Tamborrazo repe hasta petarlo con el Bolero de Ravel
Entre bastidores

Boléro, M. 81

Ravel cuenta lo que hay entre bastidores de Bolero
¡Ojo, colega, soy Maurice Ravel y esto es la movida de cómo nació mi Boléro, tronco, el trasfondo de to'! Vas a flipar al saber que lo currí en el verano de 1928 en Saint-Jean-de-Luz y que primero lo bauticé Fandango, ¡mazo de vueltas pa' acabar en Boléro, tío! Y ojo, colega, que en esta web mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas nada más sonar, así que  tírate al entrenamiento  y pruébalo, quillo.
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Una ex-bailarina con las ideas clarísimas

¡Mira, tronco, to' empieza con Ida Rubinstein, una tía con mazo de carácter que había sido bailarina de los Ballets Russes de Diaghilev! Resulta que se montó su propia compañía, la peña, y me vino con la movida de encargarme un ballet. Y ojo, que lo quería con aire español, que no me pedía ná, la jefa, ¡anda ya! Yo, claro, dije que sí, que con una clienta así no se discute ni de coña.

El plan A se fue al guano

Pues nada, mi idea era coger cachos de Iberia, de Isaac Albéniz, y vestirlos de orquesta, un currelo fácil, ¿no? ¡Qué va, colega, imposible, un rollo chungo de narices! Así que, en plan sobrao, pensé: vale, pues me invento yo algo original y a otra cosa, mariposa. Y de ahí salió el bicho que ahora conoce hasta tu abuela, flipas.

Fandango de nombre y Boléro de carnet

¡Venga, apunta, que esto va de verano de 1928 en Saint-Jean-de-Luz, al lado de mi tierra, que yo nací en Ciboure en 1875, sabes? Allí me puse a darle al piano con la brisa y to', y la cosa salió en unos meses, rapidito, un pelotazo de currele. Al principio lo bauticé Fandango, tío, que sonaba muy español y muy de juerga. Luego me rayé, lo cambié a Boléro y ahí se quedó, ¡dabuten!

Fábricas, ruido y un tema pegajoso

Oye, ¿sabes de dónde saqué ese ritmo tan cabezón que no se va ni a tiros? ¡De los sonidos de las fábricas, illo, del traca-traca de las máquinas currando sin parar! Y encima me dio por usar un solo tema, uno, el mismo en bucle, que parecía cosa de chalaos. Pues mira, tronco, pegó más que el chicle en la suela, ¡de locos!

Con calma, que no hay prisa

En la partitura puse «Tempo di Bolero, moderato assai», o sea, ni correr ni arrastrarse, un paso de colega con to' el chill del mundo. Está en do mayor, el tono más de andar por casa, sin florituras ni dramas, ¿vale? Dura unos quince minutos, aunque hay grabaciones que van de trece a casi dieciocho, ¡qué pasada, unos con prisa y otros de siesta! Ni siquiera los directores se ponen de acuerdo, tío, cada uno tira pa' su rollo.

Una orquesta pa' montar una verbena

¡Flipa con la plantilla, bro, que no me corté un pelo! Metí tres flautas con flautín, oboe d'amore, contrafagot, celesta, arpa, tam-tam y hasta saxofones, ¡una movida bestial! Y las cuatro trompas, los tres trombones, la tuba y las cuerdas, to' el mundo al lío, que nadie se quedaba en el banquillo. Era como invitar a media ciudad a tu cumple y que encima vinieran todos con instrumento, ¡mazo de peña!

Subiendo el volumen sin chistar

Lo único que cambia, colega, es el volumen y quién se junta con quién, ¿lo pillas? Empieza flojito, flojito, y va creciendo y creciendo hasta que acaba a toda pastilla, un crescendo que te levanta del sillón. Y casi al final, ¡pum!, el tono pega un volantazo a mi mayor, un susto de los buenos, tío. Pero tranqui, que a los ocho compases vuelvo a do mayor, a casa, sano y salvo, ¡qué cuajo!

La noche del jaleo en la Ópera

¡El estreno fue el 22 de noviembre de 1928 en la Ópera de París, y se montó un cirio gordo! Dirigía Walther Straram y la coreografía era de Bronislava Nijinska, unos cracks de la época, sabes? El público se puso a gritar y a patalear, en plan locura total, ¡flipante! Dicen que una señora chilló que yo estaba chalao y que le contesté que ella lo había pillado todo, aunque igual es leyenda, ¡a saber!

Yo mismo me la eché en cara

Mira, colega, yo no me di aires: lo llamé un experimento en una dirección muy especial y limitada, y punto. Hasta dije que, una vez descubierta la idea de un solo tema, cualquier alumno de conservatorio lo habría hecho igual, ¡ni tan mal el chascarrillo! Y en una nota mía hablé de diecisiete minutos de tejido orquestal sin música, ¡hostia, qué mala leche conmigo mismo! Por ahí corre también que le solté a Honegger que era mi única obra maestra pero sin música dentro, aunque eso es de oídas, ¿eh?, no te lo juro.

De la Ópera al hielo y a la pantalla

Durand sacó la partitura en París en 1929 y desde ahí el Boléro dio la vuelta al planeta, ¡un bombazo! En 1979 salió la peli 10, de Blake Edwards, y se metió de lleno en la cultura popular, ¡de cine, nunca mejor dicho! En 1984 Torvill y Dean se llevaron el oro olímpico en baile sobre hielo con mi música, ¡brutal, patinando como pro! Yo me piré de este mundo en París el 28 de diciembre de 1937, pero mira, tronco, mi bolero sigue dando guerra, ¡qué cosas!
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¡Buah, chaval, qué viaje nos hemos pegao con la historia de mi Boléro, mazo de recuerdos que me dan un no sé qué! ¿Qué, colega, te ha molao el salseo de cómo nació, o te has quedao flipando en plan «madre mía, to' esto por una cajita»? Ostras, que a mí todavía se me pone el pelo de punta acordándome de aquel verano de 1928 en Saint-Jean-de-Luz, currando como un jabato, ¿sabes? Uf, tronco, y eso que aún queda cuerda pa' rato: esta pieza tiene más rincones que un barrio entero, o sea, mazo de cosas por destripar. Venga, no te me enfríes ahora, peña, que por la web tienes los enlaces ahí puestos, así que pínchalos y date una vuelta, anda. Dale sin miedo, illo, que no muerden, y tú te lo vas a pasar dabuten cotilleando cada vuelta del tema. Y nada, quillo, ya me callo, que la caja pesá lleva rato mirándome mal, en plan «tío, déjame a mí que yo no me pirajo». ¡Hasta la próxima, crack, y no te me rayes, que la música es una movida de locos y tú ya estás dentro!