Fiordos y cadencias en el Piano Concerto in A Minor de Grieg
Entre bastidores
Piano Concerto in A minor, Op. 16

Soy Edvard Grieg, y te cuento con mucho gusto la historia que hay detrás de mi Piano Concerto in A Minor. Vas a descubrir por qué me perdí el estreno de mi propio concierto en Copenhague, en 1869, y cómo se las arregló la música sin mí. Si te apetece aprender a reconocer una obra en cuanto suena, mis compañeros y yo te lo enseñamos en esta web, así que entra al entrenamiento y pruébalo.
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Un verano danés con biberón
Escribí el concierto en el verano de 1868, mientras vivía en Søllerød, en Dinamarca, y tenía solo 25 años. Me había casado con mi prima Nina Hagerup en junio del año anterior, y en abril de ese mismo año había nacido nuestra hija Alexandra. Aun así, la música salió con una frescura que todavía me sorprende. Supongo que cuando uno es joven y está enamorado, las ideas llegan solas, incluso entre pañales.Una obra que nadie me pidió
Nadie me encargó este concierto: lo escribí porque me apetecía y porque tenía la música dentro. Al principio pensaba dedicárselo a mi amigo Rikard Nordraak, un compositor noruego como yo que ya no estaba con nosotros. Al final, la partitura publicada lleva el nombre del pianista Edmund Neupert. Así que mi recuerdo para Rikard quedó en el corazón, y la dedicatoria, en otra persona.Un maestro a quien miré de reojo
Para la forma me fijé mucho en el concierto para piano de Robert Schumann: tres movimientos, la misma tonalidad de La menor y un piano que entra con una cascada. Pero no copié nota por nota, y quien compare las dos entradas lo notará enseguida. La mía baja con un paso pequeño y luego otro algo mayor, un gesto muy propio de la música de mi tierra. Es como dos personas vestidas de azul: coinciden en el color, pero no en el traje.Tres capítulos, ni uno más
Si nunca has oído hablar de movimientos, piensa en los capítulos de una novela: cada uno tiene su propio ritmo y su propio carácter, y la historia se entiende leyéndolos en orden. El primero, Allegro molto moderato, es el capítulo de las presentaciones, y en él el piano se luce con un gran solo sin orquesta que dejé escrito yo mismo. El segundo, el Adagio, es el capítulo de respirar hondo, y acaba sin pausa para que pases directamente al tercero. Ese último, Allegro moderato molto e marcato, es el capítulo de la fiesta, donde todo se anima y la novela se cierra por todo lo alto.Mi estreno sin mí
El estreno fue el 3 de abril de 1869 en el Casino Theatre de Copenhague, con Edmund Neupert al piano y Holger Simon Paulli dirigiendo. Yo no estuve, porque tenía compromisos dirigiendo una orquesta en Christiania, la ciudad que hoy se llama Oslo. Es raro ser el autor y perderte la primera vez que tu música suena ante el público. Me tocó imaginarlo desde lejos, que es lo más parecido a seguir un partido por la radio.Un piano prestado de lujo
Entre el público de aquella noche estaba el pianista ruso Anton Rubinstein. Y no solo estaba: prestó su propio piano de gira para el concierto. Se lo agradezco hasta hoy, aunque yo no pudiera verlo con mis propios ojos. Para un pianista, prestar su instrumento es como prestar su cepillo de dientes: no se lo deja a cualquiera.Liszt lee mi manuscrito a primera vista
En 1870, en Roma, Franz Liszt se sentó al piano, leyó mi manuscrito a primera vista y elogió con entusiasmo el trabajo de aquel compositor joven. Me sugirió además un cambio de orquestación: que el segundo tema del primer movimiento lo tocara la trompeta en lugar de los violonchelos. Seguí su consejo en una edición intermedia, pero después cambié de opinión y devolví la melodía a los violonchelos. Lo siento por la trompeta, pero esa melodía suena más cálida cuando la canta una cuerda grave.El concierto que nunca terminé de retocar
La partitura se publicó por primera vez en 1872, en Leipzig, de la mano del editor E. W. Fritzsch. Pero yo no dejé de corregirla: la revisé al menos siete veces a lo largo de mi vida. Hice más de trescientos cambios solo en la orquestación, y la versión definitiva salió poco antes de mi muerte, en 1907. Soy como el pintor que sigue dando pinceladas a un cuadro que ya está colgado en la pared.Mi único concierto, y sin apodo
Es el único concierto que terminé, porque el segundo para piano, en si menor, que proyecté en 1883, se quedó sin acabar. Tampoco tiene un apodo oficial: se le conoce por el género, la tonalidad y el compositor, como un gato al que nadie se molestó en ponerle nombre. Además, los estudiosos discuten todavía si Edmund Neupert escribió parte de la cadencia del primer movimiento o me sugirió cambios aquel verano de 1868. La verdad es que nadie lo sabe con certeza, y quizá nunca se sepa.Mi concierto sale en la tele
En 1961 Jimmy Wisner adaptó mi música en un éxito pop llamado Asia Minor. Diez años después, en la Navidad de 1971, la BBC emitió un sketch de los cómicos Morecambe y Wise con el director André Previn, en el que mi concierto tenía un papel importante. Me hace gracia pensar que una música nacida en un verano danés acabara en las listas de éxitos y en la televisión de Navidad. Si el concierto ha sobrevivido a todo eso, creo que sobrevivirá a casi cualquier cosa.---
¿Te ha gustado conocer la historia de mi Piano Concerto in A Minor? Yo lo escribí con veinticinco años y, mirándolo ahora, me alegra que siga encontrando oyentes que lo sienten como suyo. Con los años no dejé de volver sobre la partitura, y todavía me parece curioso que una obra se pueda seguir puliendo mucho después de haberla estrenado. Aun así, queda mucho por descubrir de este concierto. Todavía puedes fijarte en cómo suena en manos de distintos pianistas, en el modo en que el segundo movimiento desemboca sin pausa en el final, o en los lugares donde se asoma el sabor de mi tierra. Si te apetece seguir explorando, haz clic en los enlaces que te dejamos y sigue conociendo esta obra a tu ritmo. Ojalá la próxima vez que la escuches reconozcas algo nuevo, como quien vuelve a un paisaje conocido y descubre un rincón en el que no había reparado.
