Serenata de bolsillo con Eine kleine Nachtmusik de Mozart
Entre bastidores

Serenade No. 13 in G major, K. 525 ("Eine kleine Nachtmusik")

Mozart cuenta lo que hay entre bastidores de Eine kleine Nachtmusik
Soy Mozart, y te doy la bienvenida a la historia que hay detrás de mi Eine kleine Nachtmusik. Vas a saber qué tenía yo entre manos en agosto de 1787, cuando terminé esta serenata con el segundo acto de Don Giovanni a medias, y eso cambia cómo la escuchas. Y si te apetece, en esta web mis compañeros de oficio y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas nada más oírlas, así que  prueba el entrenamiento  cuando quieras.
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Un título que me salió sin pensar

Me hace gracia que todo el mundo crea que ese nombre es un apodo que me pusieron después. No lo es: sale de mi propio catálogo, donde apunté «Eine kleine Nacht-Musick». Seguramente no quise bautizar nada, solo dejar anotado que había terminado una pequeña serenata. Es como escribir «pan» en la lista de la compra y que dos siglos después la gente ponga esa palabra en un cartel.

Música para cuando cae la tarde

Una serenata era música pensada para la noche, de las que acompañan una velada. Solía tener más movimientos que una sinfonía, que normalmente lleva cuatro. Así que no te sorprenda que esta obra no sea una sinfonía ni una pieza para piano, sino una serenata para cuerdas. Su título completo es Serenata n.º 13 en sol mayor, K. 525, aunque casi nadie la pide así.

Agosto en Viena

Terminé la obra en agosto de 1787, y el día 10 la anoté en mi catálogo en Viena. Hacía seis años que vivía allí, desde que me marché de Salzburgo tras mi despido por parte del arzobispo Colloredo. Ya estaba casado con Constanze Weber, y la vida en la ciudad era intensa, con mucho trabajo y pocas horas libres. Aun así, esta serenata me salió con una soltura que parece que no costó nada.

Con la cabeza puesta en otra parte

Mientras terminaba esta serenata estaba metido de lleno en el segundo acto de Don Giovanni. Esa ópera se estrenó en Praga en octubre de 1787, apenas unas semanas después. Imagínate a alguien que prepara una cena enorme y, entre plato y plato, se entretiene en hacer un aperitivo perfecto. Pues algo así fue: una obra pequeña y ligera nacida al lado de otra gigantesca.

Un año con sombras

Mi padre, Leopold, murió el 28 de mayo de 1787, pocos meses antes de que escribiera esta obra. Fue una pérdida enorme para mí. Y sin embargo la serenata suena clara y luminosa, sin una gota de pesadumbre. No sé explicarte por qué, y tampoco creo que la música tenga que justificarse siempre con la vida de quien la escribe.

Los capítulos de la noche

Una obra así se divide en movimientos, que son trozos con carácter propio, como los capítulos de un libro: cada uno cuenta algo distinto, pero todos pertenecen a la misma historia. El primero es un Allegro, vivo y decidido, y después llega la Romanze, un Andante mucho más sereno, con una breve nota seria en medio. El tercero es el Menuetto, un Allegretto en compás de tres tiempos que imita un baile elegante, con un Trío central en re mayor que hace de pequeño respiro. Y el último es el Rondo, un Allegro que cierra la serenata con una melodía que vuelve una y otra vez, hasta que te la llevas puesta.

El minueto que se esfumó

En mi catálogo apunté cinco movimientos: el Allegro, un Minueto con Trío, la Romance, otro Minueto con Trío y el Finale. Pero hoy solo se conservan cuatro, porque el primer Minueto con Trío se perdió. Falta la hoja número 3 del manuscrito, que es justo donde estaba, y nadie ha vuelto a verla. Si alguna vez aparece en el cajón de algún desván, avísame, que tengo curiosidad por saber cómo sonaba.

Un encargo que nadie recuerda

Te confieso que no hay ningún documento que diga quién me pidió la serenata ni dónde se tocó por primera vez. Tampoco se sabe con certeza si llegó a interpretarse alguna vez mientras yo vivía. Una explicación cuenta que la escribí de forma espontánea, quizá para alguna ocasión concreta de Viena, pero eso nadie lo ha demostrado. Así que la obra más famosa de mi catálogo guarda un buen misterio sobre su propio origen.

Del cajón a las partituras

No se publicó mientras yo viví, y durante años estuvo guardada entre mis manuscritos. Después de mi muerte, mi viuda Constanze vendió esos papeles a Johann Anton André, que la publicó en 1827. Más tarde, en 1883, también apareció en la edición completa de mis obras que hizo Breitkopf y Härtel. De modo que gracias a una venta y a unas cuantas imprentas ha llegado hasta ti una música que yo escribí sin ninguna prisa por darla a conocer.

Cinco instrumentos y un montón de letras

La escribí para un grupo pequeño de cuerdas: dos violines, una viola, un violonchelo y un contrabajo. Hoy, sin embargo, la toca a menudo una orquesta de cuerda completa, con muchos más músicos de los que yo imaginé. La K de K. 525 viene de Köchel, el señor Ludwig von Köchel, que en 1862 puso orden en el catálogo de todas mis obras. Gracias a él, cuando alguien dice K. 525, sabemos que habla de esta serenata y no de otra.
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Espero que te haya gustado conocer la historia de Eine kleine Nachtmusik, ¿a que sí? Yo la escribí en un verano de 1787 sin imaginar que seguiría sonando tanto tiempo después. Lo curioso es que nadie sabe para quién la compuse ni dónde se tocó por primera vez, y quizá esa duda forma parte de su encanto. Todavía quedan muchos rincones de esta serenata por descubrir, como el minueto que se perdió o la manera en que cada movimiento cambia de humor. Si te apetece seguir explorando, haz clic en los enlaces que tienes a tu disposición y escucha con calma lo que yo dejé escrito. Quizá la próxima vez que suene, la reconozcas desde la primera nota.