Un drama muy sentido en la Piano Sonata No. 8 in C minor, Op. 13, "Pathétique" de Beethoven
Entre bastidores
Piano Sonata No. 8 in C minor, Op. 13

Soy Beethoven, y esta es la historia de la Sonata para piano n.º 8 en do menor, Op. 13, "Pathétique". Aquí vas a saber por qué dediqué esta sonata al príncipe Karl von Lichnowsky, uno de mis primeros mecenas en Viena, cuando yo tenía unos 27 años. En esta web mis compañeros y yo también te enseñamos a reconocer nuestras piezas nada más escucharlas, así que te invito a comprobarlo entrando en el entrenamiento .
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Una palabra que no es lo que parece
Cuando oyes "Pathétique", seguramente piensas en "patético", algo lamentable, pero en mi época no significaba eso. Era un término musical reconocido, y el Dictionaire de Musique de Brossard, de 1705, lo describía como algo que conmueve, que expresa y que puede remover las pasiones. Eso era exactamente lo que yo quería: que la música te sacudiera por dentro. Así que el título no es un reproche, sino una promesa de emoción.Un apodo con pedigrí
A diferencia de otras sonatas mías, como la "Moonlight" o la "Appassionata", que recibieron su apodo cuando yo ya no estaba, esta lo llevaba desde la primera edición. En la portada se leía "Grande sonate pathétique", con su francés elegante y todo. Quién eligió ese título se discute todavía: una fuente dice que lo puso el editor y que yo di mi aprobación, y otra me lo atribuye a mí. Sea como fuere, el nombre se quedó pegado a la obra para siempre y no tengo ninguna queja.Veintisiete años y las ideas muy claras
Compuse la sonata entre 1798 y 1799, cuando tenía unos 27 años. Las fuentes no se ponen de acuerdo con la fecha exacta, y algunas hablan solo de 1798 y otras incluso de 1797. A esa edad uno ya sabe bastante bien lo que quiere decir, aunque todavía no imagine el ruido que va a hacer. Lo que salió fue una obra para piano solo que dura entre 17 y 20 minutos, según quién la toque y con cuánta prisa.Un príncipe que sabía escuchar
Dediqué la sonata al príncipe Karl von Lichnowsky, uno de los primeros mecenas que tuve en Viena. Un mecenas es alguien con medios que te ayuda para que puedas dedicarte a la música sin tantos apuros. Ya en 1795 le había dedicado los tríos con piano del Op. 1, que habían nacido de un encargo suyo. Dedicarle esta sonata era mi forma de darle las gracias por haber confiado en mí cuando casi nadie me conocía.Un zumbido en el peor momento
En 1798, justo cuando andaba metido en esta sonata, empecé a notar que el oído me fallaba. Años después, en 1815, se lo conté a Charles Neate, y en 1801 ya les hablaba de mis síntomas a algunos amigos. Pero no te imagines todavía a un compositor sordo, porque la pérdida llegó poco a poco y entonces yo aún oía. Hay quien cree que esa inquietud se cuela en la música, aunque eso lo dejo a tu criterio.Mirar el plato del vecino
Los musicólogos han propuesto que la sonata K. 457 de Mozart, también en do menor, me sirvió de modelo. Es lo que hace un cocinero cuando prueba el guiso de un colega y se pregunta cómo hacerlo suyo. En Londres se había publicado poco antes una sonata de Clementi, la Op. 34 n.º 2, que también tiene una introducción lenta con un papel importante. Pero es poco probable que yo la conociera, así que lo veo más bien como una coincidencia entre colegas.Tres actos y un solo drama
Un movimiento es una parte de una obra larga, algo parecido a un acto de teatro: tiene su propio ambiente, pero cuenta la misma historia que los demás. El primer acto es el Grave – Allegro di molto e con brio, que empieza solemne y se vuelve agitado; el segundo es el Adagio cantabile, una pausa lenta y cantada. El tercero es el Rondo: Allegro, que devuelve la energía y la fuerza con las que todo empezó. Lo mejor es que los actos se reconocen entre sí, porque el tema principal del último recuerda al segundo tema del primero y, además, vuelve a asomar la melodía del segundo.Un éxito de librería
La sonata se publicó en Viena, y una fuente la sitúa en diciembre de 1799. Qué editor la sacó primero tampoco está claro, porque unas fuentes dicen Eder y otras Hoffmeister. Lo que sí sé es que fue un gran éxito y que se vendió muy bien. El musicólogo Barry Cooper dice que supera en carácter, emoción y originalidad todo lo que yo había compuesto antes, y no seré yo quien lo contradiga.Un niño con mucha paciencia
En 1804, un niño de diez años llamado Ignaz Moscheles descubrió la sonata. No podía comprar la partitura, así que la copió a mano de un ejemplar de una biblioteca. Hoy cuesta imaginar a un niño copiando una sonata entera en lugar de buscarla en una pantalla. Confieso que me halaga que algo mío despertara tanta ilusión.Una melodía que se coló en la radio
Mucho tiempo después, el programa de radio estadounidense Adventures in Good Music usó el tema del Adagio cantabile como sintonía. Lo presentaba Karl Haas, y el programa estuvo en antena desde 1970 hasta 2007. Eso significa que durante décadas muchos oyentes pudieron conocer esa melodía cada vez que empezaba el programa. Es una manera curiosa de ser famoso: que reconozcan tu melodía antes que tu nombre.---
¿Te ha gustado conocer la historia de la Sonata para piano n.º 8 en do menor, Op. 13, "Pathétique"? Yo espero que sí, porque a mí todavía me emociona pensar en cómo una sola palabra y unas cuantas notas graves pueden decir tanto. Aun así, queda mucho por descubrir en esta sonata. Por ejemplo, puedes fijarte en cómo el tema del Adagio cantabile reaparece cuando ya crees que se ha ido, o en cómo los tres movimientos se van enlazando entre sí. Si te apetece seguir explorando, haz clic en los enlaces que tienes a tu disposición. Detrás de cada uno hay otra forma de escuchar esta música, y creo que te sorprenderá cuánto más te dice la segunda vez.
