Del luto al amor con la Symphony No 5 de Mahler
Los mejores momentos
Symphony No. 5 in C-sharp minor

Soy Mahler, y te doy la bienvenida a los mejores momentos de mi Symphony No 5. Vas a escuchar el Adagietto, escrito solo para cuerdas y arpa y dedicado a Alma, que en unos diez minutos te regala la página más tierna y callada de toda la sinfonía. En esta web mis colegas compositores y yo también te enseñamos a reconocer nuestras obras cuando suenan, así que pruébalo en el entrenamiento cuando quieras.
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Una trompeta que sale sin red
Yo empiezo la sinfonía con una trompeta sola, que toca el mismo ritmo con el que arranca la Quinta de Beethoven, ese vecino ilustre, y no me da vergüenza reconocerlo. Lo que viene después es un Trauermarsch, una marcha «como un cortejo fúnebre», de paso medido y severo, que interrumpo dos veces con un episodio más calmado para que respires un poco.
Aviso de tormenta con la mayor vehemencia
Yo escribí en la partitura «Stürmisch bewegt, mit größter Vehemenz», que quiere decir «con agitación de tormenta y la mayor vehemencia», así que ya te aviso de que aquí no hay hueco para la siesta. Primero vuelve un suspiro del movimiento anterior y enseguida se lanza el primer tema, nervioso e inquieto, hasta que aparece un coral triunfal en re mayor que, justo cuando crees que todo ha terminado bien, se deshace otra vez en la música trágica.
Un cambio de aire y una trompa que se levanta
Yo dejo el Scherzo solo, como la segunda parte entera de la sinfonía, porque después de dos movimientos tan dramáticos hacía falta abrir una ventana. Lo marqué «Kräftig, nicht zu schnell», es decir, con vigor pero sin correr, y está lleno de valses y bailes populares en re mayor, con una trompa solista tan protagonista que a menudo le piden al músico que se ponga de pie delante de la orquesta.
Los vientos se quedan fuera
Yo compuse el Adagietto solo para cuerdas y arpa, de modo que las maderas y los metales se quedan sin trabajo durante unos diez minutos y pueden descansar tranquilos. Empieza desde el silencio con notas suaves y largas, lo marqué «Sehr langsam», muy despacio, y lo dediqué a Alma, aunque la historia cuenta que además era una carta de amor para ella.
La familia entera a la mesa
Yo abro el Rondo-Finale en re mayor con un Allegro que enseguida se vuelve «giocoso», juguetón, como si la sinfonía por fin se atreviera a sonreír. Aquí recupero material del Adagietto y el coral del segundo movimiento y los entrelazo con contrapunto, igual que quien sienta a comer a unos parientes que llevaban mucho tiempo sin hablarse.
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¿Te ha gustado descubrir conmigo los mejores momentos de la Symphony No 5? Yo espero que ahora, cuando suene esa trompeta solitaria del principio, sientas que ya la conoces un poco. Quizá te quede en la memoria el Adagietto, que escribí solo para cuerdas y arpa, o el ánimo luminoso con el que acaba el Rondo-Finale después de tanta sombra. Piensa que la sinfonía dura cerca de setenta minutos, y que en ese tiempo pasa de la marcha fúnebre a la alegría sin que nada parezca forzado. Con una sola escucha no se agota: cada vez que vuelves a ella aparece un detalle que antes se te había escapado. Todavía quedan muchas cosas por explorar en la Symphony No 5, como el trabajo de contrapunto del final, el solo de trompa del Scherzo o la historia de cómo fui corrigiendo la orquestación durante años. Si te apetece seguir, haz clic en los enlaces que tienes en la página y continúa el recorrido a tu ritmo. Yo te espero en la próxima escucha, con el oído atento y sin ninguna prisa.
