Góndola colgao y mecido con la Barcarolle de Offenbach
Entre bastidores

Belle nuit, ô nuit d'amour

Offenbach cuenta lo que hay entre bastidores de Barcarolle
¡Arrea, máquina, que soy yo, Offenbach en persona, y vengo a cascarte to' el salseo detrás de mi Barcarolle, ¿sabes?! ¡O sea, colega, vas a flipar cuando pilles cómo una canción de elfos de mil ochocientos sesenta y tres acabó petándolo en mi última ópera antes de pirarme pa'l otro barrio! Y ojo al dato, tronco, que por esta web también te curtimos entre los demás compositores y yo pa' que puedas reconocer nuestras obras al vuelo, ¡así que  pásate por el entrenamiento , chaval!
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¡El temazo de los gondoleros que te vuela el tarro!

¡Pasa p'adentro, tronco, agárrate los machos que te voy a soltar toda la movida de mi Barcarolle, aunque el nombre oficial sea Belle nuit, ô nuit d'amour pa' fardar con la peña fina, ¿sabes?! O sea, chaval, una barcarola viene a ser el cante típico de los gondoleros de Venecia cuando le dan al remo por el canal, en plan flow marítimo to' relajao y dabuten. La cosa es que este temazo abre por to' lo alto el acto veneciano de mi última ópera, Les contes d'Hoffmann, y te deja el coco flotando a la primera de cambio, ¡de locos, bro! Pero anda ya, ni de coña te vayas a creer que me saqué esta melodía de la manga pensando en barquitas italianas desde el minuto uno, porque detrás hay un culebrón to' tocho que flipas.

¡Unos elfos alemanes dándolo to' en el bosque!

¡Fíjate qué puntazo, colega, que esta musiquita me la curré yo allá por 1863, o sea, diecisiete tacos antes, pa' mi ópera romántica en alemán Die Rheinnixen, qué guapada! En aquel entonces, quillo, ni góndolas ni historias: el tema era el Chant des elfes, o Komm' zu uns si te pones en plan germano, y lo cantaban unos duendecillos por el monte en el tercer acto, ¡la leche! Resulta que la Hofoper de Viena me había soltao la pasta pa' encargarme la obra, y la estrenamos en el Theater am Kärntnertor en febrero de 1864 con un hype brutal. A ver, tío, la melodía molaba tantísimo que dejarla ahí tirada cogiendo polvo en un cajón vienés me daba un bajón tremendo, ¿me pillas o qué?

¡Currar con la pata chunga en París!

¡Uf, máquina, salta conmigo a 1880 en París, donde yo estaba metiéndole una caña inhumana a Les contes d'Hoffmann mientras una gota chunga me tenía to' machacao en el catre! Joder, primo, me dolían hasta las pestañas con esa enfermedad del demonio, pero yo seguía dándole al coco sin parar porque sabía que aquello iba a petarlo a base de bien. La mala pata, literal, fue que el 5 de octubre de ese mismo 1880 me dio un parraque al corazón por culpa de la dichosa gota y doblé la servilleta antes de rematar toda la orquestación, ¡qué faena más gorda! Pues nada, socio, ahí me quedé yo a medias con el papelamen encima de la mesa y sin ponerle número de opus ni a la ópera ni a na', en plan despedida a la francesa total.

¡El rescate del colega Ernest y el misterio del manuscrito!

¡Menos mal, chacho, que apareció al rescate el compi Ernest Guiraud pa' terminar de orquestar el pastel después de que yo palmara, dejándolo to' niquelao pa' salir a escena! Ahí fue donde se metió aquella melodía mía de Die Rheinnixen reconvertida ya en la Barcarolle, con una letra en francés que se marcó Jules Barbier que te deja to' tonto del sentimiento, ¿sabes? Eso sí, fiera, los estudiosos todavía se rayan mazo discutiendo si fui yo quien dijo de reciclar el tema antes de pirarme al otro barrio o si fue Guiraud el que tuvo la ocurrencia por su cuenta, porque en mis manuscritos de 1881 no sale ni rastro. Sea como sea, hermano, el reciclaje quedó tan sumamente fetén que nadie en su sano juicio se quejó del cambiazo, ¡faltaría más, hombre!

