Un chelo a solas con la Cello Suite No 1 in G Major Prelude de Bach
Entre bastidores

Cello Suite No. 1 in G major, BWV 1007: I. Prélude

Bach cuenta lo que hay entre bastidores de Cello Suite No 1 in G Major Prelude
Soy Bach, y esta es la historia de cómo nació el Prelude de la Cello Suite No 1 in G Major. Vas a descubrir cómo un único chelo, sin nadie que lo acompañe, sostiene una de mis páginas más famosas, y por qué ni siquiera se conserva mi manuscrito. Si quieres saber cuánto reconoces de lo que oyes, mis compañeros compositores y yo te lo enseñamos en esta web, así que  prueba el entrenamiento  cuando te apetezca.
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Un jefe con corona y un músico con horario

Yo compuse esta música muy probablemente en Köthen, donde fui Kapellmeister del príncipe Leopold entre 1717 y 1723. Kapellmeister es una palabra muy larga para decir que yo era el responsable de la música de la corte. Fue un tiempo de trabajo tranquilo, de esos en los que uno puede sentarse a pensar qué hacer con un solo instrumento. Y lo que se me ocurrió fue hacerlo cantar sin que nadie más le echara una mano.

Un día cualquiera entre 1717 y 1723

Si me preguntas en qué día exacto escribí el Prelude, tengo que decirte que nadie lo sabe. Lo único seguro es que cae dentro de esos años de Köthen, que son un margen bastante generoso. Los historiadores se han conformado con ese intervalo, y yo, desde luego, no he venido a corregirlos. A veces una obra famosa nace sin que nadie apunte la fecha en el calendario.

La primera de seis

Esta suite es la primera de un grupo de seis para chelo solo. Cada una sigue un mismo plan, así que al conocer una ya sabes cómo se organizan las demás. En esta, el Prelude abre el camino y le siguen la Allemande, la Courante, la Sarabande, los dos Minuets y la Gigue. Son seis movimientos, y el primero es el que hace de puerta de entrada.

Una puerta de entrada con mucha personalidad

Casi todos los movimientos que vienen después son danzas, con su ritmo marcado y su manera de moverse. El Prelude, en cambio, no baila con nadie: es como un calentamiento que te prepara el oído para lo que viene. Está hecho sobre todo de acordes que se despliegan, y esa idea tan sencilla es la que le da su carácter. Quizá por eso resulta el movimiento más popular de toda la colección.

El manuscrito que se esfumó

Aquí viene la parte que más me hace sonreír: no se conserva ningún manuscrito escrito de mi puño y letra de estas suites. Es decir, el original que salió de mi mesa de trabajo se perdió por el camino. Nadie sabe si existió otro papel anterior del que se copió después, y probablemente nunca lo sabremos. Una obra tan querida y sin su papel original: la historia de la música tiene estas ironías.

La copia de Anna Magdalena

Por suerte, mi segunda esposa, Anna Magdalena, hizo una copia que sí ha llegado hasta hoy. Me casé con ella el 3 de diciembre de 1721, y su caligrafía cuidadosa acabó siendo un regalo para la posteridad. Su copia está fechada entre 1727 y 1731, más o menos, y es la fuente principal con la que contamos. Para esta primera suite, es además el único manuscrito que aparece en las listas, así que casi todo lo que tocan los chelistas pasa por sus manos.

¿Qué instrumento tenía yo en mente?

Aquí tengo que ser sincero: hay una duda sobre qué tipo de instrumento imaginé al escribirla. Puede que fuera el chelo que conoces, apoyado entre las piernas, o uno más pequeño que se sujetaba sobre el hombro. Las investigaciones recientes se inclinan por la segunda posibilidad, pero la cuestión sigue abierta. Sea como sea, la música suena igual de bien en el chelo de hoy, y eso es lo que importa.

Un niño, una tienda y una edición

En Barcelona, un chico de 13 años se cruzó un día con estas suites. Se llamaba Pablo Casals y encontró en una tienda una edición de Friedrich Grützmacher. Ojo, que no las tocó en un concierto a esa edad: lo que halló fue una partitura impresa, y con eso le bastó. A veces el destino de una obra depende de que alguien curiosee entre las estanterías de una tienda.

Casals graba y el mundo escucha

Pasaron décadas antes de que Casals se decidiera a grabar las seis suites, y fue el primero en hacerlo, entre 1936 y 1939. Empezó cuando ya tenía 60 años, de modo que la paciencia, desde luego, no le faltaba. Aquella grabación fue tan importante que en 2019 la Biblioteca del Congreso la eligió para su Registro Nacional de Grabaciones. Cuando una pieza acaba en un archivo así, ya no hay duda de que ha entrado en la historia.

De mi mesa de Köthen a tu pantalla

Hoy el Prelude suena con frecuencia en la televisión y en el cine, y seguramente lo habrás oído sin saber que era mío. A mí, que nací en Eisenach en 1685 y morí en Leipzig en 1750, me hace gracia que algo escrito para un solo chelo llegue tan lejos. Es una pieza de un único instrumento, y aun así cabe en cualquier escena que necesite calma o emoción. Si la oyes otra vez, fíjate en cómo esas notas sueltas se van convirtiendo en una melodía completa.
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Y así, entre las paredes de la corte de Köthen y una copia que hizo mi segunda esposa, Anna Magdalena, ha llegado hasta ti este Prelude. Mi manuscrito no se conserva, así que en buena parte le debo a su letra que hoy puedas escucharlo. Me gusta pensar que una música tan sencilla de oír guarda detrás tantas pequeñas casualidades. ¿Te ha gustado conocer la historia del Prelude de la Cello Suite No 1 in G Major? Todavía queda mucho por descubrir de esta obra, desde las otras cinco suites que la acompañan hasta las distintas maneras en que los chelistas la han tocado a lo largo del tiempo. Si te apetece seguir explorando, haz clic en los enlaces que tienes a continuación. Y la próxima vez que oigas un chelo solo desgranando un acorde nota a nota, quizá sonrías al reconocerlo.