Franz Liszt
Compositor

1811 – 1886

Retrato de Liszt
Soy Franz Liszt, pianista y compositor, y me alegra mucho que hayas llegado hasta aquí. Voy a contarte la historia de mi vida, desde mi infancia en Hungría hasta mis últimos años. Aquí, mis compañeros compositores y yo también te enseñamos a reconocer mis obras en cuanto suenan, así que  prueba el entrenamiento  cuando quieras.
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Un niño prodigio con padre ambicioso

Nací el 22 de octubre de 1811 en Doborján, un pueblo que entonces era húngaro y hoy se llama Raiding y está en Austria. Mi padre, Adam, administraba tierras para el príncipe Nikolaus II Esterházy y hasta conocía en persona a Joseph Haydn, así que en casa la música se tomaba muy en serio. Di mi primer concierto en Sopron con unos nueve años, y salió tan bien que me llamaron de Pressburg, y luego en Viena estudié piano con Carl Czerny y composición con Antonio Salieri. En diciembre de 1823 la familia entera se mudó a París, y yo, que era un crío, ya tenía más viajes a mis espaldas que mucha gente en toda su vida.

El día que un violinista me quitó el sueño

En abril de 1832 oí tocar en París a Niccolo Paganini, y salí del concierto con una idea fija: conseguir al piano lo mismo que él hacía con el violín. Eso significó encerrarme a practicar durante horas, hasta que los dedos hicieron cosas que casi nadie creía posibles en un teclado. El resultado fue que mis recitales empezaron a parecerse más a un acontecimiento que a un concierto. En 1844 el poeta Heinrich Heine inventó la palabra «Lisztomanía» para describir el alboroto del público, y te confieso que nunca me molestó el nombre.

Weimar, o cómo colgar los guantes de viajero

Después de años de giras decidí que ya estaba bien de diligencias, y en 1848 me instalé en Weimar como Kapellmeister. Allí vivió conmigo la princesa Carolyne zu Sayn-Wittgenstein, que fue mi compañera y una gran animadora de mis proyectos. Aquella tranquilidad me dio por fin tiempo para componer con calma, y ese mismo año 1848 empecé a escribir mis poemas sinfónicos. Acabé escribiendo trece, y en cada uno intenté que la orquesta contara una historia o pintara una idea, sin necesidad de palabras.

La rapsodia que todo el mundo reconoce

Si hay una pieza mía que has oído sin saberlo, seguramente es la Hungarian Rhapsody No 2, que es la que encontrarás en esta página. Se publicó en 1851 junto a la primera, y con los años llegaron a ser diecinueve rapsodias en total. Empieza con un aire serio y solemne, casi como si alguien se aclarara la garganta antes de contar algo importante. Después se lanza a una danza cada vez más rápida y chispeante, con el aire de las fiestas y la música popular de mi tierra, y no te dejará quieto en la silla.

De concertista famoso a abate

Mi vida no fue solo aplausos: mi padre murió de repente en 1827, y esa pérdida me marcó mucho de joven. En 1861 me fui a vivir a Roma, y en 1865 recibí la tonsura y las cuatro órdenes menores de la Iglesia católica, de modo que empezaron a llamarme abate Liszt. Resulta curioso imaginar a un hombre célebre por sus recitales desbordantes paseando con sotana por la calle. Y en lo familiar tampoco todo fue sencillo: con Marie d'Agoult tuve tres hijos, y mi hija Cosima se casó primero con el director Hans von Bülow y en 1870 con Richard Wagner.

Los últimos años, entre trenes y escaleras

En 1875 se fundó la Academia de Música de Budapest y me nombraron su primer presidente, un honor que me hizo mucha ilusión. Seguí yendo y viniendo entre ciudades, porque nunca aprendí a quedarme demasiado tiempo quieto. En 1881 me caí por unas escaleras en Weimar y pasé semanas sin poder moverme, lo cual me sentó fatal. Morí el 31 de julio de 1886 en Bayreuth, a los 74 años, y oficialmente fue de neumonía.

Lo que dejé escrito en el aire

Se me considera quien consolidó el poema sinfónico como género para orquesta, aunque el nombre alemán ya existía antes de mí. También cambié la imagen del pianista: dejó de ser un empleado discreto del salón para convertirse en el protagonista del escenario. Ese ambiente de entusiasmo ante un solista, que hoy te parece normal en cualquier concierto, empezó en parte con aquellas veladas que le inspiraron a Heine su palabra famosa. Y mucha música que vino después se atrevió a ser más libre porque yo, antes, había probado que se podía.

Lo que quiero regalarte

Quiero que, cuando pulses el play, no pienses que necesitas estudios para disfrutar de esto. Mi música se hizo para emocionar, para sorprender y, a veces, para dejarte sin aliento en mitad de una frase. No hace falta que sepas nada de armonía: basta con que te dejes llevar y notes cómo cambia el ánimo de un momento a otro. Si al terminar de escuchar la Hungarian Rhapsody No 2 te quedas con ganas de repetir, entonces he conseguido lo que buscaba.
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¿Has disfrutado conociendo mi vida tanto como yo disfruté recordándola contigo? Si te han quedado ganas de más, puedes escuchar aquí la Hungarian Rhapsody No 2, una de las obras mías que encontrarás en esta página. Haz clic en los enlaces de abajo y entra en su música a tu ritmo.
Hungarian Rhapsody No 2
Hungarian Rhapsody No. 2 in C-sharp minor, S. 244 No. 2
La campanella
Grandes études de Paganini, S. 141: No. 3 in G-sharp minor
Liebestraum No 3
Liebestraum No. 3 in A-flat major, S. 541, No. 3