¡Tijeretazo de última hora en el estreno!

¡Agárrate que vienen curvas, titán, porque el estreno mundial de Les contes d'Hoffmann fue en la Opéra-Comique de París el 10 de febrero de 1881 con Jules Danbé dándole a la batuta a tope de power! Lo fuerte del asunto, illo, es que en los últimos ensayos generales les entró el canguelo porque la obra duraba un huevo y medio, así que metieron la tijera y se cargaron el acto de Venecia enterito, ¡flipa en colores! Total, que pa' no perder el temazo en la noche del estreno, tuvieron que apañarlo metiendo mi Barcarolle de prestao en el acto de Antonia, en plan parche callejero de última hora pero con mucha clase. Luego ese mismo año la editorial Choudens sacó en París las partituras cantadas y de orquesta con el número 13, en re mayor y hasta con una versión en fa mayor pa' quien quiera vacilar en otro tono.

¡La receta secreta pa' mecernos el garito!

¡Escucha el truco del almendruco, jefe, que si tú no pilotas de música clásica te lo explico al vuelo: esto va a un tempo Moderato en compás de seis por ocho, que es como el un-dos-tres-cuatro-cinco-seis de una hamaca cósmica! Yo armé la estructura en plan bocadillo, o sea, forma ternaria ABA que le llaman los técnicos: un cacho al principio, otro distinto en medio pa' no aburrir a las ovejas y vuelta al primero con intro y cierre de la orquesta, ¡chupao! En la ópera salen a cantarlo la cortesana Giulietta, que es soprano, y el colega de Hoffmann, Nicklausse, que es mezzosoprano, respaldaos por el coro y toda la banda tocando flojito que da gloria oírlo. Las dos voces van to' el rato de la manita haciendo terceras y sextas paralelas, que dicho en cristiano significa que suenan tan empastaos y dulzones que te derriten el cerebro como un helao al sol, ¿a que mola?

¡De los canales al cine y a un barco que se hunde!

¡Venga ya, monstruo, que en cuanto la peña escuchó esta maravilla se volvió to' loca, hasta el punto de que en el New Grove Dictionary of Opera dicen que es una de las melodías más famosas del mundo y la barcarola más tocha jamás escrita! Es más, corre el rumor por ahí según cuentan los supervivientes de que la orquesta del RMS Titanic se puso a tocar mi Barcarolle mientras el barco se iba a pique en abril de 1912, aunque nadie sabe fijo al cien por cien qué repertorio cayó aquella noche tan chunga. Pero pa' movida guapa y verificada, tío, fíjate en el rey del rock: en 1960 el mismísimo Elvis Presley me pilló la melodía prestada pa' cantarse Tonight Is So Right for Love en su peli G.I. Blues, ¡toma jeroma! Y por si fuera poco, en 1997 Roberto Benigni la metió como tema clave en su peliculón La vita è bella, y encima hoy en día tienes las ediciones críticas de Michael Kaye y Jean-Christophe Keck pa' gozarla sin perder ni una nota, ¡así que ya estás tardando en darle al play, crack!
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¡Bua, colega, dime tú ahora mismo si no te ha molao mazo to' el culebrón que lleva detrás mi Barcarolle, porque vamos, menudo viaje tan guapo nos hemos pegao hoy, ¿sabes?! Pues no te pires todavía ni te me quedes apalancao, tronco, que a este temazo aún le queda tela marinera por destripar y un montón de rollos dabuten pa' dejarte flipao del to'. ¡Venga, máquina, dale caña sin cortarte un pelo a los enlaces que tienes por aquí abajo y sigue bicheando mi Barcarolle a tope, que esto sigue petándolo de locos, bro!