Agobio en sol menor con la Symphony No 40 de Mozart
Entre bastidores

Symphony No. 40 in G minor, K. 550

Mozart cuenta lo que hay entre bastidores de Symphony No 40
¡Atiende, tronco, soy Mozart y esto es la historia de fondo de mi Symphony No 40, mazo de movida, ya verás! Vas a flipar con el misterio gordo, colega: nadie sabe seguro si llegué a oírla tocada, ¡qué rayada más de locos, te lo juro! ¡Venga, crack,  métete en el entrenamiento : aquí mis colegas de oficio y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, a ver si pillas alguna!
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Tres sinfonías en un verano, ¡qué ritmo, hostia!

¡Mazo de curro, colega, que en el verano de 1788 me pegué tres sinfonías, la 39, la 40 y la 41, en menos de dos meses, flipa! La 39 la dejé lista en junio y la 41 en agosto, o sea, que la 40 se coló en el bocata del medio, ¿pillas, tronco? Y ojo, que nadie me las encargó, ni jefe ni plazo ni leches, yo a mi bola, en plan autónomo de las notas. Que por qué me lancé, pues nada, tío, eso es un misterio de los chungos y yo no me invento rollos.

Sin un duro y con el ánimo por los suelos

Mira, colega, ese año andaba yo pelao de pasta, sin un duro, chungo chungo. Encima había perdido a una hijita hacía poco, un palo de los gordos, y ahí no hay chiste que valga, tío. Por si fuera poco, mi ópera Don Giovanni había caído en Viena en primavera más fría que una cerveza de nevera, recibida con un «bueno, pse». Y aun así seguí currando como un descosido, mazo de faena, de locos.

El carnet de identidad de la criatura

A ver, la nena se llama Symphony No 40 en sol menor, K. 550, que suena a matrícula de furgoneta, ¿o no, colega? La anoté en mi catálogo de obras a finales de julio de 1788, ¡qué orden, crack! Y fíjate qué ritmo, que ese año parí unas 30 obras nuevas, una máquina de churros con peluca, tronco. Total, que esta salió en cuestión de semanas, rapidito y de locos, ¡brutal!

Los capítulos de la movida

Mira, un movimiento es como un capítulo de una serie: cada trozo de la sinfonía tiene su rollo y su velocidad, y la peña se los zampa seguidos, como quien se ventila la temporada del tirón, y aquí hay cuatro. El primero es el Molto allegro, el capítulo de arranque, rápido y agobiao, y detrás viene el Andante, el de respirar tranquilo, en plan pausa pa' ir al baño, ¿sabes? Luego pillo el Menuetto (Allegretto), un baile con cara de pocos amigos, y por fin el Allegro assai, el capítulo final, que va a tope y con mala uva, ¡anda ya! O sea, cuatro capítulos, cuatro humores y to' junto en unos 26 o 27 minutos, menos que lo que tardas tú en rayarte con tu serie de llorar, tronco.

Un tono menor de los que se llevan mal

¡Atento, colega, que de toda mi sinfonía-pandilla solo dos van en tono menor, y esta es una de ellas, qué fuerte! El menor, tío, es el que suena a nublao y a «hoy no me hables», mientras que el mayor suena a domingo de vermú con la peña. Y el arranque es calladito pero nervioso, tipo gato que oye la lata de atún y no sabe si flipar o pirarse. Nada de fanfarria de entrada, quillo, que yo te pillo por sorpresa con un rollo inquieto y chungo.

El final que le hace la cobra al sol

¡Mira qué chulada, joder: en el desarrollo del último movimiento uso todas las notas de la escala cromática menos el sol, menos el sol, tío! Es como invitar a toda la peña a la fiesta menos al colega Sol, que se queda en la puerta con cara de pardillo. Y eso en un movimiento tormentoso, con violines a mil y subidas y bajadas de volumen de locos, ¡mazo de movida! Encima remato en sol menor hasta el último acorde, sin un rayito de sol mayor, ¡qué crueldad, illo!

Dos versiones, como el director's cut

¡Pues resulta, colega, que esta sinfonía existe en dos versiones, y la primera iba sin clarinetes, sin clarinetes, quillo! En esa primera sonaban una flauta, oboes, fagotes, trompas y las cuerdas, y con eso ya petaba, tío. Después le metí dos clarinetes en una revisión que se data entre 1788 y 1791, probablemente en 1791, aunque ahí nadie lo jura, ¿eh? Los cambios huelen a que yo ya tenía un concierto en mente, pero eso va en plan «dicen las malas lenguas», que pruebas no hay, tronco.

¿La oí yo? Ni idea, peña

¡Te suelto un misterio de los buenos: no está claro que yo llegase a oírla tocada de verdad, ni sí ni no, colega! Una carta de 1802 sugiere una ejecución cutre en casa del barón van Swieten, a la que igual fui yo y igual no, ¡vete tú a saber, tío! La primera vez documentada fue en abril de 1791 en Viena, con la Tonkünstler-Societät y Antonio Salieri al mando, ¡el mismísimo Salieri, flipa! Así que ya ves, mi propia sinfonía y yo sin saber si la disfruté en directo, ¡la leche en vinagre, joder!

El manuscrito, de mano en mano como un cromo

¡Qué va, colega, mi partitura original no se ha perdido, está a salvo en Viena, en la Gesellschaft der Musikfreunde! Mi viuda se la vendió al editor Johann Anton André hacia 1799, y de ahí la pilló la princesa Ana de Hesse, ¡menuda movida de ventas, tronco! En 1864 la princesa se la regaló a Brahms, ¡a Brahms, tío, menudo regalazo!, y él al final se la dejó en herencia a la sociedad, qué detalle, guay. Y ojo al rollo, que Brahms la estudió y tachó a lápiz una nota que yo había escrito mal, ¡me corrigió el colega, qué morro, joder!

De apuesta rara a clásico de toda la vida

¡Mazo de fama pillé con los años, peña: a principios del siglo XIX la sinfonía se hizo popular y la tenían por joya de lo romántica que sonaba, brutal! Robert Schumann le oía una ligereza y una gracia de griegos, ¡mira tú el fino, en plan estatua blanca con brisita, tío! Charles Rosen, en cambio, dijo que era pasión, violencia y pena, o sea, la montaña rusa sin cinturón, ¡qué fuerte, quillo! Total, que los dos van fetén, colega, porque esta sinfonía es la misma peli con dos caras, y yo tan pancho, ¿sabes?
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¡Pues nada, colega, ya te he soltao to' el rollo de mi Symphony No 40, de pe a pa! ¿Qué, tronco, te ha molao la movida de cómo me salió esta joya, o te ha dejao flipao perdío? Mira, que lo mío en sol menor, con aquel verano de 1788 sin un duro y con el alma chunga, ya es un peazo de historia, ¿a que sí? Pero ojo, peña, que esto no se acaba aquí ni de coña, que a la 40 le quedan mazo de rincones por cotillear, tipo las dos versiones, una sin clarinetes y otra con ellos, ¡de locos! Y pa' rematar, anda ya, ¿quién me iba a decir a mí que Brahms acabaría tachando a lápiz una nota mía que me salió torcía? Así que venga, dale clic a los enlaces de por aquí, ¡y a seguir bicheando la Symphony No 40, que hay tela pa' rato, guay!