Luna llena y piano con la Moonlight Sonata de Beethoven
Entre bastidores

Piano Sonata No. 14 in C-sharp minor, Op. 27 No. 2 ("Moonlight")

Beethoven cuenta lo que hay entre bastidores de Moonlight Sonata
Soy Beethoven, y me alegra contarte aquí la historia que hay detrás de mi Moonlight Sonata. Vas a conocer a Giulietta Guicciardi, la alumna a quien dediqué esta sonata, y la carta de noviembre de 1801 en la que escribí sobre una muchacha querida y mágica. Cuando termines,  pásate por el entrenamiento : allí mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto empiezan a sonar.
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Un piano, sin orquesta y sin excusas

Esta sonata es para piano solo, sin orquesta ni nadie más que me eche una mano, así que todo recae sobre un único instrumento. Su nombre completo es Sonata para piano n.º 14 en do sostenido menor, Op. 27 n.º 2. Ese «Op.» es la abreviatura de «opus», que significa «obra» y funciona como el número de expediente de una carpeta. Lo curioso es que detrás de tanto papeleo hay una de las músicas más serenas que he escrito.

Una hermana con el mismo apellido

No escribí esta sonata sola, porque el Op. 27 son en realidad dos: la primera en mi bemol mayor y la que tú conoces en do sostenido menor. A las dos les puse el subtítulo «Sonata quasi una fantasia», que viene a decir que suenan casi como si el pianista improvisara sobre la marcha. Se suele decir que las compuse entre la primavera y el otoño de 1801, aunque hay quien las coloca en 1802. La primera se la dediqué a Josephine, princesa de Liechtenstein, y la segunda, la que tú conoces, se la dediqué a una alumna.

Un forastero con los oídos en apuros

Yo había salido de Bonn y me había instalado en Viena en noviembre de 1792, con la idea de hacerme un hueco como pianista y compositor. Hacia 1798 empecé a notar que el oído me fallaba, y cuando escribí esta sonata ya iba a peor. Para un músico eso es una noticia terrible, y la llevé en silencio durante mucho tiempo. Conviene tenerlo presente al escuchar la sonata, porque buena parte de su calma se escribió con esa preocupación a cuestas.

Una alumna llamada Giulietta

En 1800 conocí a Julie Guicciardi, a la que todos llamaban Giulietta, y empecé a darle clases de piano. En noviembre de 1801 le escribí a mi amigo Franz Gerhard Wegeler que había una muchacha querida y mágica que me quería, y se nota que yo andaba contento. Lo que nadie sabe es si estaba enamorado de ella mientras componía o si la música la refleja de algún modo. Convertir cada nota en una carta de amor es pedirle demasiado a un teclado, así que prefiero que lo dejemos en un «quizá».

Una dedicatoria y un final poco romántico

La sonata salió publicada en Viena en 1802, de la mano de Giovanni Cappi, con la dedicatoria a Giulietta. Giulietta fue la destinataria de la dedicatoria, y era alumna mía. La historia, sin embargo, no acabó bien, porque su matrimonio con el conde Robert Gallenberg puso fin a nuestra relación en 1803. La música se quedó con su nombre, y a mí me quedó el consuelo de que esas notas siguieran sonando.

Tres movimientos, como un menú de tres platos

Un movimiento es cada una de las partes en que se divide una obra grande, igual que los platos de una comida: se toman uno detrás de otro, cada uno con su propio carácter, y aun así forman una sola cena. El primer plato es el Adagio sostenuto, lento y sombrío, en do sostenido menor, que te envuelve poco a poco. El segundo es el Allegretto, en re bemol mayor, más ligero y con aire de minueto, y se sirve con un Trio, que es una parte central algo distinta antes de volver al comienzo. El tercero es el Presto agitato, de nuevo en do sostenido menor, rapidísimo y lleno de tensión, de modo que los dos movimientos de los extremos son oscuros y el del medio es el único que abre una ventana.

El apodo que llegó cuando yo ya no estaba para opinar

Yo nunca llamé «Moonlight» a esta sonata, y tampoco la escribí a la luz de la luna, por muy bonita que sea la imagen. El apodo se lo debemos al poeta y crítico Ludwig Rellstab, que comparó el primer movimiento con una barca que se desliza por el lago de Lucerna bajo la luna. Eso ocurrió más tarde, cuando la sonata ya corría de mano en mano. La comparación gustó tanto que se quedó pegada a la obra, y hoy mucha gente la conoce solo por ese nombre.

Una carta que nadie leyó a tiempo

En octubre de 1802, en Heiligenstadt, escribí una carta a mis hermanos para contarles lo que me pasaba con la sordera. Es el famoso Testamento de Heiligenstadt, y nunca llegué a enviarla: la guardé entre mis papeles privados. La encontraron después de mi muerte en Viena, en 1827, y gracias a ella se entiende mejor cuánto me pesaba aquel secreto. Si te acuerdas de ella al escuchar la sonata, comprenderás por qué en esa música tan callada hay tanto que no se dice.
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Y hasta aquí llega la historia de mi Moonlight Sonata. ¿Te ha gustado conocer cómo nació esta sonata y todo lo que se esconde detrás de ese nombre que yo nunca le puse? Cuando miro atrás, me gusta pensar que una música tan callada pudo salir de un año en el que yo ya notaba que el oído me fallaba. Quizá por eso sigue sonando tan cercana, como una confidencia hecha en voz baja. Todavía quedan muchos aspectos de esta sonata por explorar. Hay detalles de cada movimiento, de la forma en que se construyen y de la manera de tocarlos que merecen una escucha más atenta. Si te apetece seguir descubriéndola, haz clic en los enlaces que tienes a tu alcance y sigue explorando la Moonlight Sonata a tu ritmo. Yo me quedo contento si la próxima vez que la escuches descubres en ella algo que no habías notado antes.