Bochorno y truenos en Summer (Four Seasons) de Vivaldi
Entre bastidores
Concerto No. 2 in G minor, Op. 8, RV 315

Hola, soy Vivaldi y hoy quiero contarte la historia detrás de mi concierto Summer (Four Seasons). Aquí vas a descubrir cómo mi etapa en Mantua y un soneto lleno de pistas en la partitura dieron vida a esta música antes de que conquistara media Europa desde Ámsterdam. Por cierto, en esta página otros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas al vuelo, así que anímate y prueba aquí el entrenamiento .
---
Sudando la gota gorda en Mantua
Compuse mi concierto Summer, o L'estate como lo llamamos en italiano, más o menos entre 1718 y 1720, cuando vivía en Mantua. Por aquel entonces trabajaba como maestro de capilla de cámara en la corte del príncipe Philip of Hesse-Darmstadt, que era el gobernador de la ciudad. Aunque algunos estudiosos como Karl Heller creen que pude haber escrito el ciclo The Four Seasons hacia 1716 o 1717, lo cierto es que el calor del campo en aquellos años se me quedó grabado. Si alguna vez has intentado concentrarte con el sol pegando de lleno en la ventana, entenderás perfectamente por qué esta obra no suena a unas vacaciones tranquilas en la playa.Un carnet de identidad muy formal
En los papeles oficiales mi pieza se llama Concerto No. 2 in G minor, Op. 8, RV 315, que suena casi como la matrícula de un carruaje. Ese código RV 315 viene del catálogo Ryom-Verzeichnis, que preparó mucho después el musicólogo danés Peter Ryom para poner orden en todo lo que escribí. Toda la obra está en la tonalidad de sol menor, desde el primer compás hasta el último, algo que me venía de maravilla para darle un aire serio y amenazante. Para tocarla no hace falta un ejército, sino un violín solista acompañado por dos partes de violín, viola y el bajo continuo de violonchelo y clave u órgano.Un viaje de cuatro paradas hacia Ámsterdam
Mucha gente piensa que The Four Seasons salió a la venta como un libro independiente de cuatro conciertos, pero en realidad eso no es cierto. Mi Summer vio la luz en 1725 en Ámsterdam, en la imprenta de Michel-Charles Le Cène, como el segundo concierto de una colección de doce llamada Il cimento dell'armonia e dell'inventione, Op. 8. Meter cuatro conciertos sobre el clima dentro de un lote de doce era como venderte el abrigo, el paraguas y el abanico en la misma caja. Aquella edición tuvo un éxito inmediato de crítica y ventas por toda Europa, sobre todo en París y en Londres, y consolidó mi fama más allá de mis fronteras.Un estreno sin entradas ni carteles
Dediqué toda esa colección del Op. 8 a mi mecenas bohemio, el conde Wenzel von Morzin, a quien ya le había enviado antes los manuscritos de los cuatro conciertos de las estaciones. En mi propia dedicatoria dejé claro que la orquesta privada del conde ya los había tocado bastante antes de que se imprimieran en 1725. Como aquellas veladas privadas en los palacios de principios del siglo XVIII no se registraban en ningún archivo, hoy nadie sabe la fecha exacta, el lugar ni quién fue el primer solista en tocarlo. Me gusta pensar que sus músicos sudaron tanto con la partitura como el pobre campesino de mi historia.Tres capítulos de una misma tarde de bochorno
Dividí el concierto en tres partes llamadas movimientos, que vienen a ser como los tres actos de una obra de teatro donde cambia el ritmo de la acción pero no la historia. Siguiendo la costumbre barroca italiana de alternar rápido, lento y rápido, empecé con el I. Allegro non molto, donde tras el bochorno inicial el violín imita al cuco, a la tórtola y al jilguero antes de que el fiero viento del norte haga llorar al pastor. Luego llega el II. Adagio e piano – Presto e forte, una charla inquieta entre el solista y la orquesta en la que nuestro agotado pastor intenta dormir entre moscas, avispones y truenos repentinos. Todo remata en el III. Presto, a menudo subtitulado Tempo impetuoso d'estate, donde las escalas rápidas a toda velocidad descargan por fin una tormenta de rayos y granizo que aplasta las cosechas.Poemas con manual de instrucciones
Tampoco es verdad ese rumor de que los versos que acompañan a la música los añadió más tarde un editor o un comentarista por su cuenta. Desde los primeros manuscritos y la edición de Ámsterdam de 1725, el concierto llevaba un soneto en italiano que explicaba paso a paso todo lo que ocurría en el campo. Además, coloqué letras en la partitura que coincidían con los versos del poema, como quien pone carteles en un camino para que los músicos supieran en qué compás exacto entraba el jilguero o estallaba el trueno. El soneto se publicó de forma anónima y, aunque la mayoría de los expertos creen que los versos salieron de mi propia pluma, no ha sobrevivido ningún documento que lo demuestre del todo.Del papel de imprenta a la gran pantalla
Aunque escribí esta tormenta en el siglo XVIII, mis nubes negras han seguido descargando lluvia mucho tiempo después con otros artistas. En 2012, el compositor Max Richter adaptó el concierto dentro de su conocido álbum Recomposed by Max Richter: Vivaldi – The Four Seasons, dándole un giro postminimalista a mis notas. Unos años más tarde, en 2019, el vibrante tercer movimiento tuvo un papel muy destacado en la película francesa Portrait of a Lady on Fire, dirigida por Céline Sciamma, cerrando la historia en una sala de conciertos. Para haber empezado como un día de calor insoportable en Mantua, no está nada mal ver que mi aguacero sigue dejando huella tantos siglos después.---
¿Te ha gustado descubrir la historia que se esconde detrás de mi Summer (Four Seasons)? Todavía quedan muchos rincones y secretos por explorar en esta obra, desde los detalles de su música hasta sus pasajes más llamativos. Si te apetece seguir curioseando a la fresca, pincha en los enlaces que tienes aquí mismo y continúa disfrutando de mi Summer (Four Seasons).
