Luna llena y piano con la Moonlight Sonata de Beethoven
III. Presto Agitato

Piano Sonata No. 14 in C-sharp minor, Op. 27 No. 2 ("Moonlight")

Beethoven presenta una guía de escucha de III. Presto Agitato, de Moonlight Sonata
Soy Beethoven, y ahora voy a explicarte el tercer movimiento de mi Moonlight Sonata, el Presto agitato. Vas a escuchar cómo una música que casi siempre se mueve en piano estalla de pronto en sforzandos y fortissimos, y por eso te tiene en tensión de principio a fin. Mis colegas y yo te enseñamos en este sitio a reconocer nuestras piezas cuando las oyes, de modo que  empieza con el entrenamiento  y pruébalo tú mismo.
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Cómo escuchar una tormenta con diez dedos

Aquí solo suena un piano, pero te aviso de que en este último movimiento parece que haya muchos más músicos de los que hay. Presta atención a la mano izquierda, que sostiene un ritmo que no se detiene, y a la derecha, que sube y baja por las notas de los acordes a toda velocidad, lo que llamamos arpegios. Cuando oigas un golpe seco que te haga dar un respingo en el sillón, ese es uno de mis acentos fuertes, y están puestos a propósito. No intentes seguirlo todo a la vez: quédate con la sensación de una carrera cuesta abajo y deja que la música te arrastre.

Por qué lo llamé Presto agitato

Presto quiere decir muy rápido, y agitato, agitado, así que juntas las dos palabras ya tienes el retrato completo del movimiento. Podría haber escrito solo Presto, pero quería que el pianista supiera que no se trata de correr por correr, sino de correr con los nervios a flor de piel. Después de un primer movimiento que no sube nunca de volumen y de un Allegretto que llega como un respiro, necesitaba que la sonata dijera por fin lo que llevaba dentro. Por eso lo dejé en do sostenido menor, la misma tonalidad oscura con la que empieza todo, como si la sombra volviera a reclamar lo suyo.

La forma: una historia en cuatro tiempos

Para este movimiento escogí la forma sonata, que es una manera de contar una historia en cuatro tiempos: presentar las ideas, ponerlas a prueba, devolverlas a casa y despedirse. Piensa en una novela con planteamiento, nudo, desenlace y un epílogo, solo que aquí los personajes son temas musicales y no se paran a tomar aire. Si te parece que los pasajes se persiguen unos a otros, es porque así los pensé: ninguna sección te deja descansar demasiado antes de empujarte a la siguiente. Ahora te cuento cada parte por separado, para que reconozcas dónde estás mientras suena.

Sección 1: La exposición, o el motor que arranca sin calentar

Todo empieza en do sostenido menor, en un compás de cuatro tiempos y con un ritmo vertiginoso que no pide permiso. Primero oyes esos arpegios que suben como una ola, y enseguida llegan los acordes secos que te marcan el pulso con firmeza. Aunque casi todo se toca en volumen suave, de pronto irrumpen sforzandos y pasajes en fortissimo que rompen la superficie como un trueno en una noche tranquila. Fíjate en que el ánimo no cambia de golpe a la luz, sino que se mueve entre la inquietud y la rabia contenida.

Sección 2: El desarrollo, donde nadie se queda quieto

En esta parte tomo las ideas que acabas de oír y las zarandeo, las troceo y las mezclo para ver hasta dónde aguantan. El acompañamiento de la mano izquierda, con sus notas repartidas en vaivén, sigue empujando sin tregua, mientras la tensión se acumula como el agua detrás de una presa. Aquí es donde más se nota que el movimiento exige resistencia al pianista, porque no hay un solo compás en el que pueda relajar las manos. Escucha cómo el ánimo se vuelve más inestable y cómo parece que la música busca una salida sin encontrarla.

Sección 3: La reexposición, volver a casa con los nervios intactos

Después de tanta agitación regresan los temas del principio, otra vez en do sostenido menor, y tú los reconoces como a un conocido que cruza la calle. Pero no vuelven iguales, porque ya han pasado por el desarrollo y llegan más cansados y más decididos. Los arpegios veloces y los acentos fuertes reaparecen con la misma fuerza, y no hay ninguna promesa de que todo vaya a acabar en paz. Es el momento en que entiendes que esta historia no va a terminar con una sonrisa, sino con una resolución firme.

Sección 4: La coda, el último empujón antes del silencio

La coda es mi despedida: una parte final en la que el movimiento reúne sus fuerzas y no quiere soltarte todavía. Oirás cómo el pulso rápido se mantiene y cómo la música alterna entre momentos de contención y estallidos de energía. Cuando por fin se acerca el final, el piano baja a un respiro breve, como quien contiene el aliento, y después se lanza hacia los últimos acordes con toda su fuerza. Así cierro la sonata entera, con el mismo carácter oscuro con el que la abrí, pero sin ninguna calma a la vista.

Ahora te toca a ti

Ahora te invito a que vivas este Presto agitato por ti mismo: pulsa el play y déjate llevar por la música. Mientras escuchas, quizá te sirva recordar lo que hemos hablado: los arpegios, los golpes de acento y el camino de cada sección. No hace falta que lo entiendas todo a la primera, porque la música también funciona si solo te dejas arrastrar. Espero que este viaje por mi Presto agitato te emocione tanto como me emocionó a mí escribirlo.
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Y hasta aquí llega mi guía de escucha del III. Presto Agitato de la Moonlight Sonata. ¿Te ha gustado descubrir cómo suena este final, con sus arpegios veloces y esos acentos que irrumpen cuando menos los esperas? Después de tanta calma en los dos primeros movimientos, quizá ahora lo escuches con otros oídos, y con la sensación de haber recorrido la sonata entera de principio a fin. Aun así, la Moonlight Sonata guarda muchos más rincones por explorar, desde las historias que rodean su nacimiento hasta los detalles de cada uno de sus movimientos. Si te ha quedado curiosidad, haz clic en los enlaces que tienes en esta página y sigue conociendo mi sonata a tu ritmo. Yo me quedo con la esperanza de que la próxima vez que la oigas, descubras en ella algo que hoy se te pasó por alto.