Una cura de hipnosis con el Piano Concerto No 2 de Rachmaninoff
II. Adagio sostenuto

Piano Concerto No. 2 in C minor, Op. 18

Rachmaninoff presenta una guía de escucha de II. Adagio sostenuto, de Piano Concerto No 2
Soy Sergei Rachmaninoff, y ahora me toca explicarte el II. Adagio sostenuto de mi Piano Concerto No 2. Vas a escuchar un largo solo de clarinete que canta con total calma, y merece la pena porque la música se apaga despacio hasta dejar al piano completamente solo. Anímate a  entrar al entrenamiento , porque en este sitio mis compañeros compositores y yo también te enseñamos a reconocer nuestras obras en cuanto las escuchas.
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Cómo escuchar sin prisa ni mapa

Si nunca has escuchado música clásica, te propongo algo muy sencillo: en este movimiento basta con fijarte en quién canta en cada momento, y casi siempre son el piano, el clarinete o las cuerdas. Las cuerdas extienden debajo una alfombra de sonido, el clarinete aparece como una voz cercana que parece hablarte al oído, y el piano unas veces acompaña, otras responde y al final se queda solo. No esperes sobresaltos, porque este es un movimiento para dejarse llevar, como quien se sienta junto a la ventana a ver cómo cae la tarde. Y si la melodía te suena de algo, quizá conozcas la canción «All by Myself», de Eric Carmen, de 1975, que está basada en este movimiento.

Un título que pide respirar hondo

Adagio significa lento y pausado, y sostenuto me sirve para pedir que cada nota se sostenga, se alargue y no se corte antes de tiempo. Elegí ese título porque, después de aquellos años de silencio, quería una música que respirara despacio y que no tuviera ninguna prisa por llegar a ninguna parte. Empecé a escribir este movimiento en junio de 1900, durante una estancia en Italia con mi amigo Fiódor Chaliapin, y allí lo fui trabajando junto con el tercero. Para mí aquel título era casi una forma de recordarme a mí mismo que se puede avanzar con calma, nota a nota.

Una forma que no cabe en una etiqueta

Este movimiento no cabe en un molde conocido: cada idea conduce a la siguiente. Prefiero contártelo como un paseo con cuatro paradas. Primero llega una entrada que nos traslada hasta el mi mayor, después el clarinete toma la palabra, más tarde el piano se queda solo con su cadencia, y al final todo se va apagando. Ahora vamos a recorrer esas paradas una por una, y verás que cada una tiene su propio carácter.

Sección 1: Cambiar de tonalidad sin hacer ruido

Empiezo saliendo del do menor, la tonalidad oscura del primer movimiento, y poco a poco me instalo en el mi mayor, que es la tonalidad en la que se asienta todo el movimiento. Ese paso se produce con tanta suavidad que quizá no notes el momento exacto en que ocurre, y justo eso es lo que quería. Las cuerdas llevan el peso de este arranque con un sonido amplio y envolvente, mientras el piano entra con discreción, como quien llama a la puerta sin querer molestar. El ambiente es el de alguien que acaba de dejar atrás una tormenta y todavía no se atreve a hablar fuerte.

Sección 2: El clarinete pide la palabra

Aquí llega uno de los momentos que más quiero que no te pierdas: un solo largo de clarinete, que canta una melodía serena y un poco melancólica. Lo escribí largo a propósito, para que tuvieras tiempo de acostumbrarte a esa voz y de sentir que te cuenta algo personal, casi un secreto a media voz. El piano no se marcha, sino que se mueve por debajo con delicadeza, y las cuerdas lo arropan para que la melodía no se quede sola. El ánimo es de confidencia, de quien por fin se atreve a decir en voz alta lo que ha callado durante mucho tiempo.

Sección 3: El piano se queda con el micrófono

Después le toca al piano, que se luce en una cadencia, es decir, un pasaje en el que el solista toca con libertad y con la sensación de improvisar. Las notas corren, se detienen, vuelven a correr y se elevan, y notarás que el piano ya no acompaña a nadie, sino que cuenta su propia historia. Yo era pianista antes que nada, y te confieso que me gusta que el solista tenga un espacio así para respirar y mostrar lo que lleva dentro. El ánimo cambia del susurro a una emoción más abierta, sin perder nunca la ternura que une a todo el movimiento.

Sección 4: Una vela que se consume despacio

Al final no hay un gran golpe de orquesta ni un cierre rotundo, sino un desvanecimiento gradual. Poco a poco los instrumentos de la orquesta se van retirando, igual que los invitados cuando la velada ya ha sido larga y agradable. Al final solo queda el solista, con su sonido suave, y es entonces cuando el movimiento parece quedarse suspendido en el aire. Ese silencio que sigue es parte de la música, así que no tengas prisa en pasar al siguiente movimiento.

Dale al play y siéntate

Ahora te toca a ti: dale al play y deja que la música te vaya envolviendo sin esfuerzo. Mientras escuchas, quizá te ayude recordar lo que hemos hablado, es decir, las cuerdas que sostienen, el clarinete que confiesa y el piano que se queda solo al final. No hace falta que lo entiendas todo a la primera, porque esta música funciona también si simplemente te dejas llevar. Ojalá disfrutes recorriendo mi Adagio sostenuto tanto como yo disfruté escribiéndolo.
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¿Te ha gustado descubrir conmigo el II. Adagio sostenuto de mi Piano Concerto No 2? Ojalá ahora, cuando vuelvas a oírlo, notes enseguida ese paso suave desde do menor hacia mi mayor, la voz del clarinete y el momento en que el piano se queda solo. A mí me gusta pensar que esta música no termina del todo cuando se apaga el último sonido, sino que se queda un rato contigo, en silencio. Y todavía queda mucho por explorar en mi Piano Concerto No 2. Hay otros movimientos con su propio carácter, historias que explican cómo nació la obra y momentos que merecen una escucha más atenta. Haz clic en los enlaces que tienes en esta página y sigue descubriendo el concierto a tu ritmo, sin prisa. Yo te espero en la próxima escucha.