George Frideric Handel
Compositor

1685 – 1759

Retrato de Händel
Me llamo George Frideric Handel, nací en Halle y me alegra mucho que hayas llegado hasta aquí. Voy a contarte la historia de mi vida, con sus viajes, sus alegrías y también sus tropiezos. En esta web mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer mis obras en cuanto suenan, así que anímate y  pruébalo en el entrenamiento .
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Un barbero, un órgano y un desván

Nací en Halle el 23 de febrero de 1685, en una casa donde lo normal era que el hijo siguiera el oficio del padre, que era barbero-cirujano. Mi padre servía a la corte de Sajonia-Weißenfels y al margraviato de Brandeburgo. Aun así aprendí órgano con Friedrich Wilhelm Zachow, y fue de él de quien aprendí casi todo lo que sé del oficio. Se cuenta que de niño tocaba a escondidas un clavicordio en el desván, aunque nadie sabe si es verdad o si se lo inventó mi primer biógrafo.

De Hamburgo a Italia con la maleta llena de ideas

En 1703 me fui a Hamburgo para tocar en la orquesta de la ópera, y allí se estrenaron mis tres primeras óperas, entre ellas Almira. Tres años después viajé a Italia, porque quien quería aprender de verdad a escribir música para la voz tenía que ir adonde mejor se cantaba. Volví con el oído lleno de melodías y con la confianza de quien ya sabe lo que quiere. El golpe llegó en 1711 en Londres, donde mi ópera Rinaldo gustó al público desde la primera noche.

Londres me abrió la puerta y yo me quedé

Un año antes me habían nombrado maestro de capilla del Elector de Hanóver, pero Londres me gustaba demasiado como para quedarme en un puesto tan tranquilo. En 1712 decidí instalarme en Inglaterra para siempre, y en 1727 me concedieron la ciudadanía británica. Desde 1723 viví en el número 25 de Brook Street, en Mayfair, durante treinta y seis años. Nací alemán y morí inglés de papeles, pero mi música nunca se preocupó por los pasaportes.

Tres semanas, un coro y un aleluya

La obra que más gente conoce es el Hallelujah, un coro del Messiah que empieza con una fuerza que te levanta en la silla. Charles Jennens preparó el texto con pasajes de la Biblia y del Libro de Oración Común, y yo lo compuse en 1741 en pocas semanas. Se estrenó en Dublín en 1742, en la sala de Fishamble Street, y desde entonces casi nadie ha dejado de escucharlo. Fuera de ese coro también escribí música para el agua y para los fuegos artificiales, como la Water Music de 1717 para el rey Jorge I, pero eso es otra historia.

Cuando se apagó la luz

Hacia 1752 estaba completamente ciego, después de que una operación de cataratas hecha por John Taylor saliera mal. Para un músico es un golpe duro, pero no es lo mismo que quedarse sin oído, y yo seguí con la música como pude. Nunca me casé, y mi casa y mi trabajo fueron la familia que tuve. Supongo que mucha gente me habría llamado un solterón testarudo, y no se habría equivocado demasiado.

El final en mi propia casa

Mis últimos años fueron más tranquilos, con la rutina de siempre en Brook Street. Allí murí el 14 de abril de 1759, a los setenta y cuatro años. Una semana después me enterraron en la abadía de Westminster, un honor que para un chico de Halle era inimaginable. Me fui con la sensación de haber hecho lo que quería, y eso vale mucho.

Lo que dejé y lo que la gente hace de pie

Con mis oratorios en inglés, sin trajes, sin decorados y sin escenario, demostré que bastaban un coro y una orquesta para llenar una sala. Eso gustó enseguida, y todavía hoy se canta así en muchos sitios. También se cuenta que el rey Jorge II se puso de pie durante el Hallelujah, aunque no hay pruebas convincentes de que estuviera allí. Lo que sí consta es que en una carta de 1756 ya aparece la costumbre de levantarse, y muchos públicos la siguen manteniendo.

Lo que quiero que te lleves

Quiero que escuches el Hallelujah sin saber nada de música y que notes cómo las voces se van juntando hasta formar una ola. No hace falta entender nada de armonía ni de épocas, solo dejarse llevar un rato. Si al terminar te dan ganas de ponerte de pie, hazlo, que en eso me parezco bastante a todos los que lo hicieron antes que tú. Y si te quedas con una sola cosa, que sea esta: la música también puede ser una alegría compartida.
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¿Has disfrutado conociendo mi vida, de Halle a Londres, tanto como yo disfruto recordándola? Ahora puedes acercarte a la obra mía que tienes en esta web: el Hallelujah. Pulsa en los enlaces de más abajo y entra en esa música, que ha seguido sonando mucho después de mi paso por este mundo.
Hallelujah
Messiah, HWV 56: Hallelujah Chorus
Sarabande
Sarabande from Keyboard Suite in D minor, HWV 437
Water Music
Water Music, HWV 348–350