De crucero real con Water Music de Handel
Entre bastidores

Water Music, HWV 348–350

Händel cuenta lo que hay entre bastidores de Water Music
Hola, soy Handel y hoy voy a contarte la historia detrás de mi Water Music. Aquí vas a descubrir cómo se organizó en Londres aquella travesía nocturna de julio de 1717 con unos cincuenta músicos tocando sobre una barcaza hasta la madrugada. Si también quieres aprender a reconocer mis piezas y las de mis colegas compositores al escucharlas, en esta página te ayudamos cuando vengas a  hacer el entrenamiento .
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Una fiesta flotante por encargo real

En el verano de 1717 yo vivía en Londres bajo el mecenazgo de Richard Boyle en Burlington House, cuando el rey George I pidió organizar un concierto sobre el río Támesis. El encargado de montar toda aquella excursión real fue el barón Johann Adolf von Kielmansegg, que trabajaba como caballerizo mayor del monarca y estaba casado con su hermanastra Sophia Charlotte. Para estar a la altura de la ocasión, yo compuse mi Water Music pensando en que la música tenía que viajar sobre el agua sin que la brisa de la tarde se llevara las notas. Es como intentar contar una buena anécdota de punta a punta de una mesa muy larga: tienes que proyectar bien la voz para que nadie se pierda el final.

El cuento del monarca enfadado

Años después de mi muerte, mi biógrafo John Mainwaring publicó en 1760 el rumor de que escribí esta obra en secreto para reconciliarme con el rey. Según esa invención, George I estaba furioso conmigo por haber alargado más de la cuenta mi permiso fuera de Hannover antes de que él subiera al trono británico. La realidad es mucho menos novelesca, porque antes de 1717 el monarca ya me había recibido con agrado en la corte, me había doblado la pensión real y me había contratado como profesor de las princesas. Nunca dejes que un recibo de sueldo te estropee una leyenda dramática, pero lo cierto es que aquella noche no fui a pedir perdón a nadie.

Cincuenta músicos al abordaje

La noche del 17 de julio de 1717 nos embarcamos en el río para acompañar a la barcaza real en su travesía desde Whitehall Palace hasta Chelsea. El barón Kielmansegg puso a nuestra disposición una barcaza de la ciudad en la que nos apretamos unos cincuenta músicos para navegar justo al lado del rey y sus aristócratas. Meter a tanta gente con sus instrumentos en un barco requería más puntería que hacer la maleta para un mes en un cofre de mano. Navegamos pegados a la comitiva real durante todo el trayecto, convirtiendo las aguas de Londres en una sala de conciertos flotante.

El clave se queda en tierra

Para que mi música se escuchara bien al aire libre, reuní flauta travesera, flauta de pico, dos oboes, fagot, dos trompas, dos trompetas, cuerdas y bajo continuo. Aunque en un teatro siempre usábamos el clave para llevar la base armónica, en la barcaza decidí dejarlo en tierra porque no se habría oído nada en medio del río. Subir un instrumento de teclado a ese barco habría sido tan inútil como encender una vela para iluminar el jardín a mediodía. En su lugar, confié esa línea grave a las cuerdas y a los vientos bajos, que tenían pulmón y cuerpo de sobra para sostener al grupo sobre el agua.

Un menú musical por entregas

Una obra larga como esta se divide en piezas breves e independientes llamadas movimientos, que funcionan como los distintos platos de un gran banquete para que el oído saboree ritmos variados sin cansarse. Hoy la gente conoce sobre todo tres de estos platos fuertes: la solemne Overture que abre fuego al estilo francés, el cantable Air con su melodía serena y el vibrante Hornpipe lleno de energía marinera. Alrededor de ellos serví toda una bandeja de danzas barrocas estilizadas, combinando minuetos, bourrées, rigaudons, una sarabande y gigues que alternan indicaciones como Largo, Allegro, Adagio e staccato, Andante, Presto, Alla Hornpipe, Lentement o Pomposo. Toda esa variedad permitía pasar de la calma al bullicio en cuestión de minutos, manteniendo despiertos a los invitados mientras avanzábamos por la corriente.

Tres veces antes de dormir

Sabemos cómo fue la velada gracias al periódico The Daily Courant y al informe que el enviado prusiano Friedrich Bonet mandó a Berlín pocos días después. Al rey George I le gustó tanto mi música que ordenó que la tocáramos entera tres veces a lo largo de la excursión. Interpretamos el repertorio dos veces antes de la cena y una vez más después, en una jornada que se alargó hasta pasadas las cuatro y media de la madrugada. Menos mal que la brisa nocturna del río refrescaba el ambiente, porque mis músicos de viento acabaron haciendo más ejercicio que los propios remeros.

Tres familias muy bien avenidas

Como el manuscrito original completo que escribí de mi puño y letra se perdió, nadie sabe con certeza en qué orden exacto sonaron las piezas aquella noche de 1717. De hecho, los estudiosos todavía debaten si algunos pasajes se habían escrito dos años antes, en 1715, para otro paseo real por el río. Con el tiempo, los editores modernos organizaron todo el material en tres grandes bloques según su afinación y sus instrumentos principales: la Suite in F major con sus trompas, la Suite in D major dominada por las trompetas y la Suite in G major guiada por las flautas. Es como separar a los invitados de una boda en tres mesas distintas según su volumen de voz para que los más ruidosos no tapen a los que hablan bajito.

Del río a las imprentas de Londres

En la misma época de aquel estreno fluvial, dejé la casa de lord Burlington para instalarme como compositor residente en Cannons, en Middlesex, al servicio de James Brydges. Mientras mi carrera seguía adelante, la fama de aquellas piezas acuáticas no dejó de crecer entre el público londinense. Hacia 1733, el editor John Walsh publicó la primera edición parcial para orquesta bajo el título The Celebrated Water Musick, y diez años más tarde sacó un arreglo para clave. De modo que el instrumento de teclado que no pudo subir al barco en el estreno acabó llevándose la música a los salones de las casas particulares.

El rompecabezas después de mi muerte

La primera partitura completa no vio la luz hasta 1788, cuando Samuel Arnold la publicó de forma póstuma. Tanto en la edición de Arnold como en otros manuscritos importantes de aquel siglo, las piezas en distintas tonalidades aparecían mezcladas en lugar de separadas en tres bloques independientes. Más adelante, a principios de los años veinte del siglo pasado, el director irlandés Sir Hamilton Harty seleccionó seis piezas y las adaptó para una orquesta sinfónica moderna. Aquella versión reducida se convirtió en la forma habitual de escuchar mi obra en los auditorios durante décadas, hasta que volvió la costumbre de tocarla con los instrumentos de mi época.

De la barcaza real a la televisión

Nunca imaginé que una música pensada para una noche de verano en el Támesis acabaría anunciando la programación en las casas británicas dos siglos más tarde. Entre 1959 y 1988, la cadena regional Anglia Television utilizó una versión abreviada de mi Alla Hornpipe, arreglada por Sir Malcolm Sargent, como sintonía de inicio de sus emisiones. Por si fuera poco, desde 1971 varias partes de la obra suenan también al otro lado del océano en el desfile nocturno Electrical Water Pageant de Walt Disney World. Se ve que a mis melodías les sienta tan bien el agua que, trescientos años después, todavía se niegan a desembarcar en tierra firme.
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¿Qué te ha parecido la historia de cómo nació mi Water Music? Más allá de aquella noche de verano en el río, esta obra guarda todavía muchos detalles y rincones musicales que merece la pena conocer. Si te apetece seguir descubriendo todo lo que esconde mi Water Music, no tienes más que hacer clic en los enlaces de esta página.