Cañonazos y Napoleón pringao con la 1812 Overture de Tchaikovsky
Entre bastidores

1812 Overture in E-flat major, Op. 49

Tchaikovsky cuenta lo que hay entre bastidores de 1812 Overture
¡Ey, colega, aquí Tchaikovsky, y te suelto el trasfondo de mi 1812 Overture, tronco, que tiene tela! Te cuento cómo en 1880 me tocó currarme a regañadientes una pieza pa' la exposición de Moscú, yo con cero ganas y la movida saliendo ruidosa de locos, ¡mazo de risa! Y ojo, que aquí mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, así que dale caña a  el entrenamiento  y pruébalo, ¡venga, illo!
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Un colega con prisas y un encargo gordo

¡Vale, tronco, escucha, que to' empieza con Nikolay Rubinstein, el nuevo jefazo de la música en la exposición de Moscú, y el tío venga a darme la brasa! Yo estaba en 1880 tan pancho currando en mis cosas, y zas, me llega el marrón, o sea, una pieza pa' la feria, ¡qué movida, illo! Imagínate que te piden el regalo pa' la fiesta del cole y tú sin un duro ni una idea, pues igual, colega. Y lo peor es que el chaval Rubinstein no pedía, ¡mandaba con guante de seda, flipas!

Menú del día: tres opciones y ninguna me molaba

¡Anda ya, que el editor Jurgenson me suelta en mayo de 1880 una carta con tres planes, como el menú del bar de la esquina, quillo! Uno era una obertura pa' abrir la exposición, otro una pa' las bodas de plata del zar Alexander II, y el tercero una cantata pa' consagrar la Catedral de Cristo Salvador, ¡un festival de rollos, tío! Yo mirando la carta en plan «¿y no hay ensalada?», pero na', que elegir era lo que me tocaba, sabes? Al final no sé ni cuál de las tres movidas me mandó el destino, pues nada, el misterio sigue, peña.

Rubinstein aprieta y yo con cara de póker

¡Venga ya, que en septiembre el hombre me lo pide en persona, y con ese careto no hay quien diga que no, hostia! Me da libertad total, tipo «lo que te salga, en cualquier forma, tronco», pero eso sí, de quince a veinticinco minutos, ni uno más, ni uno menos. Vamos, que me da barra libre con cronómetro, ¡qué morro, colega! Y yo, que soy un crack pa' las medidas, pues me pongo a ello rayao perdío, ¿qué iba a hacer?

Carta a mi mecenas: «esto va a ser un ruidazo»

¡Jope, qué mal rollo me daba escribir pa' fiestas, tío, que se lo solté claro a Nadezhda von Meck: nada me caía peor que currar por encargo pa' festejos! Le dije que iba a salir una cosa mazo ruidosa y escandalosa, de las que te zumban los oídos, ¡y sin cariño ninguno, sabes! O sea, que mi propia obra me parecía un pitote sin alma, ¡fíjate qué autoestima la mía, de locos! Así que si alguien te dice que yo iba de orgulloso con ella por la vida, ¡anda ya, qué va, ni de coña!

Mi vida entonces era una peli chunga

¡Ojo, que yo venía de un marrón sentimental de campeonato, colega! Me casé con Antonina Miliukova en 1877 y el invento se fue al traste en dos meses y medio, ¡un desastre que flipas, tronco! Menos mal que Nadezhda von Meck me pasaba pasta y yo podía dedicarme a la música sin vender un riñón, ¡una santa, la tía, brutal! Entre una cosa y otra, mi cabeza estaba tipo lavadora centrifugando, así que escribir alegría oficial pa' la feria me chirriaba un rato, illo.

Tres meses y listo, sin pegar ojo

¡Pues nada, a ver, que me pongo a la faena en septiembre de 1880 y pa' noviembre ya lo tenía compuesto y orquestado, qué máquina soy, hostia! El manuscrito lleva la fecha del 7/19 de noviembre, ¡todo apuntao, tronco, como si fuera un examen! Una sola tirada de 428 compases, empezando con un Largo y luego pegando el salto al Allegro giusto, mola mazo el cambio de chip, ¿sabes? Y entre quince y veinte minutos de música, o sea, lo que tardas en pedir una pizza y que te la traigan, ¡guay, ¿no?!

El estreno, en una carpa al lado de una obra

¡Ojo con esto, peña: se estrenó el 20 de agosto de 1882 en Moscú, en el sexto concierto sinfónico de la exposición, con Ippolit Altani dirigiendo, flipante! Y ojo, antes ya había sonado en Ozerki y en Pavlovsk ese mismo verano, ¡a escondidas, quillo, sin tanto bombo! Lo de que sonó en la consagración de la catedral es un bulo de locos, tío, que fue en una carpa al lado de la catedral a medio hacer, ¡sin acabar, chaval! Esa catedral no se terminó hasta 1883, o sea, que yo estrené mi movida con un andamio de vecino, ¡qué rollo más random!

Historia mal contada y cañones de pega

¡Mira, colega, que lo de que mi obra es una clase de historia es una trola como una casa! El «God Save the Tsar!» ni existía en 1812, que el primer himno oficial ruso es de 1815, ¡un anacronismo de los gordos, tronco! Y los cañones de verdad no los puse yo en la partitura, que pedí un bombo grande y unas campanas enormes todas de la misma nota, sabes? Lo de disparar de verdad vino después con la peña de las orquestas, ¡qué cuajo, de locos!

Yo mismo la dirigí trece veces, hay que ser…

¡Alucina, que la obra que a mí me parecía un ruidazo sin alma, la acabé dirigiendo trece veces, más que cualquier otra mía, qué ironía, illo! Me la marqué en Moscú en noviembre de 1887 y en Praga en febrero de 1888, ¡de gira con el petardo, tío! Y años después, Gustav Mahler la dirigió en Viena en enero de 1899, ¡ni el mismísimo Mahler se la perdió, brutal! O sea, que la pieza que menos quería se convirtió en mi disco rayado favorito, ¡mazo de risa, peña!

Del 4 de julio a los discos con pólvora

¡Y mira cómo acaba la cosa, colega: en Estados Unidos es el plato fuerte de los conciertos con fuegos artificiales del Día de la Independencia, flipante! Dicen que Arthur Fiedler y su Boston Pops ayudaron a montar esa costumbre, ¡unos cracks de la traca, tío! En 1954 Antal Doráti grabó para Mercury con cañonazos de los de verdad, ¡qué pasada, quillo! Y en 1979 Erich Kunzel hizo la primera grabación digital del tema con Telarc, ¡vaya currada, tronco, pa' que luego digan que yo no la petaba!
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¡Hostia, qué viaje nos hemos pegao, colega, y ya se acaba la movida! Fíjate qué ironía de locos, tío: yo la escribí en 1880 sin una pizca de cariño, y luego la dirigí 13 veces, más que cualquier otra de mis piezas. Qué fuerte, ¿no?, que a mí me parecía puro ruido y la peña la ha convertío en la reina de los fuegos artificiales del 4 de julio en Estados Unidos, ¡flipante! Jolín, tronco, una obra que nació a regañadientes y acabó petándolo por todo el planeta, ¡qué rollo más bueno! ¿Qué tal, colega, te ha molao la historia que hay detrás de mi 1812 Overture, o te has quedao con cara de bombo? Y ojo, quillo, que todavía queda mazo de tela por cortar en esta pieza, ¡hay un montón de cosas por destripar, de locos! Así que venga, dale caña a los enlaces de aquí abajo y clica pa' seguir fisgando en la 1812 Overture, ¡que te va a molar un rato, tío!