Galopón y manzanazo petao con la William Tell Overture de Rossini
Entre bastidores

William Tell Overture

Rossini cuenta lo que hay entre bastidores de William Tell Overture
¡Ey, peña, soy Rossini y esta es la historia detrás de la William Tell Overture, una movida de las gordas, tronco! Flipa, que Guillaume Tell fue mi ópera número 39, la última, y de ahí sale una obertura de doce minutos pa' quedarte pillao, ¡mazo de rollo bueno, tío! Y ojo, colega, que aquí mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, así que  dale caña al entrenamiento , ¡a ver qué tal, crack!
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Contratazo con el Gobierno francés, ojo

¡Ojo al dato, colega, que en 1824 le puse la firma a un contrato con el Gobierno francés y ahí empezó toda la movida! Me pedían una ópera grande pa' la Académie Royale de Musique, ni más ni menos, ¡qué nivelazo, tío! Y encima otra ópera pa' el Théâtre-Italien, o sea, doble currelo, ¿sabes?, que yo no me aburría ni de coña. Pues de ese lío sale mi William Tell, y la obertura es la que se ha hecho famosa de verdad, ¡mazo de fama, quillo!

Cumpleaños de pega, qué chollo

¡Anda ya, que nací en Pesaro un 29 de febrero de 1792, así que la tarta de cumple me tocaba de uvas a peras, illo! El calendario me hizo la cusqui desde la cuna, tronco, y yo ahí, soplando velas cuando se dignaba aparecer el día. Me piré de este mundo en Passy el 13 de noviembre de 1868, y de aquí a allá me dio tiempo a liarla parda con la música. De todo lo que escribí, hoy te cuento una de las gordas, ¡sígueme el rollo, crack!

Dos nombrazos y un tal Schiller

Tronco, el libreto se lo curraron Victor-Joseph Étienne de Jouy e Hippolyte Bis, dos colegas con nombres más largos que un lunes sin pasta. Se basaron en el Wilhelm Tell de Schiller, una obra de teatro, o sea, de las de tablas y no de las de cantar, ¿sabes? Yo le di caña a la música de 1824 a 1829, un currazo de los chungos, quillo. Cinco añitos pegado a la partitura, ¡y luego dicen que los compositores no damos ni palo al agua, anda ya!

Estreno en París y el lío del batuta

¡Hostia, el 3 de agosto de 1829 se plantó mi ópera en la Salle Le Peletier, en París, con la Ópera de París al mando, tío! Pa' dirigir, unos dicen que fue Henri Valentino y otros que François Habeneck, o sea, ni Dios se pone de acuerdo, qué rollo. Yo no pienso mojarme, colega: el misterio del batuta se queda ahí pa' que los listillos se rayen un rato. Lo que sí vale es que aquella noche la obertura sonó por primera vez en una sala de París, ¡un momentazo de los gordos, tronco!

Críticas pa' todos los gustos

Qué va, no fue un pelotazo de los de petarlo a la primera, la acogida fue regulera, tipo mitad aplausos y mitad caras largas. A las tres funciones ya me estaban metiendo tijera a la ópera, ¡tres, bro, tres! Pasado un añito solo se daban tres actos, o sea, me la dejaron a medio gas, mazo de chungo, ¿eh? Y mira tú qué cosas, que hoy la obertura la conoce to' quisqui, ¡la vida es una movida de locos, illo!

Ni caballos ni caballería, qué estafa

¡Para el carro, bro, que en mi ópera no hay caballos ni carga de caballería, por mucho que tú te lo estés imaginando! La obertura dura unos 12 minutos y tiene cuatro partes del tirón, sin parar, en plan maratón sin avituallamiento, ¿sabes? El galope que te suena es solo el final, la cuarta parte, que va de la victoria de los suizos contra la opresión austriaca, ¡mazo de épica, quillo! Los caballitos te los coló la peña mucho después, tronco, y yo ahí sin pinchar ni cortar, ¡anda ya!

Un enmascarado con mucho flow

Resulta que ese final lo pilló The Lone Ranger pa' la radio, la tele y el cine, ¡y se montó un pifostio de los de locos, tío! Por eso hoy oyes mi galope y te sale un jamelgo solo en la cabeza, en plan automático, ¡qué fuerte, colega! Cuenta la leyenda que cierta gracieta sobre un 'intelectual' que oye la obertura sin pensar en el Lone Ranger la soltó un tal Jack Guinn, aunque hay quien se la cuelga a Dan Rather o a David Frost, así que vete tú a saber, illo. Y yo aquí flipando: compongo una obertura con cuatro partes y me la dejan en un tío con antifaz, ¡joder, qué injusticia, de verdad!

Hasta el que me tenía manía me echó flores

Mira, Berlioz, que casi siempre le tenía ojeriza a mis obras, va y suelta que mi obertura es 'una sinfonía en cuatro partes', ¡anda que no se tragó el orgullo, tío! Y Liszt, ese crack del piano, en 1838 se la pasó a las teclas, ¡menudo atrevimiento, quillo! La cosa se volvió un fijo de su repertorio de conciertos, o sea, el hombre la tenía en la recámara pa' lucirse. Imagínate: una orquesta entera embutida en dos manos, ¡qué máquina, colega, mazo de dedos!

Mi galope, en todos los garitos

Illo, Johann Strauss I citó mi final en su William Tell Galop, Op. 29b, ¡con un descaro de los de nivel dios, tronco! Shostakovich me lo coló en su Symphony No. 15, o sea, un guiño en plena sinfonía, ¡qué guasa, quillo! Disney lo usó en The Band Concert y Kubrick en A Clockwork Orange, con la versión electrónica de Wendy Carlos, ¡flipa con el cruce, colega! Y en 2001 salió un anuncio de Reebok con una versión de DJ Shadow, vamos, que mi galope ha corrido más que un atleta, ¡brutal, bro!

Mi último baile y a vivir que son dos días

Venga, que William Tell fue mi última ópera, la número 39, y luego me quedé casi 40 años más por aquí sin escribir otra, ¡qué fuerte, tronco! Tras la Revolución de Julio de 1830 el nuevo Gobierno me recortó la renta, me puse a pelear por ella y la gané en 1835, o sea, pleito de los chungos, ¿sabes? Por qué colgué las óperas nadie lo sabe seguro: que si la salud, que si la pasta, que si el rollo de la ópera grande, que si la revolución, ¡a ver quién se aclara, colega! Pero seguí currando, ¿eh?: cantatas, música sacra, más de 150 piezas ligeras y la Petite messe solennelle, que se estrenó en 1864, ¡y tú pensando que me jubilé, anda ya, quillo!
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¡Buah, colega, que ya me voy pirando y me quedo to' reflexivo, tío! Mira que me costó un currazo parir la obertura, pero ahí sigue, dabuten, dando guerra con sus doce minutos de nada. ¿Qué, peña, te ha molao el rollo de cómo se coció mi William Tell Overture, o te has quedao flipao? Y ojo, que aún queda tela por rascar, porque los cuatro cachos van pegaos sin respirar y ahí hay mogollón de chicha pa' desmenuzar. Hasta Liszt se lo pasó chachi y la birló pa' piano en 1838, ¡la leche, qué cuajo tenía el tío! Así que pincha en los enlaces que tienes por aquí y date un voltio por el resto, que no te vas a arrepentir, ¡venga, a darle caña! ¡Y luego me cuentas, crack, que yo me quedo aquí tan fresco!