Tiritando de frío con el Violin Concerto No. 4 in F minor, RV 297, "Winter" (The Four Seasons) de Vivaldi
Entre bastidores

Violin Concerto No. 4 in F minor, RV 297

Vivaldi cuenta lo que hay entre bastidores de Violin Concerto No. 4 in F minor, RV 297, "Winter" (The Four Seasons)
Soy Vivaldi y esta es la historia del Violin Concerto No. 4 in F minor, RV 297, "Winter" (The Four Seasons). Aquí vas a saber cómo nació este invierno mientras yo era maestro de capilla en Mantua, y por qué ni yo sabría decirte la fecha exacta. Por cierto, mis colegas compositores y yo te enseñamos en esta web a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, así que atrévete a  probar el entrenamiento .
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El cuarto de cuatro, y el que cierra el año

Mi Violin Concerto No. 4 in F minor, RV 297, al que todo el mundo llama "Winter", no anda suelto por el mundo. Es el cuarto y último de The Four Seasons, y esos cuatro conciertos abren un conjunto de doce que forman mi Op. 8. A ese conjunto le puse un título larguísimo, Il cimento dell'armonia e dell'inventione, que enfrenta la técnica de componer con la imaginación y también puede leerse como una puesta a prueba de las dos. El invierno llega al final, como el último capítulo de un libro que va recorriendo el calendario.

La fecha que ni yo logro fijar

Si me preguntas cuándo lo escribí, tendré que decirte que no hay ningún documento que lo aclare. Según las fuentes, fue en 1716 o 1717, o entre 1718 y 1723, y hay quien lo deja en 1723. Lo que sí está claro es que por entonces yo era maestro de capilla de la corte en Mantua, adonde me llamó el príncipe Felipe de Hesse-Darmstadt, gobernador de la ciudad, en 1717 o 1718. Me quedé allí unos tres años, y de esa etapa sale buena parte de lo que hoy se conoce de mí.

Un soneto que hace de guion

Cada concierto de la serie va acompañado de un soneto, y puede que lo escribiera yo mismo, aunque eso no se sabe con seguridad. Las tres partes del poema coinciden con los tres movimientos del concierto, así que puedes ir leyendo la escena mientras suena. Es un truco parecido a ver una película con subtítulos, solo que aquí los subtítulos tienen forma de música. Por eso se considera The Four Seasons uno de los primeros grandes ejemplos de música con programa, es decir, música que cuenta algo concreto.

Tres platos en un solo menú

Un concierto se divide en movimientos, que son como los platos de una comida: cada uno tiene su propio carácter y juntos forman un menú completo. Aquí hay tres, en orden rápido, lento, rápido, y el primero es el Allegro non molto, en fa menor, el plato más movido y gélido de todos. Después llega el Largo, en mi bemol mayor, que es el momento de respirar y de entrar en calor. Y para terminar vuelve el Allegro, otra vez en fa menor, con pasos cuidadosos sobre el hielo, resbalones y un final que reconoce que el invierno también tiene sus placeres.

Un solista y toda una familia de cuerdas

Para este concierto reúno a un violín solista y a un grupo de cuerdas: violines primeros y segundos, violas, violonchelos y contrabajos. Todo se apoya en el bajo continuo, que sostiene la música desde abajo como los cimientos de una casa. El solista sale de entre las cuerdas, dice lo suyo y vuelve a mezclarse con ellas, igual que alguien que se levanta en una reunión y luego se sienta de nuevo. Todo esto dura más o menos nueve minutos.

Cuando el frío acabó en la ópera

Una música que me gusta no la tiro después de usarla una sola vez. Reutilicé el primer movimiento como aria, con el título "Gelido in ogni vena", en mis óperas Siroe, en 1727, Argippo, en 1730, y Farnace, en 1731. Lo que antes tiritaba en los violines pasó a tiritar en una voz, y sigo pensando que le sentaba muy bien. Así que si algún día oyes ese aria y te suena de algo, no es casualidad.

Impreso en Ámsterdam, dedicado a un conde

El concierto se publicó en Ámsterdam en 1725, de la mano del editor Michel-Charles Le Cène, dentro de los doce conciertos del Op. 8. La dedicatoria va para el conde Wenzel de Morzin, consejero del emperador Carlos VI. Ojo, que 1725 es el año de la edición y no el del estreno, porque por esa dedicatoria se entiende que las obras ya circulaban antes. Cuándo y dónde se tocó por primera vez no consta en ningún documento que yo conozca.

Escribir a destajo y viajar a todas partes

Desde 1718 el Ospedale della Pietà de Venecia me pagaba para que compusiera dos conciertos al mes, aunque yo viajaba con mucha frecuencia. Hacer cuentas de ese ritmo cansa solo de pensarlo, y aun así las ideas seguían llegando. En 1725 volví a Venecia, el mismo año en que se publicó el Op. 8. Mirando atrás, el invierno de mis cuatro estaciones nació en medio de una vida bastante movida.

Del olvido a los discos

Yo morí en Viena, en la noche del 27 al 28 de julio de 1741, con 63 años y sin dinero. Mi música quedó medio dormida durante mucho tiempo, y la grabación que Louis Kaufman hizo en Estados Unidos en 1947 ayudó a despertarla en Europa y en América. Con los años, The Four Seasons se convirtió en una de mis obras más conocidas, hasta el punto de quedar en el puesto 67 del Classic FM Hall of Fame. Eso es bastante más fama de la que tenía yo al final de mis días.

Un invierno que sigue cambiando de abrigo

En 1989 Nigel Kennedy grabó The Four Seasons y vendió más de tres millones de copias. En 2012 Max Richter, junto al violinista Daniel Hope, publicó Recomposed, que deja a un lado cerca del 75 % del material original. El Largo también ha viajado por otros lugares, como una versión de Celtic Woman y otra coral del grupo Accentus. Me hace gracia ver que mi invierno sigue vistiéndose de maneras que yo nunca imaginé.
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Y hasta aquí llega la historia de mi Violin Concerto No. 4 in F minor, RV 297, "Winter". ¿Te ha gustado conocer cómo nació este concierto y qué hay detrás de sus nueve minutos de frío, lluvia y resbalones? Cuando escribí este invierno no podía imaginar que, siglos después, una grabación de Nigel Kennedy en 1989 vendería más de tres millones de copias. Me alegra pensar que una música pensada para describir el hielo siga calentando tantas casas. Aun así, todavía quedan muchas cosas por descubrir de esta obra. Puedes fijarte en cómo cambia el ambiente de un movimiento a otro, o en lo distinto que suena cada versión según quién la toque. Si te apetece seguir explorando, haz clic en los enlaces que tienes a tu alrededor y sigue tirando del hilo a tu ritmo. Y la próxima vez que notes un escalofrío, quizá oigas por dentro las cuerdas del Allegro non molto.