Pietro Mascagni
Compositor
1863 – 1945

¡Hola!, soy el compositor italiano Pietro Mascagni. Hoy quiero contarte la historia de mi vida, desde mis comienzos en Livorno hasta mis años componiendo óperas en Roma. Además, en esta web mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer mis obras cuando las escuchas, así que anímate a probar el entrenamiento .
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Entre hogazas de pan y partituras
Nací en Livorno en diciembre de 1863 y mi padre, Domenico Mascagni, tenía una panadería y quería a toda costa que yo estudiara derecho. Sin embargo, a mí me tiraban mucho más las notas musicales que las leyes, así que empecé a formarme en mi ciudad con Alfredo Soffredini. Gracias a la ayuda económica del conde Florestano de Larderel, en 1882 pude matricularme en el conservatorio de Milán, donde compartí habitación con Giacomo Puccini. Aunque tenía grandes profesores como Amilcare Ponchielli, la paciencia para las aulas no era mi fuerte y en 1885 dejé los estudios sin terminar la carrera.Un cajón con mucho futuro
Tras pasar unos años dirigiendo compañías de opereta de gira, me instalé en Cerignola para dar clases de piano y me casé con mi mujer, Lina, en febrero de 1889. Por aquel entonces escribí mi ópera de un solo acto, Cavalleria rusticana, para presentarla al concurso Sonzogno. Cuenta la leyenda que, lleno de dudas, guardé el manuscrito en un cajón y que fue Lina quien lo envió por correo el último día a mis espaldas, aunque nadie sabe con certeza si ocurrió así o si es un cuento adornado. Lo que sí es seguro es que en mayo de 1890 la obra ganó el premio y se estrenó en el Teatro Costanzi de Roma, dándome fama mundial de la noche a la mañana.De gira constante y con despacho en Pesaro
Aquella noche en Roma puso en marcha el verismo, una forma de hacer ópera con historias de gente corriente y pasiones de carne y hueso. A partir de ese momento mi vida dio un vuelco y empecé a viajar por toda Europa y América, tanto por mis obras como dirigiendo orquestas. Entre 1895 y 1902 tuve una etapa algo más tranquila viviendo en Pesaro, donde trabajé como director del Liceo Musicale Rossini. Para alguien que se marchó del conservatorio de Milán sin el título bajo el brazo, acabar dirigiendo una institución tan seria tuvo su gracia.Mucho más que un único éxito
Mucha gente piensa que me quedé en una sola obra, pero a lo largo de mi carrera compuse quince óperas y una opereta, además de música sacra como la Messa di Gloria. De hecho, me gustaba cambiar de aires y probé con la comedia pastoral en L'amico Fritz y con el simbolismo japonés en Iris, que me dieron grandes alegrías en los teatros. Aun así, el corazón del público siempre vuelve al mismo sitio, y aquí en esta página puedes escuchar el Intermezzo de Cavalleria rusticana. Es un momento puramente instrumental en medio del drama donde la melodía camina con una calma profunda, como ese suspiro de alivio cuando por fin llegas a casa después de un día agotador.Una habitación de hotel y malas compañías
Mi curiosidad me llevó incluso al cine mudo en 1917, cuando compuse la partitura orquestal para la película Rapsodia satanica. Unos años más tarde, en 1927, decidí mudarme a un apartamento en el Grand Hotel Plaza de Roma, ahorrándome para siempre el problema de hacer la mudanza. En 1929 me nombraron miembro fundador de la Real Academia de Italia, pero en esa época también me alineé públicamente con Benito Mussolini y el Partido Nacional Fascista. No está del todo claro cuánto hubo ahí de convicción real y cuánto de buscar apoyo para estrenar obras como mi ópera Nerone en 1935, pero fue un paso que me trajo graves problemas.El silencio después del aplauso
Cuando la Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin, aquellas decisiones políticas me pasaron una factura muy cara. Acabé mis días bastante aislado y con serios apuros económicos, muy lejos de los tiempos en que medio mundo se peleaba por invitarme a dirigir. Seguí viviendo en mi apartamento del Grand Hotel Plaza de Roma, viendo cómo cambiaba todo a mi alrededor desde la ventana. Allí mismo fallecí en agosto de 1945, dejando atrás una vida que había tenido tanto de triunfo ruidoso como de soledad final.Lo que queda en el escenario
Dicen las crónicas populares que en aquel estreno en Roma de 1890 salí a saludar entre cuarenta y sesenta veces, aunque nadie sabe si la cifra es real o una exageración del público. Más allá de si me dolieron los riñones de hacer tantas reverencias, me alegra saber que abrí la puerta del verismo en la ópera italiana. Demostré que no hacían falta reyes ni dioses antiguos para emocionar en un teatro, sino sentimientos directos que cualquiera pudiera entender. Hoy en día, tanto Cavalleria rusticana como su Intermezzo siguen sonando en los escenarios de todo el mundo como el primer día.Música directa al corazón
Cuando te sientes a escuchar mi música, no hace falta que busques tratados teóricos ni explicaciones complicadas. Siempre escribí pensando en que la melodía debía hablar por sí sola y pellizcarte por dentro desde el primer compás. Si te pones el Intermezzo de Cavalleria rusticana, déjate llevar por las cuerdas y tómate esos minutos para respirar hondo y olvidarte de las prisas. Al fin y al cabo, compuse cada nota para compartir emociones humanas de tú a tú, igual que una buena charla entre amigos.---
¿Te ha gustado acompañarme en este recorrido por mi vida? Si te apetece escuchar mi música, en esta página puedes descubrir el Intermezzo de Cavalleria rusticana. Haz clic en los enlaces de aquí abajo para adentrarte en esta obra.
Cavalleria rusticana Intermezzo
Intermezzo from Cavalleria rusticana
