Calentón pianístico de locos con la Appassionata de Beethoven
Entre bastidores

Piano Sonata No. 23 in F minor, Op. 57 ("Appassionata")

Beethoven cuenta lo que hay entre bastidores de Appassionata
¡Ey, ey, pasa, tronco, que soy Beethoven y aquí te cuento la movida de detrás de mi Appassionata, qué guay que te pases! Vas a flipar, colega: ese nombre ni lo puse yo, me lo colgó un editor cuando ya estaba criando malvas, ¡un marrón de locos! Y oye, que aquí mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas nada más oírlas, así que  tírate al entrenamiento , ¡a ver si me pillas, peña!
---

Sordo como una tapia y con ganas de bronca

¡Mazo de movida llevaba yo encima, tronco: en noviembre de 1792 me piré de Bonn a Viena con la maleta y los sueños, flipa! Hacia 1798 el oído empezó a fallarme, o sea, tío, un músico con las orejas en huelga, ¡qué chungo! En octubre de 1802, en Heiligenstadt, escribí una carta a mis hermanos de pura desesperación por la sordera, pues nada, y ni la mandé, ¡anda ya! Con ese rollo en el cuerpo me puse a currar en la Appassionata, así que no te extrañe que suene a tormenta, colega.

Dos añitos de currele y un cuaderno hecho un cuadro

Qué va, nada de sonata en un finde, peña: me tiré currando desde 1804 hasta la primera mitad de 1806, ¡de locos! Los bocetos los terminé en 1805, ¿pillas?, tipo que el borrador ya estaba más sobado que un bocata de ayer. El manuscrito está hoy en la Bibliothèque nationale de France, en París, y mira, illo, lleno de tachones y retoques, un churro de los buenos. Yo no soy de los que clavan la nota a la primera, guay, más bien me rayo hasta que cuadra, ¿sabes?

Un regalito pa' un tío del chelo

Se la dediqué a mi colega Franz Graf Brunsvik de Korompa, que tocaba el violonchelo, ¡un crack majísimo! Fíjate, regalarle una sonata de piano a un chelista es tipo regalarle un peine a un calvo, pero bueno, ¡menudo detallazo, tronco! Éramos amigos de verdad, de los de la peña de siempre, ¿sabes?, nada de peloteo ni de rollos raros. Y así se quedó la dedicatoria, pues nada, con un nombre más largo que un día sin pan, ¡brutal!

Tres capítulos y sin cortes de anuncios

A ver, pa' que no te rayes: un movimiento es un trozo de la pieza, tipo capítulo de una serie, y esta sonata trae tres, ¡flipa! El primero es el Allegro assai, el capítulo de arranque que te agarra del cuello y no te suelta, ¡a toda castaña, colega! El segundo, Andante con moto, es el capítulo de coger aire, un respiro de los de sofá y manta, mazo de tranqui. El tercero, Allegro ma non troppo con un Presto pa' acabar, es el final de temporada con to' el petardeo, y se pega al segundo sin pausa ni cortes de anuncios, ¡qué guay, tío!

La paliza del pianista

Está en el trío de sonatas gordas de mi etapa media junto a la Waldstein y Les Adieux, ¡tres máquinas, illo! Tocarla es una paliza técnica de las más chungas que escribí pa' piano, así que el pianista acaba sudando la gota gorda, ¡de locos! Dura entre 23 y 27 minutos, o sea, menos que una peli pero más que tu ducha de los lunes, ¡anda ya! Y ojo, que no acaba en final feliz de peli, qué va: acaba en tragedia, un dramón de los gordos, peña.

Un manuscrito con dueña y con misterio

Mira qué reliquia, quillo: la pianista Marie Bigot fue dueña del manuscrito, ¡vaya pasta de papel! En él aparece un título, 'La Passionata', pero quién lo escribió, ni idea, tronco, que nadie lo tiene claro. Si fue mi mano o la de otro, a ver, ahí queda el misterio, como el calcetín que se pira en la lavadora. Hasta los garabatos de esa partitura tienen su propia telenovela, ¡flipas, colega!

Chaparrón con chisme incluido

Ahora viene el cotilleo, peña: dice la leyenda que el manuscrito acabó empapado en un tormentón de Silesia, en septiembre de 1806, después de que yo me pirase del castillo del príncipe Lichnowsky. Ojo, que esto es chisme de la peña y nadie lo puede jurar, ¿vale?, tómalo con pinzas, illo. Lo que sí hay son manchas de agua en el papel, y cuadran con la historia, ¡qué casualidad, tío! Una sonata tan tormentosa y encima mojada, o sea, ¡el cielo me hizo un cameo, brutal!

El mote que me colaron de extranjis

¡Mi gozo en un pozo, tronco: el mote 'Appassionata' no lo puse yo, qué va! Salió en 1838 de una versión a cuatro manos que publicó Cranz en Hamburgo, o sea, once años después de que yo estirase la pata en 1827, ¡flipa! La palabra 'appassionato' ni sale en la partitura, ni una sola vez, colega, de locos. Un editor me lo colocó cuando yo ya no podía ni rechistar, pues nada, el típico apodo que te cuelgan los colegas cuando no estás.

De la imprenta a la fama, sin pagarme derechos

La primera edición salió en Viena en 1807, de la mano del Bureau des Arts et d'Industrie, ¡a la calle con ella, tronco! Un escritor asegura que fue mi sonata favorita hasta la Op. 106, pero ojo, eso lo dice uno solo, así que a ver, illo, con pinzas. Yo ni confirmo ni desmiento, que me mola el misterio, ¿sabes?, y a la peña le pone un montón. Eso sí: la Op. 57 sigue petándolo dos siglos después, ¡y sin soltarme ni un euro de derechos, qué morro!
---
¡Hostia, tío, menudo viaje nos hemos pegado, de la sordera a la tormenta, y aquí seguimos, flipando! Mira, peña, yo nunca la bauticé Appassionata, ¿sabes?, el mote me lo coló un editor en 1838, un huevo de años después de que yo palmara. Y lo más chungo, colega, es que el final no es un triunfo de peli, qué va, acaba en tragedia, con arpegios cayendo en fa menor, ¡brutal! A ver, tronco, ¿te ha molado conocer la historia de la Appassionata o qué? Pues nada, que todavía queda tela por cortar, tipo el Andante con moto con sus variaciones o esa coda de locos que se te cuela en el coco. Así que dale caña a los enlaces de aquí abajo, illo, y sigue cotilleando la Appassionata a tu bola, ¡venga, que te vas a pirar encantao!