Un sustazo de cuidao con la Symphony No 94 in G major, Hob. I:94 "Surprise" de Haydn
Entre bastidores
Symphony No. 94 in G major, Hob. I:94

¡Quillo, peña, soy Haydn y esta es la movida de detrás de mi Symphony No 94 in G major, Hob. I:94 "Surprise", ojo! ¡Vas a flipar: la palmó un príncipe, mi curro se puso chungo, crucé el mar rumbo a Inglaterra y en 1791 parí esta joyaza, de locos! Y ojo, tronco, que mis colegas compositores y yo te enseñamos aquí a reconocer cada pieza en cuanto suena, así que date una vuelta por el entrenamiento y lúcete, anda ya.
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Currando pa' un príncipe y, de pronto, ¡pum!
¡Hostia, tronco, que yo andaba dándole al pentagrama pa' los Esterházy, tan pancho, con mi vidorra guay de siempre! Pero va el príncipe Nikolaus y la palma en 1790, y la movida se pone chunga pa' to' el que tocaba algo por allí, illo. Su hijo Anton largó a casi toda la peña músico, pero a mí me dejó currar con el sueldo recortao, ¡qué rollo, eh! Y lo mejor, colega: me dejó viajar, o sea, libre como un pájaro pero con la cartera tiesa, ¡flipa!Me piro de Viena con un colega muy labrao
Ni lo dudes, tío: el 15 de diciembre de 1790 me piré de Viena con Johann Peter Salomon, un impresario con una labia de locos. Fue él quien me llevó a Londres, y por eso a las sinfonías de allí también les dicen las Salomon, que el chaval quería su cachito de gloria, ¿sabes? Crucé el Canal el día de Año Nuevo de 1791, a mis 58 años, y era mi primera vez cruzando el mar hacia Inglaterra, ¡brutal! ¡Año nuevo, país nuevo y yo con unas ganas de petarlo que no veas, bro!Doce hermanas en el mismo pack
A ver, quillo, que la 94 no va sola: es una de las doce sinfonías de Londres, de la 93 a la 104, un pack de lo más guay. Yo las iba soltando como el que reparte churros en la verbena, y esta se volvió de las más famosas, ¡qué fuerte! Lo de dónde la escribí es un cacao mental, tronco: unos dicen que en Londres y otros que en Viena, en 1791, pensando ya en el viaje. Nadie se pone de acuerdo, así que yo, pues nada, me hago el longuis y que lo resuelvan los listillos, anda ya.Pleyel, el alumno que me quitaba el sueño
Dicen, y ojo que lo cuentan así la peña, que yo quería dar la campanada con algo nuevo pa' que mi antiguo alumno Pleyel no me comiera la tostada. O sea, el chavalín al que yo había enseñado venía pisando fuerte, ¡y a mí no me pasaba por encima ni de coña! Quería un debut brillante, de esos que dejan al personal con la boca abierta y la peluca torcida, colega. ¡Rollo peli de boxeo, pero con pentagramas y cero guantes, mazo de épico!El bulo de la siesta
Te voy a chafar un cotilleo, peña: eso de que metí el acorde pa' despertar a los que roncaban en el concierto es un bulo como una catedral. Yo mismo lo negué, ¿vale?, dije que era una buena historia pero no del to' cierta, ¡menuda fantasía, tío! Que sí, que mola un montón pensar que mi música daba sueño, pero qué va, ¡qué morro le echáis! Lo que yo quería era sorprender con algo nuevo, tronco, no dar collejas a los dormilones del patio de butacas.Cuatro platos y a la mesa, colega
Mira, una sinfonía va por movimientos, que son como los platos de un menú de tapeo: cada uno con su sabor y su ritmo, y entre uno y otro respiras, ¿pillas?, así que el primero, el Adagio cantabile – Vivace assai, es el aperitivo que empieza flojito y luego va a saco. El segundo es el Andante, el plato tranquilón con su temita sencillo y sus variaciones, y el sustazo que me da el apodo, ¡flipante! El tercero, el Menuetto: Allegro molto, es un minueto tan rápido que ya no es pa' bailar con pachorra, sino pa' mover el esqueleto, y ya se asoma al scherzo, ¡de locos! Y el cuarto, el Finale, es el postre con traca, con el timbal metiendo bulla, que te vas a casa alucinao y con el estómago contento, illo.La plantilla: parejitas por todos lados
Échale un ojo a la lista de invitados, colega: parejas de flautas, oboes, fagotes, trompas y trompetas, y encima timbales y cuerdas, ¡menudo fiestón! Las parejas van como los novios del insti, siempre juntitos, y no se separan ni pa' ir al baño, tío. Y ojo con el apodo, peña: lo de Surprise no me lo inventé yo, ¿eh?, y nadie sabe quién lo soltó, así que quillo, a mí que me registren. En alemán le dicen mit dem Paukenschlag, o sea, con el golpe de timbal, que suena a pelea de cocina, ¡mazo de dramático!Estreno con fortepiano y nervios
Pues nada, el 23 de marzo de 1792 se estrenó en los Hanover Square Rooms de Londres, y yo allí, dirigiendo desde el fortepiano, ¡menuda nochecita, tronco! Era el concierto de Salomon, ¿sabes?, y aquello fue el bombazo de la temporada, tío, ¡aplausos a tutiplén! Yo, dándole al teclado como un crack, ¡y con un acordazo guardado en la manga! Y la crítica, que ahora te cuento, se lo tomó muy en serio, ¡de lo más random!Los críticos y la pastora asustada
Los periódicos se pusieron to' intensos, colega: el Oracle comparó el susto con una pastora que pega un bote al oír un tiro, ¡qué movida! ¡Una pastora, tío, en pleno Londres, con las ovejas flipando en colores! Y el Morning Herald, más fino que nadie, alabó el tema sencillote «extendido a vasta complicación», o sea, de lo simple a lo liante, ¡menuda máquina que soy! Con tanta alabanza yo me sentí un rey con peluca, pa' qué mentir, ¡hype total, illo!El temita que no se muere ni a tiros
En 1801 me reciclé el tema del Andante en The Seasons, en un aria donde un labrador lo silba tan campante, ¡reciclaje de campeonato, colega! Y mira que le dieron caña después: Charles Ives me montó una parodia en 1909, ¡qué cara más dura, tronco! Donald Swann hizo una versión con sustos de más pal Hoffnung Music Festival, una chorrada genial, a lo loco, ¿sabes? Así que ya ves, peña: un solo acordazo y me hacen chistes durante siglos, ¡yo sí que sé rentabilizar la pasta de una buena idea, anda ya!---
¡Pues nada, colega, que hasta aquí llega la movida! ¿Te ha molao mazo la historia de mi Symphony No 94 in G major, Hob. I:94 "Surprise", o qué, tronco? Mira que fue un acordito de na', un petardazo entre tanta pachorra, y todavía tiene a la peña flipando. A ver, que yo ni me imaginaba que aquel temita del andante se iba a colar hasta en mi obra Las estaciones, con un labrador silbándolo tan pancho en 1801, ¡de locos! Y luego, illo, en 1909 llega Charles Ives y me lo parodia, ¡qué pasada, quillo, qué cuajo! Anda que no queda tela por cortar en esta sinfonía, tío, porque aún hay mazo de rincones chulos que destripar, y no te lo he contado to'. Así que venga, dale un clic a los enlaces de aquí abajo y sigue rascando, que el rollo no se acaba aquí, ¡a currárselo, crack!
