Fiordos y cadencias en el Piano Concerto in A Minor de Grieg
Los mejores momentos
Piano Concerto in A minor, Op. 16

Soy Edvard Grieg, y te doy la bienvenida a los mejores momentos de mi Piano Concerto in A Minor. Vas a escuchar cómo el último movimiento se lanza a bailar una halling, una danza popular noruega llena de energía, y cómo acaba brillando en La mayor. En esta web mis compañeros y yo te enseñamos además a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, y te invito a probar el entrenamiento ahora.
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Llamo a la puerta con un timbal
Yo empiezo el primer movimiento, Allegro molto moderato, con un redoble de timbal que arranca casi en un susurro y va creciendo hasta un acorde seco de toda la orquesta, como quien carraspea antes de dar una noticia importante. Entonces entra el piano y baja por el teclado con octavas y acordes de un solo trazo, y así deja claro desde el primer segundo que estamos en La menor y que esto va en serio.
Me mudo a un barrio lejano
Yo abro el Adagio con las cuerdas con sordina, que tocan como de puntillas para no despertar a los vecinos, y con una melodía tranquila que invita a quedarse pensando. Todo sucede en re bemol mayor, una tonalidad bastante alejada de la del primer movimiento, y el piano no aparece hasta la parte central, con figuras amplias y soñadoras, antes de que la música pase sin pausa al final.
Una danza para no quedarse sentado
Yo arranco el último movimiento, Allegro moderato molto e marcato, con un tema en compás de 2/4 inspirado en el halling, una danza popular noruega tan atlética que parece más una prueba deportiva que un baile. En esa melodía se oyen también ecos rítmicos y armónicos del violín de Hardanger, y en medio una flauta sola trae una melodía pastoral en fa mayor que da un respiro, hasta que la danza vuelve y todo termina en La mayor.
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¿Has disfrutado conociendo los mejores momentos del Piano Concerto in A Minor? Yo espero que sí, y que ahora, al volver a escuchar el redoble del timbal o el final en La mayor, notes cosas que antes se te escapaban. Piensa que esta obra me acompañó durante casi toda la vida: la escribí en el verano de 1868, con veinticinco años, y seguí retocándola hasta poco antes de morir, en 1907. Todavía quedan muchos aspectos del Piano Concerto in A Minor por explorar. Hay historias como la del estreno en Copenhague, al que yo no pude asistir, o la del día en que Franz Liszt leyó mi manuscrito al piano en Roma. También está el parecido con el concierto de Schumann, que me sirvió de modelo, y el modo en que la música popular se ha apropiado de mi obra mucho después. Si te apetece seguir descubriendo, haz clic en los enlaces que tienes aquí y sigue explorando el Piano Concerto in A Minor a tu ritmo. Yo te espero en la próxima escucha, y quizá entonces el piano te cuente algo nuevo.
Grabación: Edvard Grieg, Public domain
