Inquietud en sol menor con la Symphony No 40 de Mozart
I. Molto Allegro
Symphony No. 40 in G minor, K. 550

Soy Mozart, y en esta introducción te voy a explicar el primer movimiento de mi Symphony No 40, el Molto allegro. Vas a oír cómo el suspiro inicial se hace pedazos en el desarrollo y vuelve una y otra vez, y merece tu tiempo porque verás cómo una idea mínima sostiene todo el movimiento. Aquí, en este sitio, mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, así que entra en el entrenamiento y pruébalo.
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Cómo escuchar esto sin carné de aficionado
Te pido una sola cosa: fíjate en los violines, que llevan la melodía, y en las violas, que corren por debajo sin parar. Las violas ya están en marcha antes de que entren los violines, así que el movimiento empieza como un tren que arranca y la melodía sube después, cuando ya va rodando. Los violines cantan una figura corta que se parece a un suspiro, y esa es la idea que te conviene guardar en la cabeza, porque la vas a encontrar muchas veces. Los instrumentos de viento aparecen para dar color y responder, y en la versión con clarinetes, que preparé más tarde, ese color es todavía más rico.Un título que solo habla de velocidad
No me rompí la cabeza con el nombre: «I. Molto Allegro» es la indicación de tempo que escribí al principio de la partitura. Está en italiano, que es el idioma de estas indicaciones, y quiere decir algo así como «muy vivo», que es como quiero que lo toquen los músicos. El «I.» solo avisa de que este es el primero de los cuatro movimientos de la sinfonía. Ahora bien, no te dejes engañar por la palabra «vivo», porque aquí significa inquieto, y con el sol menor de por medio la fiesta queda para otra obra.La forma: una historia en tres actos
Para este movimiento elegí la forma sonata, que sirve para contar algo con dos ideas musicales que se miran de frente y no acaban de entenderse. Primero se presentan los temas en la exposición, después los desmonto en el desarrollo y al final regresan a casa en la reexposición. Son tres actos, pero como la exposición trae dos temas distintos, te lo cuento en cuatro secciones y las vamos recorriendo una a una. Todo ocurre en un compás de 2/2, con un pulso que casi nunca te deja respirar.Sección 1: El suspiro que no me deja en paz
Todo nace del primer tema, que es justamente ese motivo de suspiro que tocan los violines. Vuelve una y otra vez con pequeños cambios, igual que un pensamiento que intentas apartar y regresa al rato. Estamos en sol menor, la tonalidad principal del movimiento, y el ambiente es nervioso pero contenido. No hay presentación ni adornos: te entrego la idea más importante nada más empezar.Sección 2: Un rayo de luz en si bemol mayor
Después llega el segundo tema, y yo me paso a si bemol mayor, una tonalidad mayor que suena más clara y más abierta. No te fíes demasiado, porque este tema también suspira, y lo hace con un motivo que va bajando de semitono en semitono. Es como una sonrisa con los ojos todavía húmedos. Con este contraste entre los dos temas queda planteado el corazón de la forma sonata.Sección 3: Desmonto mi propio tema
En el desarrollo cojo el motivo del principio y lo rompo en fragmentos pequeños. Los repito de manera obsesiva y los enfrento con un contrapunto violento, que no es más que varias líneas melódicas persiguiéndose y empujándose entre sí. Es la parte más tensa del movimiento, y el tema se oye tantas veces troceado que casi pierde su sentido, como una palabra que repites hasta que suena rara. Si escuchas con atención, notarás que aquí ya no hay descanso ni sitio donde apoyarse.Sección 4: Vuelta a casa, pero con otro ánimo
En la reexposición regresan los dos temas, y el segundo vuelve ahora en sol menor, la tonalidad de casa. Es la misma melodía que antes sonaba en mayor, pero ahora se oye oscura y llena de duelo. Ese cambio de color cuenta toda la historia del movimiento: lo que era un rayo de luz termina apagado. No necesitas saber teoría para notarlo, te basta con recordar cómo sonaba el segundo tema la primera vez.Ahora te toca a ti
Ahora te invito a que vivas «I. Molto Allegro» por tu cuenta. Dale al play y deja que la música te envuelva sin pensar en nada más. Mientras suena, quizá te ayude acordarte de lo que hemos hablado: el suspiro, el rayo de luz y la vuelta a casa. ¡Ojalá disfrutes de este viaje por mi «I. Molto Allegro» tanto como lo disfruté yo cuando lo compuse!---
Espero que te haya gustado conocer la guía de escucha del I. Molto Allegro de mi Symphony No 40. ¿Qué te ha parecido recorrer conmigo ese comienzo tan callado y tan inquieto? Quizá ahora, cuando vuelvas a oír esos suspiros de los violines, los reconozcas como a viejos conocidos. Aun así, esta sinfonía guarda muchas más cosas por descubrir. Aún quedan por explorar sus otros tres movimientos, la historia de cómo la escribí y los detalles que la hacen tan especial. Si te apetece seguir adentrándote en ella, haz clic en los enlaces que tienes a tu disposición y continúa tu exploración de la Symphony No 40. Yo te espero al otro lado, con ganas de que la escuches otra vez y encuentres algo nuevo.
