Una cura de hipnosis con el Piano Concerto No 2 de Rachmaninoff
Entre bastidores
Piano Concerto No. 2 in C minor, Op. 18

Soy Sergei Rachmaninoff, y te doy la bienvenida a la historia que hay detrás de mi Piano Concerto No 2. Te cuento cómo salí de un fracaso que me dejó sin música y cómo, con ayuda del doctor Dahl, volví a escribir las páginas que hoy conoces. Mis compañeros compositores y yo te enseñamos aquí a reconocer nuestras obras cuando suenan, así que, si te apetece, empieza por probar el entrenamiento .
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Un estreno para olvidar
En marzo de 1897 estrenaron mi Primera Sinfonía, y el resultado fue un fracaso tan grande que me hundió por dentro. Yo salí de aquel concierto convencido de que no valía para componer, y esa idea se me quedó clavada durante mucho tiempo. Pasé cerca de tres años escribiendo muy poco, con la sensación de que cada página en blanco me miraba con reproche. Si hoy puedes escuchar mi Piano Concerto No 2, es porque aquel silencio terminó, pero antes tuve que atravesarlo entero.Una visita que no me consoló
En 1899 fui a ver a León Tolstói, con la esperanza de que un hombre tan sabio me levantara el ánimo. Salí de allí todavía más abatido de lo que había entrado, y eso que yo iba con toda la buena voluntad del mundo. A veces uno busca consuelo en el sitio equivocado y se lleva de vuelta el mismo peso, ahora con un poco más de cansancio. Mi familia vio que aquello no mejoraba y decidió que ya era hora de buscar ayuda de verdad.Mi médico y sus sesiones diarias
Mis familiares me mandaron al neurólogo Nikolai Dahl, y de enero a abril de 1900 me trató todos los días. Usaba la hipnoterapia y largas conversaciones de apoyo, que me ayudaron a recuperar la salud y, sobre todo, la confianza. Yo, que llegué sin querer saber nada de música nueva, empecé a imaginar otra vez frases enteras con sus melodías. Por eso, cuando terminé el concierto, supe enseguida a quién se lo tenía que dedicar.Verano en Italia con un gran bajo
En junio de 1900 me fui a Italia y me alojé con Fiódor Chaliapin, que tenía una voz capaz de hacer temblar los cristales. Allí compuse el dúo de amor de mi ópera Francesca da Rimini, y la música me salía con una soltura que ya había olvidado. En esos mismos días empecé el segundo y el tercer movimiento del concierto. Fue como si el sol de aquel verano hubiera descongelado algo que yo llevaba guardado desde hacía años.El primo que pagaba el alquiler
No todo fue inspiración, porque componer también exige comer y tener un techo. Mi primo Alexander Siloti me apoyó con dinero, de modo que pude trabajar sin pensar en el alquiler. Yo se lo agradecí a mi manera, que consistía en no decir gran cosa y escribir lo mejor que sabía. Además, él sería después quien dirigiera el estreno, así que su ayuda me salió más que rentable.Tres platos en una sola cena
Un concierto se divide en movimientos, que son como los platos de una cena larga: cada uno tiene su carácter y juntos forman una comida completa. El primer plato es el Moderato, en do menor, un paso serio y firme que va reuniendo fuerza poco a poco. Después llega el Adagio sostenuto, en mi mayor, que es el plato lento y tranquilo, de esos que se toman sin mirar el reloj. Cierro con el Allegro scherzando, que empieza en do menor, pero termina en do mayor, con mucha energía y una sensación de victoria.Dos estrenos en vez de uno
Fíjate en que este concierto tuvo dos estrenos, porque el 15 de diciembre de 1900 toqué en Moscú, en el Salón de la Nobleza, solo el segundo y el tercer movimiento. Siloti dirigía y yo estaba al piano, y aquello me animó a terminar lo que faltaba. El primer movimiento me costó lo suyo, pero al final lo cerré y el 9 de noviembre de 1901 se oyó la obra completa en un concierto de la Sociedad Filarmónica de Moscú. Otra vez estábamos Siloti y yo, y esta vez el concierto tenía por fin sus tres movimientos.Un número de opus que no cuadra
A. Gutheil, de Moscú, publicó la partitura en 1901, y desde entonces cualquier pianista pudo ponerse a trabajarla. Hay un detalle que confunde a más de uno: mi Suite No. 2 para dos pianos salió publicada después, pero lleva el número de opus 17, uno menos que el concierto. Los números de opus no siempre siguen el orden en que se publica cada obra, y yo nunca me preocupé demasiado por eso. Si algún día ves una lista con mis obras y te parece desordenada, ya sabes que no es un error tuyo.De Leipzig a Filadelfia
En enero de 1902 Siloti tocó el concierto en Leipzig con la Orquesta del Gewandhaus, dirigida por Arthur Nikisch, y así la obra empezó a salir de Rusia. En 1904 recibí el Premio Glinka, que incluía 500 rublos por este concierto, y te confieso que me vinieron muy bien. Mi debut en Estados Unidos con la obra fue el 8 de noviembre de 1909 en Filadelfia, con la Orquesta Sinfónica de Boston dirigida por Max Fiedler, aunque los críticos de allí se mostraron más bien fríos. No me importó demasiado, porque lo toqué 143 veces a lo largo de mi vida, y la última fue en el Hollywood Bowl el 18 de junio de 1942.Los críticos dudan, el público no
Con los años descubrí algo curioso: los críticos a menudo han sido bastante duros con este concierto, pero el público lo adora. Lo han usado en el cine, por ejemplo en Brief Encounter, de 1945, y en The Seven Year Itch, de 1955. Eric Carmen se inspiró en el segundo movimiento para su canción «All by Myself», de 1975, y el grupo Muse también ha tomado ideas de mi música. En 2023, 2024 y 2025 los oyentes de Classic FM lo votaron como número uno de su Hall of Fame, y yo, que empecé esta historia sin confianza ninguna, no puedo pedir un final mejor.---
Y hasta aquí llega la historia de cómo nació mi Piano Concerto No 2, con sus años de silencio y con el camino que me devolvió la confianza. ¿Te ha gustado conocer el trasfondo de mi Piano Concerto No 2? Yo, desde luego, no puedo contarlo sin acordarme del doctor Nikolai Dahl, a quien dediqué la obra con una gratitud que todavía hoy me acompaña. Cuando miro atrás, me parece que esta música nació de una larga espera, y que por eso suena como suena: con paciencia, con dudas y, al final, con una luz que se abre paso. Pero todavía queda mucho por descubrir en esta obra. Hay detalles en cada uno de los tres movimientos, y hay muchas historias sobre cómo ha viajado la música desde Moscú hasta oyentes que ni siquiera sabían mi nombre. Te invito a hacer clic en los enlaces que tienes aquí para seguir explorando mi Piano Concerto No 2. Escúchalo con calma, y quizá encuentres en él algo que no esperabas.
