Una cura de hipnosis con el Piano Concerto No 2 de Rachmaninoff
Los mejores momentos
Piano Concerto No. 2 in C minor, Op. 18

Soy Sergei Rachmaninoff, y te doy la bienvenida a los mejores momentos de mi Piano Concerto No 2. Vas a escuchar las melodías más hondas que escribí al salir de unos años muy oscuros, en los que apenas compuse, y entenderás por qué tanta gente vuelve a ellas. En este sitio, mis compañeros compositores y yo también te enseñamos a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, así que te invito a probar el entrenamiento cuando quieras.
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Campanadas antes de abrir la puerta
Yo empiezo el Moderato con el piano solo, tocando unos acordes que van creciendo como campanadas, y te aseguro que nadie sabe todavía hacia dónde vamos, ni siquiera el piano. Cuando por fin entran las cuerdas y el clarinete con el tema principal, es como si alguien abriera la puerta después de tanto llamar, y por cierto, este fue el último que terminé, a principios de 1901, porque me costó más que los otros.
Un cambio de luz sin pedir permiso
Yo arranco el Adagio sostenuto saliendo poco a poco de do menor para instalarme en mi mayor, y lo hago tan suavemente que el oyente apenas nota que le he cambiado la luz de la habitación. Después le cedo al clarinete un solo larguísimo, el piano se lanza a una cadencia, y al final todo se apaga despacio hasta que el solista se queda solo, de modo que, si alguna vez te suena a canción de amor melancólica, es normal: Eric Carmen la usó para «All by Myself».
El final, con la chaqueta quitada
Yo abro el Allegro scherzando todavía en do menor, con un aire inquieto que parece preguntarse si de verdad merece la pena ponerse alegre. Pues sí merece la pena, porque el movimiento va caminando hacia do mayor y la coda termina allí, con una luminosidad tan decidida que Percy Grainger lo transcribió para piano solo en 1946, supongo que para no dejar esa alegría únicamente en manos de la orquesta.
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¿Has disfrutado conociendo los mejores momentos de mi Piano Concerto No 2? Yo, desde luego, he disfrutado contándotelos, porque esta música me devolvió algo que creía perdido. Cuando pienso en ella, recuerdo lo difícil que fueron aquellos años después del fracaso de mi Primera Sinfonía, y lo mucho que me ayudó el doctor Nikolai Dahl, a quien dediqué el concierto. Por eso, para mí, cada vez que suenan esas campanadas del principio, suena también una forma de gratitud. Aun así, todavía quedan muchos aspectos del concierto por explorar. Puedes fijarte en cómo se reparte la orquesta, en la manera en que el concierto se estrenó primero a trozos y después entero, o en el camino que ha seguido mi música en el cine y en las canciones que vinieron mucho después. También puedes descubrir cómo lo recibieron los críticos y el público, que no siempre estuvieron de acuerdo, y eso a mí me sigue pareciendo curioso. Si te apetece seguir adentrándote en el Piano Concerto No 2, haz clic en los enlaces que tienes en esta página. Allí encontrarás más historias y más música para seguir escuchando con calma. Yo te espero al otro lado de la última nota, con la misma puerta abierta que me abrieron a mí.
Grabación: Sviatoslav Richter, Stanisław Wisłocki, Warsaw National Philharmonic Orchestra (1959), Public domain
