Altarazo y novio agobiao con la Wedding March de Mendelssohn
Entre bastidores

Wedding March in C major, Op. 61, No. 9

Mendelssohn cuenta lo que hay entre bastidores de Wedding March
¡Oye, colega, soy Mendelssohn y aquí te destripo la historia detrás de mi Wedding March, pasa pa' dentro, que está de locos! Vas a flipar con cómo un encargo de un rey de Prusia pa' una obra de Shakespeare acabó siendo la marcha que media peña lleva grabá en la sesera, ¡mazo de movida, tío! Pues nada, mis colegas compositores y yo te enseñamos aquí a reconocer nuestras piezas al vuelo, así que  date una vuelta por el entrenamiento , tronco, ¡y a ver qué tal!
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Con diecisiete años ya iba yo de crack

¡Atento, tronco, que la movida arranca en 1826, cuando yo, con diecisiete añitos de nada, ya había terminao la obertura del Sueño de una noche de verano, flipa! ¿Diecisiete, tío?, ¡si a esa edad media peña ni sabe hacerse un bocata sin liarla y yo ya currándome una obertura de las gordas, qué fuerte! La estrenaron en Stettin el 20 de febrero de 1827, con un tal Carl Loewe al mando, ¡y la peña flipó en colores, illo! Ojo, que la Wedding March ni existía todavía, ¿eh?, que eso vino mazo después, así que de momento tú tranqui, colega.

Dieciséis años de barbecho y el rey otra vez

¡Venga ya, a los dieciséis años justos el rey Federico Guillermo IV me vuelve a tirar los tejos pa' lo mismo, anda ya! Yo en esa época era el jefazo de la Gewandhaus en Leipzig, desde 1835, y encima currando pa' el rey en Berlín, ¡un no parar, tronco! Lo de Berlín era un rollo, pues nada, que querían montar una escuela de música y al final se fue to' al garete, ¡qué chungo! Pero las ganas seguían ahí, o sea, que dije que sí y pa'lante, ¡a petarlo, vamos!

Una orquesta con un trasto que ni Dios conoce

¡Mira qué plantilla, colega!: flautas, oboes, clarinetes, fagotes y trompas por parejas, más trompetas, tres trombones y timbales, ¡un festival, flipa! Y ojo al fichaje random, el oficleido, un bicho de metal pa' los graves que suena a tuba con resaca, ¡jajaja! Triángulo, platillos y cuerda pa' rematar, ¿sabes?, que pa' un bodorrio de cuento yo no me iba a quedar corto ni de coña. Y en otros números del tirón meto hasta voces, que no to' es trompetazo, tío, hay que dar rollo variado.

Potsdam, el estreno con jefe de pista

Pues nada, la música entera se estrenó en Potsdam el 14 de octubre de 1843, ¡apúntalo, colega, que cae en el examen! La función la montó un tal Ludwig Tieck, o sea, el que mandaba en la producción, el jefazo de la movida, ¿te enteras? Lo que sonaba ahí era la fiesta de boda de la obra, ¡de mentirijilla, tío, puro teatro y cartón piedra! Así que cuando la oyes en una iglesia, ojo, estás escuchando música de atrezo, ¡flipa con el truco, illo!

Mi partitura, publicada cuando yo ya no pintaba na'

¡Hostia, qué cosa más curiosa!, la partitura entera la sacó Breitkopf und Härtel en Leipzig, sin fecha, pero por ahí en 1848, colega. O sea, yo ya estaba criando malvas, pues nada, que ni vi mi propia edición, ¡qué rollo más chungo! La marcha suelta la sacaron luego en una edición de Julius Rietz, sin fecha también, pero tipo 1880, ¡ahí es ná! Vamos, que se hizo tan famosa que le tocó edición pa' ella sola, ¡mazo de honor, quillo!

El primer bodorrio de verdad, en Tiverton

¡Escucha esta, quillo!: el 2 de junio de 1847 se casaron en la iglesia de San Pedro de Tiverton, en Inglaterra, Dorothy Carew y Tom Daniel. El organista, un tal Samuel Reay, soltó mi marcha, ¡y esa es la primera vez que consta en una boda de las de verdad, flipa! Así que lo de que los pioneros fueron unos reales es un bulo de los gordos, tronco, ¡anda ya! Y yo, que te lo cuento, estaba a pocos meses de pirarme pal otro barrio, ¡qué fuerte, en serio!

Los reyes se llevan la fama, ¡pues vale!

Pero la fama gorda llegó el 25 de enero de 1858, cuando la princesa Victoria eligió mi marcha pa' casarse con el príncipe Federico Guillermo de Prusia, ¡el bombazo, illo! Desde ahí la peña se volvió loca, o sea, to' cristo quería su bodorrio con mis trompetas, ¡flipante! Por eso mucho colega cree que ellos la estrenaron, ¡pues qué va, tronco, Tiverton se les adelantó once añazos! Y circula un cuento rarísimo de que el Regimiento de Cosacos de la Guardia la usaba de marcha, regalo del zar Alejandro II, pero eso va de «dicen que», tío, ¿vale?

Entra con Wagner, sale conmigo

A ver, que la gente se lía como un mono con tres moscas: pa' la entrada de la novia suena el «Bridal Chorus» del Lohengrin de Wagner, el famoso «Aquí viene la novia», ¡y esa no es mía, tronco! También se tira mucho de la «Prince of Denmark's March» de Jeremiah Clarke pa' que la novia haga su numerito, ¡un clásico, colega! Lo mío suele sonar al salir los novios, y a veces sin los episodios, ¡recortadita la pobre, qué mal rollo! Vamos, que Wagner te los mete y yo te los saco, ¡menudo reparto, illo!

Liszt y Horowitz le meten turbo

¡Y ahora la locura, tío!: Liszt, un pianista de otro planeta, se montó entre 1849 y 1850 una transcripción de locos con mi marcha. Se llama «Wedding March and Dance of the Elves», S. 410, ¡y es pa' dedos que echan chispas, flipa! Luego vino Vladimir Horowitz y se hizo su propio número de lucimiento con ella, ¡qué máquina, colega! O sea, mi marcha pasó de las trompetas del teatro a un piano que echa humo, ¡brutal, de verdad!

Mi vida, entre bodas y despedidas

Yo me casé con Cécile Jeanrenaud en 1837 y tuvimos cinco críos, ¡una casa de locos, tronco, con más jaleo que la marcha! En 1843 me monté el Conservatorio de Leipzig, ¡currando a tope, sin parar, pa' variar, joder! Y el 4 de noviembre de 1847 la palmé en Leipzig, con 38 añitos, a pocos meses de lo de Tiverton, ¡qué faena, colega! Pero mi marcha sigue petándolo en bodas, así que yo, tranqui, sigo de fiesta desde ahí arriba, ¡anda ya!
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¡Oye, oye, tronco, que ya está, que se acabó la movida! ¿Te has quedao flipando con la historia de mi Wedding March o qué, colega? Pues anda que no queda tela por cortar, illo, que esta marcha tiene mazo de rollos más pa' destripar, ¡de locos! Date una vuelta por los enlaces de aquí abajo, venga, y tira del hilo, que hay curro y peña pa' rato. ¡Hasta luego, máquina, y a casarse con salero, que yo me piro!