Pianazo emo y sufrío con Piano Sonata No. 8 in C minor, Op. 13, "Pathétique" de Beethoven
Entre bastidores
Piano Sonata No. 8 in C minor, Op. 13

¡Quillo, tronco, soy Beethoven y te suelto la movida de cómo nació la Piano Sonata No. 8 in C minor, Op. 13, "Pathétique"! ¡Vas a flipar, colega: esta sonata se vendió a tope y me hizo petarlo como compositor de verdad, no solo como pianista, un pelotazo de locos! Venga, tronco, lánzate al entrenamiento y a ver si sabes reconocer en un pispás nuestras piezas, que los colegas compositores y yo te lo enseñamos en esta web, ¿vale?
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El mote que no me inventó la peña de después
¡Pa' empezar, tronco, el nombre "Pathétique" no se lo sacó nadie de la manga siglos después, que ya venía en la primera edición como "Grande sonate pathétique", mazo de chulo! Quién lo bautizó, pues nada, a ver, ni Dios lo sabe fijo, porque unos dicen que fue el editor y yo di el vale, y otros dicen que me lo curré yo solito, ¡menuda movida! Ojo, que "pathétique" ya era palabra de uso en la música, tío, y el diccionario de Brossard, de 1705, la pinta como algo que te llega al alma y te revuelve las pasiones, ¡de locos! O sea, que no iba de llorica ni de rayarse en plan drama, sabes?, iba de sentir a tope, ¡brutal!Veintisiete añazos y cero complejos
¡Anda ya, chaval, que la saqué en 1798, con unos veintisiete años y la azotea llena de pájaros! Los listos se pelean por la fecha, illo, que unos dicen 1797-98, otros 1798 pelao y otros 1798-99, ¡menudo cacao! Se publicó en 1799 como Op. 13, o sea, el número de catálogo, el DNI de la obra, ¿pillas? Pa' mí fue subir de liga, tío, que esto ya no era un rollo de principiante, ¡qué salto, hostia!Dedicatoria con título de príncipe
¡Flipa, tronco, que se la dediqué al príncipe Karl von Lichnowsky, un colega de postín que me echó un cable de los gordos en Viena! Fue de mis primeros mecenas, sabes?, o sea, un currante con pasta y buen oído que ve a un pipiolo y dice: "este mola". Si ya le había dedicao mis Piano Trios, Op. 1, publicaos en 1795, ¡y encima fue él quien encargó las obras que acabaron siendo esos tríos, qué crack! Dedicarle la sonata fue decirle gracias a lo grande, ¡y con propina, la leche!Las orejas ya me daban la murga
¡Chungo, colega, chungo!, que en 1798 empecé a notar que el oído se me iba a pique, y a un músico eso le cae como un marrón de campeonato. Se lo solté a un tal Charles Neate en 1815, que ahí ya me abrí en canal, ¡años después, flipas! Y a los amigos ya les escribía mis síntomas en 1801, tío, o sea, que en 1798 sordo del todo ni de coña, solo las primeras señales. Aun así seguí a lo mío como un jabato, ¡cabezón de nacimiento, qué le vamos a hacer!Un guiño a Mozart, pero con mi sello
¡Atento, peña!, que los sabios de la musicología dicen que Mozart y su Piano Sonata K. 457, también en do menor, pudo ser mi modelo, ¡la leche! No es que me pillaran copiando en el examen, vale?, es que dos colegas del mismo palo se parecen en el rollo. También anda por ahí una sonata de Clementi, la Op. 34 No. 2, con intro lenta que luego se aprovecha, publicada en Londres justo antes, pero seguro que yo ni la olí, anda ya. Moraleja, bro: ideas parecidas rondaban el ambiente, y yo las pasé por mi licuadora, ¡dabuten!Tres platos y a la mesa
Un movimiento, tronco, es como un capítulo de una serie, la sonata entera es la temporada, y cada capítulo tiene su rollo, su ritmo y su cara, pero todos tiran de la misma historia. La mía son tres capítulos pa' piano solo, entre diecisiete y veinte minutos en total, y el primero, Grave y luego Allegro di molto e con brio, arranca a paso de tortuga y de golpe se pone a petarlo, ¡qué pasada! El segundo, Adagio cantabile, es el capítulo lento y romanticón, ese en que te tiras en el sofá a suspirar, ¡guay del Paraguay! Y el tercero, Rondo: Allegro, es el final con el corazón a mil, que vuelve y vuelve al mismo estribillo como el pesao de tu primo en Navidad, ¡de risa, tal cual!El tema que se fue a la acera de enfrente
¡Hostia, tío, en el primer movimiento me la jugué con el segundo tema! Lo normal era plantarlo en mi bemol mayor, alegre y de buen rollo, pero yo lo puse en mi bemol menor, ¡chungo total! Es más cantarín, con adornitos y las manos cruzadas, o sea, el pianista se hace un cacao de brazos, ¡flipante! Luego el tercer tema sí pasa a mi bemol mayor, pa' que la peña respire un poco, ¡ya era hora, joder!De manitas del piano a compositor de los gordos
¡Pegó fuerte, illo!, la sonata fue un éxito de los de verdad y se vendió de lo lindo. Me ayudó a que la gente dejara de decir "el chaval toca bien" y empezara a decir "este es compositor", ¡qué pasada de cambio! Un tal Barry Cooper, musicólogo, asegura que supera todo lo mío de antes en carácter, emoción y originalidad, ¡me parto, tronco! Fíjate, el crack del teclado se volvió el rey del cotarro, ¡madre mía!El peque que copió la partitura a mano
¡Ojo al dato, colega!: en 1804 un chaval de diez años, Ignaz Moscheles, descubrió mi sonata. No tenía pasta pa' comprar la partitura, así que la copió a mano de un ejemplar de la biblioteca, ¡menudo currante, joder! Eso sí que es hype de verdad, tío, que antes de Spotify tocaba dejarse los dedos copiando notas. Y sin fotocopiadora ni móvil, ¡cómo se lo montaba el personal en mi época, anda ya!Mi melodía se fue de gira por la radio
¡Escucha esto, bro!: Karl Haas usó el tema del Adagio cantabile de sintonía en su programa de radio de EE. UU., Adventures in Good Music, desde 1970 hasta 2007. Más de treinta años de sintonía, ¡menudo flipe de carrerón pa' una melodía, illo! Y Billy Joel, en su canción "This Night", del disco An Innocent Man, montó el estribillo sobre ese mismo movimiento, ¡qué morro, tío, pero me mola mazo! O sea, un colega de hace siglos colándose en un tema pop, ¡literal un crack!---
¡Pues nada, colega, que hasta aquí llega el cuento de la Piano Sonata No. 8 in C minor, Op. 13, "Pathétique", y yo aún con el corazón a mil, mazo de movida! ¿Te ha molao el rollo de cómo se cocinó esta sonata, tronco, o te ha sabido a poco? Porque, a ver, esto es solo la puntita del iceberg, illo, que a la "Pathétique" le quedan mil recovecos chulos por destripar, de locos. O sea, que si te ha picao el gusanillo, no te me quedes empanao en plan estatua, ¡venga ya! Dale caña a los enlaces que tienes por aquí, peña, y sigue currándotelo pa' seguir flipando con la sonata, ¡que merece la pena, hostia! Y cuando vuelvas a escuchar ese Adagio, quillo, acuérdate de este rato conmigo, que la música se disfruta el doble cuando sabes de qué va la película, ¡dabuten!
