Una dedicatoria tachada en la Symphony No 3 "Eroica" de Beethoven
Entre bastidores

Symphony No. 3 in E-flat major, Op. 55

Beethoven cuenta lo que hay entre bastidores de Symphony No 3 "Eroica"
Me llamo Ludwig van Beethoven, y esta es la historia de cómo nació mi Symphony No 3 "Eroica". Vas a saber por qué retiré la dedicatoria a Napoleón Bonaparte cuando él se proclamó emperador en 1804, y cómo ese gesto marcó el destino de la sinfonía. En esta web mis compañeros compositores y yo te enseñamos además a reconocer nuestras obras nada más oírlas, así que anímate a  empezar con el entrenamiento .
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Un otoño de malas noticias

En octubre de 1802 escribí el Testamento de Heiligenstadt, una carta dirigida a mis hermanos Carl y Johann. Les contaba la desesperación que me causaba mi sordera, cada vez peor, y hasta pensé en quitarme la vida. Pero también les decía que quería seguir adelante con mi arte, y esa decisión es el verdadero punto de partida de esta sinfonía. Ese mismo otoño apunté los primeros bocetos, agarrándome a la música como a un clavo ardiendo.

Una sinfonía que no cabía en el molde

Trabajé en ella sobre todo entre 1803 y 1804, y todavía hice los últimos cambios a principios de 1804. Lo que salió dura unos cincuenta minutos, casi el doble que una sinfonía corriente de Haydn o de Mozart. Era como invitar al público a tomar un café y, de pronto, pedirle que se quedara a cenar. Yo no lo veía como un exceso, sino como el espacio que necesitaban mis ideas para desarrollarse.

Mi admiración por un cónsul

Admiraba a Napoleon Bonaparte, que entonces era Primer Cónsul, y pensé en dedicarle la obra. Me parecía un hombre que encarnaba las ideas nuevas de su tiempo. En 1804 se declaró emperador, y yo retiré la dedicatoria. Se cuenta que, al enterarme, dije que no era más que un tirano que pisotearía los derechos de las personas, aunque eso solo nos ha llegado como anécdota.

La portada que acabó rota

Mi alumno Ferdinand Ries contó que rompí la portada del manuscrito, furioso por lo de Napoleon. Nadie puede asegurarlo, porque es un relato de segunda mano, y la portada que se conserva aparece rota y vuelta a copiar, no destruida. Lo cierto es que la obra se quedó sin dedicatario y acabó dedicada al príncipe Joseph Franz Maximilian Lobkowitz. Un príncipe con orquesta propia es, bien mirado, un dedicatario bastante práctico.

Un estreno en casa ajena

El 9 de junio de 1804 la sinfonía sonó por primera vez, en privado, en el palacio vienés del príncipe Lobkowitz y con su orquesta. Para la ocasión contrató a 22 músicos más, entre ellos el que tocaba la tercera trompa que exige la partitura. Aquel verano hubo más sesiones privadas en sus fincas de Bohemia. Así que mi sinfonía veraneó en el campo antes de que Viena pudiera oírla en público.

Un estreno público con críticas tibias

El estreno público fue el 7 de abril de 1805 en el Theater an der Wien de Viena, y esa vez dirigí yo. En el mismo concierto se estrenó una Sinfonía en mi bemol de Anton Eberl, que recibió mejores críticas que la mía. Las reseñas de mi obra fueron desiguales, porque la encontraron larga, compleja y original, y alguien dijo que saldría ganando si se acortaba. Yo me quedo con lo de original, que al fin y al cabo era lo que andaba buscando.

Cuatro platos en un solo menú

Una sinfonía se divide en movimientos, que son como los platos de un menú: cada uno tiene su propio carácter y entre uno y otro se hace una pequeña pausa. Mi menú empieza con el Allegro con brio, lleno de energía, y sigue con la Marcia funebre, un Adagio assai lento y solemne. Después llega el Scherzo, un Allegro vivace con su Trío, que funciona como un respiro rápido y juguetón entre tanta seriedad. Y el Finale, un Allegro molto, cierra con una serie de variaciones que incluye una fuga, una parte lenta y una coda veloz.

Un tema de segunda mano

El tema del final no lo inventé para esta sinfonía. Ya lo había usado en una contradanza, en mi ballet The Creatures of Prometheus y en las variaciones para piano Op. 35. Era como esa receta de la abuela que acaba apareciendo en todas las comidas familiares. Algún estudioso, Lewis Lockwood, sostiene que el tema del Op. 35 sostiene por debajo los tres primeros movimientos, aunque es solo una hipótesis.

Un nombre que llegó tarde

El título Sinfonia eroica no aparece hasta la primera edición de las particellas, impresa en Viena en octubre de 1806. Esa portada ya nombra al príncipe Lobkowitz como dedicatario, así que el apodo no nació como homenaje a Napoleon. La edición de 1806 añade en italiano que se compuso para celebrar el recuerdo de un "grande Uomo", y esa frase deja la puerta abierta a quien quiera imaginarlo. Fue un apodo tardío, de los que te ponen cuando ya llevas años en la clase.

Una obra que no se jubila

En 2016, una encuesta de BBC Music Magazine a 151 directores de orquesta la eligió como la mejor sinfonía. Mucha gente la considera un paso del Clasicismo al Romanticismo. Mi marcha fúnebre ha sonado en despedidas tan distintas como la de Mendelssohn en 1847 y la de John F. Kennedy en 1963. Y en 2003 se hizo incluso una película titulada Eroica, basada en parte en el relato de Ries sobre el estreno de 1804.
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Hasta la próxima vez

Hasta aquí he llegado con la historia de mi Symphony No 3 "Eroica", y me quedo pensando en lo lejos que me llevó aquel otoño de 1802. ¿Te ha gustado conocer la historia de mi Symphony No 3 "Eroica"? Yo la escribí queriendo seguir adelante, y todavía hoy me alegra que alguien se detenga a escucharla con calma. Aún queda mucho por descubrir en esta sinfonía: lo que pasó en aquel estreno público de 1805, cómo suena cada uno de sus cuatro movimientos o por qué tanta gente la sigue considerando una de las más grandes. Si te apetece seguir explorándola, haz clic en los enlaces que tienes aquí y continúa el camino a tu ritmo. Te espero con los oídos abiertos.