Franz Schubert
Compositor

1797 – 1828

Retrato de Schubert
¡Atiende, peña, soy Franz Schubert, el colega de Viena que nació en 1797 y se lo curró mazo con la música, tronco! Pues nada, a ver, que me flipa un montón contaros mi vida, ¡de pe a pa, sin cortarme ni un pelo, illo! Y ojo, que aquí en la web mis colegas compositores y yo os enseñamos a reconocer mis temas nada más oírlos, ¡así que anda, venga,  dale caña al entrenamiento , que mola de locos!
---

Hijo doce de catorce, ahí es nada

¡Mazo de churumbeles en casa, tronco! Yo nací en 1797 en Himmelpfortgrund, en Viena, el duodécimo de catorce hermanos, y solo cinco llegamos a mayores, ¡qué movida más chunga! Mi padre, maestro de escuela de la parroquia, me puso un violín en las manos, mi hermano Ignaz me enseñó piano y el organista Michael Holzer me metió órgano y armonía a base de bien, o sea, un máster exprés. Con once añitos, en 1808, me pillé una beca de coro en el Stadtkonvikt, y allí flipé con Mozart, Haydn y Beethoven, ¡unos cracks de locos, illo!

De pringao a petarlo con un rey del bosque

Pues nada, antes del bombazo yo era un chaval currando de profe en el cole de mi padre desde 1814, y, sinceramente, me rayaba un huevo, un rollo patatero total. Por las noches me pirraba por componer, y con mi Gretchen am Spinnrade ya iba dejando a la peña con la boca abierta, ¿sabes? Pero el pelotazo fue el Erlkönig, que el cantante Johann Michael Vogl cantó en 1821, ¡brutal, tío, un padre con un crío en brazos y la muerte rondando, te pones chungo del flow! Ese mismo 1821 me admitieron en la Gesellschaft der Musikfreunde, después de que me dieran calabazas en 1818, ¡anda ya, qué guasa!

Viena, mi barrio y mi peña

¡Viena, colega, mi rollo, mi casa, mi todo! Ahí viví entre pisos de amigos, primero con Franz von Schober desde 1816 y luego con Johann Mayrhofer, o sea, un nómada con piano y cero pasta. A principios de los años veinte la peña se juntaba en unas fiestas que llamaban Schubertiadas, ¡madre mía, qué movidón! Yo tocaba, los colegas cantaban, todos flipando en plan sofá y buen rollo, y ni un puñetero ticket de entrada, ¡qué guay, hombre! Eso sí, en Viena mi fama no pasaba del corrillo de admiradores, y los editores iban con cuentagotas, así que los royalties eran de risa, ¡vaya tela!

Lo que más suena, tronco

¡Hostia, mis temazos! Tengo el Trout Quintet, que va burbujeando como un río en primavera, y el cuarteto La muerte y la doncella, que te pone el vello de punta, ¡de locos! También las canciones de Die schöne Müllerin y Winterreise, con poemas de Wilhelm Müller, un viaje de bajón total pero precioso, ¿eh? Y ojo con el Ave Maria, que está aquí en la web: una melodía tan suave y tan calmada que parece que te arropa con una manta calentita, ¡flipante, bro! Dale al play, cierra los ojos y a ver si no se te pone el alma en modo derretirse, ¡ni de coña me dices que no!

Obras sin final y teatros que petaron

¡Mi gran cagada, quillo, el teatro! De veinte proyectos para la escena acabé solo once, y casi todos se fueron al garete, ¡un fracaso de los gordos, flipas! Empecé mi Sinfonía n.º 8, la Inacabada, en 1822, y la dejé a medias, ¡menuda movida, tío! ¿Por qué? Ni idea, la peña lleva siglos rayándose y nadie lo sabe, y ojo, que no la dejé porque me muriera, que viví hasta 1828, ¡no cuela! En 1820 hasta me trincó la policía con cuatro colegas y nos echaron la bronca, ¡menudo rollo, pero sin más, que no me cayó nada!

Año final, a tope de curro

¡Venga, que se acaba, pero con un pique brutal! En 1827 saqué Winterreise, que es un viaje helador de mazo de pena, ¡un bajonazo de campeonato, colega! El 26 de marzo de 1828 hice mi único concierto con música solo mía, y fue un subidón, ¡por fin la peña a mis pies, tío! Ese año firmé también la Gran Sinfonía en do mayor, la n.º 9, aunque parece que la ensayaron y nunca se tocó en público mientras vivía, ¡qué mala pata, illo! Y el 19 de noviembre de 1828, con 31 añitos, me fui al otro barrio en casa de mi hermano Ferdinand, oficialmente por fiebre tifoidea, ¡un palo chungo de verdad!

Después de palmarla, la fama me pilló

¡Mira qué ironía, chaval! Me enterraron en Währing, pegadito a la tumba de Beethoven, y en 1888 nos mudaron a los dos al Zentralfriedhof, ¡dos vecinos de lujo, qué flipe! Franz Grillparzer me escribió el epitafio, diciendo que la música había enterrado aquí una riqueza enorme, ¡vaya colega con detallazo! Mendelssohn, Schumann, Liszt y Brahms se dedicaron a defender mi música, y Schumann habló de la «divina longitud» de la Gran Sinfonía en do mayor, ¡que se pasó de largo y mola, tronco! En 1867 George Grove y Arthur Sullivan rescataron un montón de manuscritos en Viena, y Otto Erich Deutsch montó el catálogo con mis números D, ¡qué máquinas, ahora me pillan hasta en el súper!

Mi regalo pa' ti, peña

¡Escucha bien, amigo, que esto va en serio! Yo no quiero que me veas como un crack de museo, quiero que mi música sea tu colega cuando andes chungo. Si estás flipao de alegría, ahí me tienes pa' bailar; si andas de bajón, te la cuelo como un abrazo, ¿sabes? Y si no pillas ni papa de música clásica, tranqui, pues nada, dale al play y que fluya, que aquí no hay examen ni rollos, ¡de locos! Lo único que te pido es que te dejes llevar y que lo disfrutes, ¡venga, vamos allá, tronco, que te va a molar mazo!
---
¿Te mola cómo ha ido mi vida, colega, o qué, te ha flipao o te has quedao pillao de la movida? Pues nada, tío, que en esta web tienes mi Ave Maria pa' que la flipes en colorines, ¡una joya de las güenas, de locos! Venga, dale ya a los enlaces de aquí abajo, tronco, ¡que te va a petar la cabeza, illo, no te rayes!
Ave Maria
Ellens Gesang III in B-flat major, D. 839, Op. 52 No. 6
Serenade (Ständchen)
Ständchen ("Leise flehen meine Lieder"), No. 4 of Schwanengesang, D. 957