total, que o me flipé con las cuentas o el resto se esfumó, pero yo, tan ancho, ¿sabes?

Viena, el último pufo

¡En 1727 le dediqué La cetra, Op. 9, al emperador Carlos VI, a ver si me hacía un hueco en su cole, tío! Así que me piré a Viena, con la ilusión de pillar pasta imperial, pero el emperador la palmó al poco de llegar yo, ¡menudo bajón, joder! Me morí en Viena el 28 de julio de 1741, con 63 añazos, de una infección por dentro, ¡sin un duro, pa' qué mentir! Y ese mismo día me enterraron a lo cutre, en el cementerio de un hospital que ya ni existe, ¡qué rabia, de verdad!

De cenizas a superestrella, ¡flipa!

¡Pues mira, durante siglos la peña se olvidó de mí, como un calcetín perdío debajo del sofá! Pero en 1926 aparecieron catorce volúmenes de mi música en un monasterio del Piamonte, ¡que se creían perdíos desde las guerras napoleónicas, hostia! Luego, en 1930, un tal Alberto Gentili se hizo con la colección gorda de manuscritos, ¡y ahí sí que me pegué el subidón de reconocimiento, colega! Desde entonces, ¡chaval, no hay peli, anuncio ni tienda de móviles donde no me suene un violín mío, qué locura!

Mi regalo pa' tus orejas

¡Quiero que te pilles unos auriculares, te tires en el sofá y te dejes llevar, sin postureo ni rayadas, bro! No hace falta saber de solfeo ni de partituras, que esto va de sentir: los pájaros, la tormenta, el hielo, ¡todo en plan peli sin pantalla! Si te mola, ponlo bien alto, y si te flipa, ponlo otra vez, ¡que yo no cobro por repeticiones, tronco! Y quédate con esto: un cura pelirrojo, con asma y sin un duro, te pasa hoy un buen rato de música, ¡qué máquina soy, vamos!
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¿Qué, tronco, te ha molao esto de cotillear mi vida, o te has quedao más pillao que un cura sin campanas, eh? Pues nada, colega, ahora te toca flipar con mis bombazos de aquí, la Primavera de Las cuatro estaciones y el Concierto para violín n.º 4 en fa menor, RV 297, "Invierno" de Las cuatro estaciones, que son una movida brutal, de locos, ¿sabes? Venga, dale ya a los enlaces de abajo, illo, que no te me achantes, y a petarlo con la música, ¡guay, guay!
Spring (Four Seasons)
Le quattro stagioni, Op. 8: Concerto No. 1 in E major, RV 269 ("La primavera")
Summer (Four Seasons)
Concerto No. 2 in G minor, Op. 8, RV 315