Sergei Rachmaninoff
Compositor

1873 – 1943

Retrato de Rachmaninoff
Soy Sergei Rachmaninoff, compositor y pianista, y me alegra mucho que hayas llegado hasta aquí. En esta página quiero contarte la historia de mi vida, con sus alegrías y también con sus épocas más oscuras. Y si te apetece, en este sitio mis compañeros de oficio y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, así que  prueba el entrenamiento  cuando quieras.
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Nací un 1 de abril, así que tú verás si te fías

Nací el 1 de abril de 1873 en Semyonovo, cerca de Staraya Russa, y reconozco que la fecha invita a sospechar de todo lo que cuente a partir de aquí. Mi padre era un militar retirado que tocaba el piano por afición, y yo fui el tercero de seis hermanos. Empecé con el piano a los cuatro años, y en 1883 entré en el Conservatorio de San Petersburgo, donde estudié con Gustav Kross. Después me fui a Moscú, donde viví en casa de Nikolai Zverev.

Tres maestros y un diploma con honores

En el Conservatorio de Moscú tuve a Alexander Siloti para el piano, a Sergei Taneyev para el contrapunto, que es el arte de que varias melodías suenen a la vez sin pisarse, y a Anton Arensky para la composición. Me gradué en 1892 con la máxima distinción en composición y en piano, y eso no le pasa a cualquiera. Ese mismo año, con diecinueve años, escribí mi ópera Aleko y el Preludio en do sostenido menor. Fue un año en el que empecé a darme a conocer.

De Moscú a Dresde con la maleta y la batuta

Moscú fue mi ciudad durante buena parte de mi vida, y el 12 de mayo de 1902 me casé con mi prima hermana Natalia Satina, de modo que en la boda nadie necesitó presentaciones. Entre 1904 y febrero de 1906 fui director de orquesta en el Teatro Bolshói, hasta que presenté mi dimisión. Después me instalé en Dresde, donde viví de 1906 a 1909. Allí salieron mi Sinfonía n.º 2, que se estrenó en 1908, y mi Concierto para piano n.º 3, de 1909.

Un concierto que pide manos de gigante

La obra que más me representa entre las de esta web es el Piano Concerto No 2, que terminé en 1901 y que tuvo muy buena acogida. Empieza con el piano solo, con unos acordes que van creciendo despacio como campanas que se acercan, y después la orquesta entra con una melodía amplia que se te queda dentro. Ayudan para tocarlo unas manos como las mías, que eran muy grandes: según anotó el pianista Cyril Smith, con la izquierda yo alcanzaba una doceava, es decir, una octava más una quinta. Y esa música tiene su historia, porque llegó después de una época muy mala que te cuento ahora mismo.

Un estreno para olvidar

En 1897 se estrenó mi Sinfonía n.º 1 y salió muy mal, y César Cui la criticó con una dureza enorme. Sobre el director se ha dicho que había bebido de más, aunque otros hablan solo de pocos ensayos, y la verdad es que nadie lo tiene del todo claro. Yo caí en una depresión que duró unos tres años. Me ayudó el médico Nikolai Dahl, con sesiones de hipnoterapia entre enero y abril de 1900, y gracias a él volví a componer.

Una vida con las maletas siempre a medio deshacer

En 1917 salí de Rusia para siempre, y las 83 canciones que escribí las había compuesto todas antes de marcharme. Desde 1918 viví en Copenhague y luego en Nueva York, y más tarde tuve mi propia casa, la Villa Senar, en Hertenstein, a orillas del lago de Lucerna, en Suiza. Seguí componiendo, por ejemplo la Rapsodia sobre un tema de Paganini en 1934, y mi última obra fueron las Danzas sinfónicas de 1940. En 1942 me mudé a Beverly Hills, en California, Natalia y yo nos hicimos ciudadanos estadounidenses el 1 de febrero de 1943, y el 28 de marzo de ese año morí allí de melanoma.

Enterrado lejos de donde quería

Yo quería descansar en el cementerio de Novodevichy, en Moscú, pero mi ciudadanía estadounidense lo hizo imposible, y me enterraron en el Kensico Cemetery, en Valhalla, Nueva York. Aun así, Rusia no me ha olvidado, y en 1986 se inauguró la sala Rachmaninoff en el Conservatorio de Moscú. Además hay monumentos míos en Moscú desde 1999 y en Veliky Novgorod desde 2009. En mi época me consideraban uno de los mejores pianistas, pero lo que más me alegra es que mi música siga sonando hoy en las salas de concierto.

Lo que me gustaría dejarte en los oídos

Lo que quiero darte es una música que no te pida estudiar nada antes de escucharla. Mis melodías son largas y cantables, y consiguen que sientas la nostalgia sin que nadie tenga que explicártela. Si empiezas por el Piano Concerto No 2, fíjate en cómo los acordes del principio se van abriendo hasta llenar toda la sala. Y luego dime, ¿no tienes la impresión de que esa música te conoce un poco?
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¿Has disfrutado conociendo mi vida, con sus alegrías, sus tropiezos y esos años en los que pensé que no volvería a componer? En este sitio puedes explorar una de las obras que más cariño me ha dado, el Piano Concerto No 2. Haz clic en los enlaces de abajo y entra en esa música con calma, como quien abre la puerta de una casa en la que lo esperan.
Piano Concerto No 2
Piano Concerto No. 2 in C minor, Op. 18