Arpegios sin prisa en el Prelude No 1 in C Major de Bach
La guía de escucha
The Well-Tempered Clavier, Book 1: Prelude No. 1 in C major, BWV 846

Me llamo Johann Sebastian Bach y te recibo en la guía de escucha del Prelude No 1 in C Major. Aprenderás a seguir cómo un mismo dibujo de notas se repite sin cesar mientras la nota grave cambia por debajo, y ahí está el secreto de que esta música parezca tan serena. Aquí, en esta web, mis colegas y yo también te enseñamos a reconocer nuestras obras nada más oírlas, así que anímate con el entrenamiento y ponte a prueba.
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Cómo escuchar sin esperar una melodía
Si nunca has escuchado música clásica, te doy un consejo sencillo: no esperes una melodía que puedas tararear, porque aquí lo que suena es un movimiento continuo. Fíjate en que el clavicémbalo repite casi sin parar el mismo dibujo de notas, como el agua de una fuente que cae siempre con el mismo ritmo. Lo interesante no es ese dibujo, sino lo que cambia por debajo: la nota más grave se mueve y con ella cambia el color de todo lo demás. Si echas de menos una melodía, ya la añadió alguien después: en 1853 Charles Gounod improvisó una encima de mi preludio, y esa idea acabó publicada.Por qué lo llamé preludio y no otra cosa
Lo llamé preludio porque su trabajo es abrir camino: va delante de una fuga de 27 compases, y no de unas danzas. Es el primero de los 24 pares de preludios y fugas que tiene cada libro de The Well-Tempered Clavier. «Well-tempered» alude a una afinación de doce notas en la que todas las tonalidades suenan bien, y «clavier» no quiere decir piano, que acababa de inventarse, sino clavicémbalo, clavicordio u órgano. En la portada escribí que la obra servía tanto a los jóvenes con ganas de aprender como a quienes ya dominaban el oficio, y este preludio, tan sencillo al empezar, funciona para los dos.Una pieza que no se deja etiquetar
Lo habitual sería encontrar temas que vuelven una y otra vez, pero aquí no hay nada de eso. Este preludio es otra cosa: un único río de acordes rotos que va cambiando de paisaje sin detenerse, sin un tema que regrese y sin pausas entre las partes. Aun así, si escuchas con atención, distinguirás cuatro tramos: un arranque tranquilo en do mayor, un paseo por otras tonalidades, una zona de tensión y la llegada final. Los iré recorriendo uno a uno en los próximos párrafos, así que ponte cómodo, que la exploración merece la pena.Sección 1: El que saluda con buenos modales
Empiezo en do mayor, una tonalidad clara y luminosa donde todo suena en su sitio. El pulso es regular y sereno, y las notas del acorde van subiendo una tras otra sin ninguna prisa. El ánimo es el de una mañana despejada: nada te empuja ni te inquieta, y desde los primeros compases sabes dónde estás. Es la sección en la que todo parece demasiado fácil, y justo ahí empiezo a prepararte lo que viene después.Sección 2: Un paseo en el que cambio de barrio sin avisar
Enseguida dejo de quedarme en casa y la armonía empieza a visitar otras tonalidades, una detrás de otra. El dibujo de notas sigue siendo el mismo, pero cada acorde nuevo le da otro color, a veces más dulce y a veces más misterioso. Notarás que no hay saltos bruscos: cada cambio se desliza hacia el siguiente, como cuando paseas por una ciudad y no sabes dónde acabó un barrio y empezó el otro. El ánimo pasa de la calma a la curiosidad, y cada vez que crees haber adivinado adónde voy, giro un poco más.Sección 3: Aguanto la respiración
Hacia el final la música se carga de tensión: abajo se queda sostenida una nota grave que no se mueve, mientras los acordes de encima siguen girando. Esa nota grave funciona como un ancla, y cuanto más dura, más ganas tienes de que por fin se suelte. Es el momento más intenso de todo el preludio, y sin embargo sigue sonando con el mismo ritmo suave de antes, sin levantar la voz. El ánimo no es de miedo sino de expectación: sabes que algo va a llegar, y yo te hago esperar un poco más.Sección 4: Un punto final sin aspavientos
Por fin la tensión se suelta y regreso a do mayor, la tonalidad desde la que empecé. Las notas rotas se van aquietando y el movimiento, que no ha parado en todo el preludio, se detiene. Termino con un único acorde de do mayor, sin adornos ni florituras, que suena como un punto final sereno. Después de tanto camino descubres que has vuelto al punto de partida, aunque ya no lo oyes igual que al principio.Dale al play y déjate llevar
Ahora te toca a ti: pulsa el botón de reproducir y deja que la música te envuelva. Mientras suena, ten presente lo que hemos charlado: el dibujo que se repite, los cambios de color, la nota grave que espera y el acorde final. No hace falta que entiendas nada de teoría, basta con que te dejes llevar de una sección a la siguiente. Ojalá disfrutes del viaje por mi Prelude No 1 in C Major tanto como lo disfruté yo al componerlo.---
Hemos llegado al final de este recorrido por el Prelude No 1 in C Major, y yo me quedo con la sensación de haber compartido contigo algo que sigo queriendo mucho. Fíjate en lo curioso que resulta: una pieza de apenas 35 compases, hecha casi toda de acordes rotos, y aun así capaz de ocupar tantas páginas de historia. Tal vez ahora, cuando vuelvas a escucharla, notes cómo la nota grave se mueve por debajo y cómo cambia el color de la música sin que el dibujo de arriba se detenga. ¿Te ha gustado conocer la guía de escucha del Prelude No 1 in C Major? Todavía quedan muchos rincones de esta pieza por descubrir, desde la fuga que viene justo después hasta otras obras que se han construido a partir de ella. Si te apetece seguir explorando el Prelude No 1 in C Major, haz clic en los enlaces que tienes aquí y sigue escuchando a tu ritmo.
