Del luto al amor con la Symphony No 5 de Mahler
Entre bastidores

Symphony No. 5 in C-sharp minor

Mahler cuenta lo que hay entre bastidores de Symphony No 5
Soy Mahler, y esta es la historia que hay detrás de mi Symphony No 5. Vas a descubrir cómo nació en Maiernigg una sinfonía de unos setenta minutos y por qué, cuando la dirigí yo mismo en Colonia en 1904, no fue entendida. Aquí, en esta web, mis colegas y yo también te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, y te invito a  probar el entrenamiento .
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Una casita donde la música me dejaba en paz

Compuse la Quinta en 1901 y 1902, sobre todo durante los veranos, en mi casita de Maiernigg, en Austria. Allí, lejos del ruido, la sinfonía fue tomando forma poco a poco. Una obra de unos setenta minutos no se escribe de una sentada, porque cada minuto hay que pensarlo con calma. Por eso necesité dos veranos enteros, y te aseguro que no me arrepiento de ninguno.

Un susto serio y una boda

A principios de 1901 sufrí una hemorragia que puso mi vida en peligro. Ya ves que no me senté a escribir en el mejor de los ánimos. Un año después, en 1902, me casé con Alma Schindler, y esa mezcla de sombra y de luz se nota en la música. Si escuchas con atención, la sinfonía pasa de una marcha fúnebre a una alegría desbordante sin pedir permiso a nadie.

Cinco capítulos para una sola novela

Un movimiento es como un capítulo de una novela: la obra sigue siendo una única historia, pero cada capítulo tiene su propio ambiente y entre uno y otro se hace una pausa. Los míos son cinco y los agrupé en tres partes: la primera junta el Trauermarsch y el movimiento tormentoso, que lleva por título Stürmisch bewegt, mit größter Vehemenz. La segunda parte es el Scherzo, con aires de ländler y de vals y un solo de trompa tan importante que el intérprete suele ponerse de pie delante de la orquesta. La tercera parte empieza con el Adagietto y termina con el Rondo-Finale, que recupera material del Adagietto y del coral en re mayor del segundo movimiento.

Un estreno en Colonia con mala fortuna

La Quinta se tocó por primera vez el 18 de octubre de 1904 en la sala Gürzenich de Colonia, con la orquesta de la casa y yo mismo en el podio. Ensayamos durante dos días, y el ensayo general fue la víspera, a las siete de la tarde. El programa incluía además obras de Schubert y de Beethoven, que son compañías muy respetables para una obra recién nacida. Aun así, la cosa no salió bien, y la gente no entendió la sinfonía.

Cincuenta años de paciencia

Cuenta la historia que, después del estreno, dije que me gustaría volver a estrenarla cincuenta años después de mi muerte, porque nadie había entendido la obra. Nadie sabe con certeza si lo dije con esas palabras, aunque reconozco que suena a algo que yo podría haber dicho con el humor del momento. Lo que sí es seguro es que no me rendí, y la dirigí en Hamburgo, Estrasburgo y Viena en 1905, en Ámsterdam en 1906 y en San Petersburgo en 1907. A una obra en la que uno cree se la defiende por todas las ciudades que haga falta.

Un tono que no quise fijar

A la sinfonía se la presenta casi siempre en do sostenido menor, pero yo me opuse a ponerle una sola tonalidad. Y con razón, porque los movimientos pasan por do sostenido menor, la menor, re mayor, fa mayor y otra vez re mayor. Es como una excursión que sale de un valle sombrío y acaba en una cima soleada, sin que el paisaje se parezca en nada al del principio. Decir «en do sostenido menor» es, en el fondo, contar solo cómo empieza el primer capítulo.

Bach me hizo compañía

En aquellos años volví a interesarme por el contrapunto y por la música de Bach, y eso se nota sobre todo en el Rondo-Finale. El contrapunto consiste en que varias melodías independientes suenan a la vez y se entrelazan, como varias conversaciones que acaban formando una sola. El manuscrito autógrafo es de 1903, pero seguí retocando la orquestación después de 1904. La partitura se imprimió en 1904 en Leipzig, en la editorial C. F. Peters, salió una edición revisada en 1905 y mis últimas correcciones, las de 1911, no se publicaron hasta 1964.

Una orquesta que apenas cabe en el escenario

Para esta sinfonía pido una orquesta grande, con cuatro flautas, seis trompas, cuatro trompetas, timbales, percusión, arpa y cuerdas. Con tanta gente sobre el escenario, la obra dura unos setenta minutos, y conviene sentarse cómodo para escucharla. Pero no todo es estruendo, porque hay un momento en el que casi toda esa gente se queda quieta y en silencio. Ese momento es el Adagietto, donde solo tocan las cuerdas y el arpa.

Un poema que quizá existió

Según cuenta la historia, el Adagietto fue mi carta de amor para Alma. Todo se apoya en lo que Alma contó en su correspondencia con Willem Mengelberg sobre un poema que yo le había dejado, así que nadie sabe con certeza si fue así. Tampoco hay acuerdo sobre el tempo: se dice que Mengelberg y yo lo tocábamos en unos siete minutos, mientras que hoy hay versiones que van de siete a quince. Yo escribí «Sehr langsam», muy despacio, y dejo que cada intérprete decida cuánto de despacio es despacio.

La música sale a la calle

Yo mismo llegué a dirigir el Adagietto como pieza independiente, y no fui el único que se dio cuenta de que se sostenía solo. En 1909 llegó a Gran Bretaña de la mano de Henry Wood, en los Proms, y la sinfonía entera tuvo que esperar allí hasta 1945. En 1968 Leonard Bernstein lo dirigió en la misa fúnebre de Robert F. Kennedy. Y en 1971 Luchino Visconti lo eligió para su película Death in Venice, de modo que esa página callada ha acompañado muchas despedidas.
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¿Te ha gustado conocer la historia de mi Symphony No 5? Ojalá te haya quedado la sensación de que detrás de esas notas hay una persona que escribió entre el miedo y la ilusión, y que quiso meterlo todo en una sola obra. Yo la escribí en una época de cambios, y creo que por eso sigo oyendo en ella tanto la sombra como la luz. Aun así, la historia que te he contado es solo una parte de lo que esta sinfonía puede ofrecerte. Todavía quedan muchos rincones por explorar: cómo se enlazan sus cinco movimientos, cómo reaparece en el final el material del Adagietto o cómo juega con el contrapunto, que tanto me interesó entonces. Cada vez que la escuches, seguramente descubrirás algo que se te había pasado por alto. Si te apetece seguir, haz clic en los enlaces que tienes por aquí y continúa tu paseo por la Symphony No 5. Te espero al otro lado, con la música ya sonando.