Desnudos en Esparta con la Gymnopedie No 1 de Satie
La guía de escucha

Trois Gymnopédies, No. 1 (1888)

Satie presenta una guía de escucha de Gymnopedie No 1
Me llamo Erik Satie y te recibo con mucho gusto en la guía de escucha de mi Gymnopedie No 1. Aquí vas a aprender a seguir el balanceo entre dos acordes que sostiene toda la pieza, y verás cómo una música tan sencilla acaba pareciendo inagotable. Cuando quieras comprobar lo aprendido,  pasa por el entrenamiento : allí mis compañeros y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas nada más empezar a sonar.
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Cómo escuchar sin hacer ningún esfuerzo

Voy a contarte cómo escuchar mi Gymnopedie No 1, y te adelanto que solo necesitas un piano, porque la escribí para piano solo. Fíjate primero en la mano izquierda, que hace de suelo: una nota grave en el primer tiempo y un acorde en el segundo y el tercero, con un balanceo que recuerda al de un vals, aunque esto no es un vals. La mano derecha canta la melodía por encima, con notas sueltas y sin adornos, y lo único que tienes que hacer es seguirla como quien sigue un hilo por una habitación en penumbra. No esperes sorpresas ni grandes estruendos, porque en unos tres minutos lo que te pido es que escuches cómo cada nota se alarga hasta apagarse.

Un título que cuesta pronunciar y más aún explicar

El título viene de «gymnopaedia», el nombre de una fiesta de la antigua Esparta con danzas de guerra y coros de hombres. Hay quien dice que aquellos hombres bailaban desnudos y quien piensa que solo iban sin armas, y la verdad es que no está claro cuál de las dos versiones es la buena. Tampoco está claro qué me inspiró: yo mencioné Salammbô, de Flaubert, pero en 1888 se publicó junto a la música un poema de Contamine de Latour, «Les Antiques», y nadie sabe con certeza cuál de los dos pesó más. Lo que sí me parece evidente es que un danzante espartano se habría quedado dormido de pie con una música tan pausada, y quizá por eso me gusta tanto ese contraste.

La forma: un paseo en círculo

La forma de la Gymnopedie No 1 se parece más a un paseo tranquilo que a un esquema de manual. Es una pieza lenta, en compás de 3/4 y en re mayor, que cuenta su historia con frases que vuelven una y otra vez, cada vez con una luz algo distinta. Para que no te pierdas, te la presento en cuatro secciones: la entrada, el balanceo, el momento en que aparece el acorde de mi mayor con séptima y el regreso a casa. Voy a explicártelas una por una en los párrafos siguientes, así que ponte cómodo, que no hay ninguna prisa.

Sección 1: Entro de puntillas

Todo empieza con la mano izquierda marcando su balanceo, y durante un instante lo único que existe es ese suelo de acordes. Enseguida entra la melodía en re mayor, y la indicación que escribí, «Lent et douloureux», se instala sin que nadie la discuta. El ánimo es de una melancolía suave, más cercana a mirar por la ventana un día gris que a llorar a gritos. Aquí todavía no ha pasado nada, y esa es precisamente la gracia de empezar así.

Sección 2: Me columpio y no me bajo

Después la armonía va y viene entre el acorde de sol mayor con séptima y el de re mayor con séptima, una y otra vez. Es como un columpio en un parque vacío: sube un poco, baja un poco y nadie tiene intención de parar. Las séptimas dejan un aire algo difuminado en cada acorde, como si los contornos no quisieran quedar del todo nítidos. El tempo sigue igual de lento y el ánimo se vuelve más hipnótico que triste, de modo que aquí es donde la música empieza a hacerte olvidar el reloj.

Sección 3: Un invitado que no se quita el abrigo

A mitad de la pieza aparece, por poco tiempo, el acorde de mi mayor con séptima, y es lo más parecido a un cambio de paisaje que vas a encontrar en estos tres minutos. El color se aclara un poco y el ánimo se inclina hacia algo más abierto, como una ventana que alguien entorna para que entre un poco de aire. No te asustes por ello: el tempo no se acelera y la melodía sigue cantando con la misma calma. Fíjate en lo breve que es esa visita, porque en cuanto la has notado ya se está despidiendo.

Sección 4: Vuelvo a casa y apago la luz

Después del rodeo regreso al vaivén entre sol mayor y re mayor con séptima, y se nota que el oído lo reconoce como un lugar conocido. La melodía se posa de nuevo sobre los acordes de la mano izquierda, con la sensación de que ya ha dicho todo lo que tenía que decir. El ánimo vuelve a ser el del principio, pero con un matiz de despedida, como quien recoge sus cosas sin hacer ruido. Las últimas notas se van apagando poco a poco y te dejan en un silencio que forma parte de la música.

Ahora te toca a ti (y al botón de play)

Ahora te invito a que vivas mi Gymnopedie No 1 por ti mismo: pulsa el botón de play y deja que la música te envuelva. Mientras suena, intenta acordarte de lo que hemos hablado: el balanceo de la mano izquierda, la melodía tranquila y esa breve visita del acorde de mi mayor con séptima. No hace falta que reconozcas nada a la primera, porque escuchar con calma es la mejor manera de que la pieza te hable. Ojalá disfrutes del viaje por mi Gymnopedie No 1 tanto como yo disfruté al escribirla.
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Hemos llegado al final de esta guía, y me quedo pensando en lo mucho que caben en tres minutos de piano. ¿Te ha gustado conocer la guía de escucha de mi Gymnopedie No 1? Ojalá la próxima vez que oigas una nota grave seguida de un acorde, reconozcas ese balanceo tranquilo y te quedes un rato con él. Esta pieza todavía guarda muchos rincones por descubrir. Claude Debussy, por ejemplo, la orquestó a petición mía, y gracias a eso mucha más gente se fijó en ella. Hay más aspectos de mi Gymnopedie No 1 que explorar, desde lo que esconde su título hasta lo que cambia cuando la toca una orquesta en lugar de un solo piano. Haz clic en los enlaces que tienes a continuación y sigue explorando mi Gymnopedie No 1 a tu ritmo. Aquí nadie tiene prisa, y yo menos que nadie.