Repique de dedos en La campanella de Liszt
Entre bastidores
Grandes études de Paganini, S. 141: No. 3 in G-sharp minor

Hola, soy Liszt y hoy quiero contarte la historia detrás de mi pieza para piano La campanella. Verás cómo una velada inolvidable en París en 1832 me llevó a pasar casi veinte años perfeccionando esta obra hasta darle su forma definitiva en Weimar. En esta web, además, te ayudamos junto a otros compositores a que sepas reconocer nuestra música al escucharla, así que entra a hacer el entrenamiento cuando te apetezca.
---
Un violinista que me quitó el sueño
Todo empezó en París en abril de 1832, cuando fui a un concierto benéfico para escuchar a Niccolò Paganini tocar el violín. Salí de aquella sala con la boca abierta y una idea fija en la cabeza: yo tenía que conseguir que mi piano hiciera las mismas proezas que hacía él con sus cuatro cuerdas. Me sentí como un cocinero que prueba un plato delicioso y no descansa hasta descubrir la receta secreta en su propia cocina. Desde esa misma noche me encerré con el teclado para traducir toda aquella agilidad del violín a mis diez dedos.Una melodía prestada con campanita incluida
Para lograrlo, me fijé en el final de su Violin Concerto No. 2 in B minor, Op. 7, una pieza con una melodía tan pegadiza que se te queda a vivir en la cabeza. En esa parte final, Paganini hacía sonar una pequeña campana de mano de verdad para acompañar al violín en los momentos clave. De ahí viene el apodo italiano de La campanella, que significa simplemente la campanita, aunque yo no necesitaba ningún objeto de metal sobre la madera de mi piano. A mí me bastaba con las notas más agudas del teclado para imitar ese timbre brillante sin tener que andar buscando chismes por el escenario.Mi primer intento y un lío de notas
Mi primer experimento con este tema fue entre 1832 y 1834, cuando escribí una pieza larguísima llamada Grande fantaisie de bravoure sur La clochette, S. 420. No me quedé del todo conforme y en 1838 volví a la carga, convirtiéndola en el tercer número de mis Études d'exécution transcendante d'après Paganini, S. 140. En aquella versión de 1838 mezclé la melodía de la campana con un segundo tema sacado del Violin Concerto No. 1 del propio Paganini, como quien junta dos postres distintos en el mismo plato. El problema es que me pasé de entusiasmo y escribí algo casi imposible de tocar para cualquier ser humano que solo tuviera dos manos.La tercera fue la vencida en Weimar
Pasaron los años, me cansé de viajar de ciudad en ciudad dando conciertos y me instalé tranquilo en Weimar como director de orquesta. Allí, en 1851, decidí darle un buen repaso a aquellos estudios de juventud para dejarlos limpios, claros y mucho más elegantes. Quité aquel tema extra que sobraba y me centré únicamente en la melodía de la campanita, creando por fin la versión definitiva de mis Grandes études de Paganini, S. 141: No. 3 in G-sharp minor. Fue como podar un árbol que tenía demasiadas ramas para que por fin se vieran bien las flores.Un regalo para una gran amiga
No escribí esta obra porque alguien me pagara un encargo, sino por puro amor al arte y al piano. De hecho, tanto la colección de 1838 como la revisión definitiva de 1851 se las dediqué a mi admirada colega Clara Schumann, que de soltera se llamaba Clara Wieck. Ella era una pianista extraordinaria, de las pocas personas en el mundo capaces de mirar esta partitura sin salir corriendo del susto. Ese mismo año de 1851 la editorial Breitkopf & Härtel publicó la obra en Leipzig, aunque hoy nadie sabe con certeza en qué fecha ni en qué sala se estrenó en público esta versión definitiva.Saltos de dos octavas sin red
Si te fijas en cómo empieza la pieza en un ritmo amable de Allegretto, verás que el truco está en hacer que parezca fácil lo que en realidad es una locura para la mano derecha. Mientras el pulgar va cantando la melodía principal, el dedo meñique tiene que dar saltos gigantescos de hasta dos octavas hacia arriba para tocar siempre la misma nota aguda de la campana. Es exactamente igual que intentar mantener una conversación tranquila mientras das saltos en una cama elástica. Si fallas por un solo milímetro a esa velocidad, en lugar de una campanita limpia suena un golpe seco que arruina todo el encanto.Los dedos más perezosos al mando
La estructura de la obra es un conjunto de variaciones sobre el tema de Paganini, lo que significa que voy presentando la misma idea pero cada vez con un traje más complicado. En un momento dado pongo a trabajar sin descanso al cuarto y al quinto dedo de la mano, que suelen ser los más torpes y perezosos que tenemos. Los obligo a hacer trinos rapidísimos allá arriba en el registro agudo, para que el oído sienta que la campanita se ha vuelto loca de alegría. Cualquier pianista que estudie esta parte acaba sintiendo que ha mandado sus manos al gimnasio durante una semana entera.Un final para quedarse sin aliento
Después de pasar por todas esas variaciones llenas de notas repetidas y escalas que suben y bajan, preparo una coda final de auténtico vértigo. Aquí ya no se trata solo de imitar una campana pequeña, sino de hacer que todo el piano retumbe con una fuerza y una brillantez enormes. Las dos manos corren por el teclado como si tuvieran prisa por llegar a la última página antes de que se cierre el telón. Es el típico final pensado para que el público se levante de la butaca de un salto en cuanto doy el último acorde.La favorita de los valientes
Con el paso del tiempo, mi versión de 1851 dejó totalmente en el olvido a aquella primera locura de 1838 y se convirtió en la favorita de todos los pianistas. Hoy es una de las piezas más famosas para cerrar un concierto con una propina espectacular o para demostrar quién manda en los concursos de piano más exigentes. Incluso colegas míos que vinieron después, como el gran Ferruccio Busoni, hicieron sus propios arreglos y ediciones de esta página porque no podían resistirse a su encanto. Al final resultó que aquella idea que tuve en París en 1832 dio mucho más juego del que yo mismo imaginaba.Del salón clásico al cine y al pop
Lo más curioso de todo es ver hasta dónde ha viajado esta melodía mucho después de mi época en Weimar. En 1996 tuvo un papel protagonista en la película Shine, que cuenta la vida del pianista David Helfgott y su lucha por dominar las obras más difíciles del repertorio. Y por si fuera poco, en 2022 el grupo de música pop Blackpink usó este mismo tema en su canción Shut Down, llevando aquel viejo invento de Paganini a millones de oídos jóvenes. Me hace mucha gracia pensar que una campanita del siglo diecinueve sigue haciendo bailar a la gente como si se hubiera escrito ayer por la mañana.---
¿Qué te ha parecido conocer la historia detrás de mi obra La campanella? Aunque ya sabes cómo nació esta pieza entre aquellos recuerdos de París y mi etapa más tranquila en Weimar, todavía quedan muchos rincones de su música por descubrir. Si te apetece seguir escuchando cómo suena cada detalle en el piano, te invito a pulsar en los enlaces que tienes aquí mismo para continuar explorando La campanella.
