En góndola por Venecia con la Barcarolle de Offenbach
Entre bastidores
Belle nuit, ô nuit d'amour

Hola, soy Offenbach y vengo a contarte la historia detrás de mi Barcarolle. Aquí vas a descubrir cómo una melodía que escribí en 1863 para unos duendes del bosque terminó convirtiéndose en el famoso canto veneciano de mi última ópera, Les contes d'Hoffmann. Además, en esta web te enseñamos entre mis compañeros compositores y yo a reconocer nuestras piezas al escucharlas, así que anímate a hacer el entrenamiento .
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De los bosques alemanes a los canales
Aunque todo el mundo asocia mi Barcarolle con los canales de Venecia, la verdad es que esta música nació bastante lejos del mar. La compuse en 1863 para mi ópera romántica en alemán Die Rheinnixen, donde sonaba como el Chant des elfes en el tercer acto. Me la había encargado la ópera de la corte de Viena y se estrenó allí, en el Theater am Kärntnertor, en febrero de 1864. Por aquel entonces quienes cantaban mi melodía eran unos duendes del bosque, que por lo visto se orientaban igual de bien entre los árboles que en el agua.El apodo que se quedó con el puesto
Con el tiempo la pieza encontró su lugar definitivo abriendo el acto veneciano de mi última ópera, Les contes d'Hoffmann. Su título formal en francés es Belle nuit, ô nuit d'amour, gracias a los versos que escribió Jules Barbier. Sin embargo, casi todo el mundo la llama simplemente Barcarolle, que es el nombre tradicional de las canciones populares que entonan los gondoleros en Venecia. Es como cuando a un amigo le pones un apodo tan acertado que hasta su propia madre acaba olvidando cómo se llamaba de verdad.Un último esfuerzo en París
En 1880 pasé mis últimos meses en París trabajando a contrarreloj en la partitura de Les contes d'Hoffmann. Sufría unos ataques de gota terribles que apenas me dejaban moverme, pero tenía la cabeza llena de música y no quería dejar la obra a medias. Por desgracia, el corazón me falló en octubre de ese mismo año a causa de la enfermedad antes de que pudiera terminar toda la orquestación. Me quedé con las ganas de escucharla terminada en el teatro, que es como preparar un gran banquete y tener que irse antes de que sirvan el plato principal.El misterio del reciclaje musical
Tras mi muerte, mi colega francés Ernest Guiraud se encargó de completar la orquestación y dejar la ópera lista para el escenario. Fue entonces cuando la antigua canción de los elfos de Die Rheinnixen entró en la obra convertida ya en esta pieza veneciana. Como la melodía no aparece en los manuscritos originales míos que se conservan de 1881, los expertos aún discuten si la idea de recuperarla fue mía o si la eligió Ernest Guiraud. Sea como sea, reutilizar una buena melodía que tenías guardada en el cajón es el equivalente musical a encontrar un billete olvidado en el bolsillo de un abrigo.Una noche de estreno con mudanza
El estreno de Les contes d'Hoffmann tuvo lugar por fin en la Opéra-Comique de París en febrero de 1881, bajo la batuta de Jules Danbé. Lo curioso es que durante los últimos ensayos generales decidieron cortar entero el acto de Venecia porque la función se hacía demasiado larga. Para no perder la pieza en esa primera noche, tuvieron que mudarla de urgencia y meterla provisionalmente dentro del acto de Antonia. Así que mis pobres cantantes se quedaron sin góndola en el estreno, como quien se compra un bañador estupendo y acaba usándolo en el salón de su casa.El arte de mecer el barco
El secreto para que esta pieza suene tan relajante está en su compás de seis por ocho y en su ritmo pausado, marcado como Moderato. Esa combinación imita de maravilla el balanceo constante pero suave de una barca flotando sobre el agua en plena noche. Además, le di una estructura muy sencilla en tres partes, donde el tema principal va y viene arropado por la orquesta al principio y al final. Es un movimiento tan regular y placentero que te mece el oído sin que corras el menor riesgo de marearte.Dos voces que caminan de la mano
En el teatro, quienes llevan el peso de este número son la cortesana Giulietta, que es una soprano, y Nicklausse, el compañero de Hoffmann, que canta como mezzosoprano. Detrás de ellas se suman el coro y la orquesta para darle todavía más cuerpo y calidez a esa noche de amor. Las dos solistas cantan casi todo el tiempo a la vez, manteniendo una distancia armónica de terceras y sextas paralelas que suena muy dulce. Van tan bien acompasadas que parecen dos personas paseando bajo el mismo paraguas sin pisarse ni una sola vez.Papeles, ediciones y tonos
Ese mismo año de 1881, la editorial Choudens publicó en París las primeras partituras vocales y orquestales de la ópera. En esa edición tan conocida mi pieza aparece como el número trece, escrita en re mayor para el dúo original y acompañada de otra versión en fa mayor. Como me marché antes de tiempo, ni esta canción ni la ópera llevan número de opus mío, aunque más tarde estudiosos como Michael Kaye y Jean-Christophe Keck prepararon ediciones críticas muy cuidadas. Al final mi música ha tenido más papeleo después de mi muerte que muchos ciudadanos en toda su vida.De la ópera a la gran pantalla
Desde que el público la escuchó por primera vez, la pieza tuvo un éxito enorme y el New Grove Dictionary of Opera llegó a describirla como una de las melodías más populares del mundo. Tanto gustó que en 1960 el mismísimo Elvis Presley tomó prestada mi música para su canción Tonight Is So Right for Love en la película G.I. Blues. Décadas más tarde, en 1997, Roberto Benigni la convirtió en una pieza clave de su película La vita è bella. No está nada mal para una melodía de 1863 haber acabado trabajando en el cine sin necesidad de pasar por una sola prueba de cámara.Una leyenda en alta mar
Entre todas las historias que rodean a esta obra, hay una mucho más seria que siempre me despierta un gran respeto. Según cuentan algunos supervivientes, la orquesta del RMS Titanic tocó mi Barcarolle mientras el barco se hundía en abril de 1912. Nadie sabe con total seguridad qué repertorio exacto sonó aquella noche en cubierta, porque es algo que nunca se ha podido comprobar del todo. Pero si de verdad mis notas sirvieron para dar un poco de calma en mitad de aquel frío, me alegra pensar que mi música hizo compañía hasta el último minuto.---
¿Te ha gustado descubrir la historia que se esconde detrás de mi Barcarolle? Aún quedan bastantes rincones de esta obra por conocer y seguro que te sorprenderán tanto como su propio viaje hasta llegar a los escenarios. Si te apetece seguir escuchando y curioseando, no dudes en pulsar en los enlaces que tienes aquí mismo para seguir explorando mi Barcarolle.
