Gustav Mahler
Compositor
1860 – 1911

Soy Gustav Mahler, compositor y director de orquesta, y me alegra de verdad que hayas llegado hasta aquí. Voy a contarte la historia de mi vida, con sus comienzos modestos en Bohemia, sus años de trabajo y también sus sombras. En esta web mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, así que empieza a practicar aquí cuando quieras.
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Catorce hermanos y un piano
Nací el 7 de julio de 1860 en Kaliště, un pueblo de Bohemia, aunque al año siguiente mi familia se mudó a Jihlava, donde mi padre montó un negocio de licores. Éramos catorce hermanos, y de ellos murieron ocho en la infancia, de modo que la muerte me rondó la casa desde muy pronto. Pronto llegó la música: di mi primer recital de piano en público en 1870, con diez años, y debí de parecer un niño muy serio detrás de un teclado enorme. Entre 1875 y 1878 estudié en el Conservatorio de Viena, donde mi profesor de piano fue Julius Epstein.Subiendo la escalera, peldaño a peldaño
Mi carrera no empezó con un gran estreno, sino con un recorrido por teatros de provincias: Kassel en 1883, Praga en 1885, Leipzig en 1886 y Budapest desde 1888 hasta 1891. En Budapest, el 20 de noviembre de 1889, se estrenó mi Primera Sinfonía, y yo seguí con mi doble vida de director de día y compositor en cuanto tenía un hueco. Después llegué a Hamburgo, donde fui director principal del Stadttheater de 1891 a 1897, y allí empecé a ser un nombre que la gente conocía. En 1895 se estrenó en Berlín mi Segunda Sinfonía.Un trabajo con condiciones
En 1897 me ofrecieron la dirección de la Ópera de la Corte de Viena, el puesto más codiciado de mi mundo, y había una condición: convertirme del judaísmo al catolicismo. Acepté, y no te voy a decir que fuera una decisión limpia, pero sí que el puesto me permitía hacer en la música lo que yo quería. Dirigí aquella casa durante diez años, de 1897 a 1907. En Viena también me casé, el 9 de marzo de 1902, con Alma Schindler, y tuvimos dos hijas: Maria, nacida ese mismo año, y Anna, en 1904.La quinta, o cómo pasar de la oscuridad a la luz
Entre mis obras, la que encontrarás en esta web es la Symphony No 5, y si no sabes nada de música clásica es una muy buena puerta de entrada. Es una pieza que cambia de humor como lo hace la gente de verdad: hay momentos de sombra y de tensión, y otros en los que de pronto se abre una claridad enorme. No hace falta que conozcas los nombres de los instrumentos ni de los movimientos, porque basta con dejarse llevar y notar cómo cambia el ánimo de una parte a otra. Yo siempre quise que una sinfonía fuera un mundo entero, con sus risas, sus lutos y sus ratos de puro cansancio, y en esta creo que lo conseguí.El año en que todo se torció
El año 1907 fue el peor de mi vida: en julio murió mi hija Maria, con escarlatina y difteria, y poco después me diagnosticaron un defecto en el corazón. Había escrito los Kindertotenlieder, canciones sobre la muerte de niños, entre 1901 y 1904, antes de aquella tragedia, y todavía hoy me cuesta pensar en ello sin un nudo en la garganta. En el verano de 1910 me enteré además de que Alma tenía una aventura con el arquitecto Walter Gropius. Me sentí tan perdido que fui a Leiden a consultar a Sigmund Freud, que seguro que no estaba acostumbrado a que un compositor le pidiera cita para hablar de su matrimonio.Nueva York y el último adiós
Dejé la Ópera de Viena en 1907 y crucé el Atlántico para dirigir en el Metropolitan Opera de Nueva York, donde mi primera función, el 1 de enero de 1908, fue Tristan. En 1909 pasé a dirigir la Filarmónica de Nueva York, y mientras tanto escribí mi Novena Sinfonía y Das Lied von der Erde, ambas entre 1908 y 1909. El 12 de septiembre de 1910 dirigí en Múnich el estreno de mi Octava Sinfonía, y ese mismo año dejé esbozos de una Décima Sinfonía que ya no pude terminar. Morí en Viena el 18 de mayo de 1911, con cincuenta años, a causa de una endocarditis bacteriana, y me enterraron en el cementerio de Grinzing, junto a mi hija Maria.Lo que pasó cuando ya no estaba
Das Lied von der Erde se estrenó en Múnich el 20 de noviembre de 1911, bajo la dirección de Bruno Walter, así que nunca la oí en una sala. La Novena Sinfonía es la última que terminé, y la Décima se quedó en borradores, de modo que otros han tenido que decidir qué hacer con ellos. A mi Octava Sinfonía le pusieron el apodo de «Sinfonía de los Mil» para hacerle publicidad, idea del empresario Emil Gutmann, y a mí aquel nombre no me gustó nada. Aun así, me consuela saber que mis sinfonías siguen sonando hoy, y que quien se sienta a escucharlas encuentra en ellas algo que reconoce como suyo.Lo que me gustaría dejarte
No quiero que escuches mi música como quien asiste a un examen, sino como quien abre una puerta y no sabe qué va a encontrar al otro lado. Si pones la Symphony No 5, déjate llevar sin buscar nada, y deja que te cambie el ánimo igual que me lo cambiaba a mí cuando la escribía. Pasé mi vida entre el dolor y la alegría, y creo que por eso mi música cabe en tantos estados de ánimo distintos. Ojalá encuentres en ella un buen rato de compañía, y si al terminar te quedas un momento en silencio, entonces habré conseguido lo que quería.---
¿Te ha gustado conocer un poco mejor mi vida, desde los años de Jihlava hasta mi último verano? Si quieres seguir escuchándome, en esta web puedes explorar una de mis obras: la Symphony No 5. Haz clic en los enlaces de abajo y entra en ella a tu ritmo.
Symphony No 5
Symphony No. 5 in C-sharp minor
