Cañones y campanas en la 1812 Overture de Tchaikovsky
Entre bastidores
1812 Overture in E-flat major, Op. 49

Soy Tchaikovsky, y me alegra contarte la historia que hay detrás de mi 1812 Overture. Aquí vas a descubrir por qué una obra que escribí sin cariño, por encargo para una exposición de Moscú, acabó siendo la que más veces dirigí yo mismo. Cuando suene una obra nuestra, mis compañeros de oficio y yo te enseñamos en esta web a reconocerla, y el entrenamiento es el lugar donde probarlo.
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Un encargo que no lleg ó con flores
Todo empezó en 1880, cuando Nikolay Rubinstein, el nuevo responsable de la música en la exposición de Moscú, se puso a buscar quién le escribiera una obra para la ocasión. Yo vivía entonces bastante tranquilo, porque desde 1877 la ayuda de Nadezhda von Meck me permitía dedicarme a componer sin preocuparme por el dinero. Esa libertad era una suerte, pero también significaba que un encargo importante podía pillarme con la cabeza en otra cosa. Aun así, la exposición era un acontecimiento grande, y decir que no no resultaba nada fácil.Un menú con tres platos
Ese mismo año mi editor, Jurgenson, me transmitió tres posibilidades, como quien te lee la carta de un restaurante. La primera era una obertura para la inauguración de la exposición, y la segunda, otra para el jubileo de plata de Alexander II. La tercera era una cantata para la consagración de la catedral de Cristo Salvador. Por eso se repite tanto que mi obertura nació para la catedral o para el jubileo, pero ese vínculo está mucho menos claro de lo que suele contarse.Rubinstein insiste en persona
En septiembre de 1880 Rubinstein dejó a un lado los intermediarios y me hizo una petición personal. Me pedía una obra en la forma que yo prefiriera, con una sola condición: que durase entre quince y veinticinco minutos. Cuando te dan tanta libertad y solo te marcan el reloj, ya sabes que no hay manera elegante de negarse. Acepté, y salió una obertura en un solo movimiento que dura entre quince y veinte minutos.Confesiones a mi mecenas
A Nadezhda von Meck le escribí con total sinceridad que nada me resultaba más antipático que componer para unas fiestas. Le adelanté que la obertura saldría muy ruidosa y estruendosa, y que la escribía sin cariño. No es la frase que un compositor querría ver junto a una de sus obras, pero yo nunca he sabido fingir entusiasmo. Con el tiempo, aquella pieza que casi escribí por obligación se ha hecho tan conocida que a mí mismo me sorprende.Pocas semanas y una orquesta enorme
La compuse y la orquesté entre septiembre y noviembre de 1880, y la partitura manuscrita lleva fecha de ese mes de noviembre. Orquestar es repartir cada melodía entre los instrumentos, un poco como asignar los papeles en una obra de teatro con muchísimo reparto. Aquí tenía a mi disposición flautín, corno inglés, tuba, percusión y mucho más. Para el final dejé prevista además una banda de metales opcional, colocada fuera del escenario, para que todo sonara todavía más grande.Un estreno bajo una carpa
La obertura se estrenó en agosto de 1882, en Moscú, durante un concierto de la exposición dirigido por Ippolit Altani. Mucha gente cree que sonó por primera vez en la consagración de la catedral de Cristo Salvador, pero eso no es cierto. Sonó en una carpa junto a la catedral, que seguía sin terminar y no se completó hasta 1883. Ese mismo verano ya se había tocado en Ozerki y en Pavlovsk, pero el estreno que se cuenta es el de Moscú.Los cañones que yo no escribí
Te va a sorprender, pero en mi partitura no hay cañones de verdad. Lo que yo anoté fue un «Bombardone», un gran tambor colgado, para imitar el estruendo de la batalla. Los disparos reales llegaron mucho después, como tradición de las interpretaciones, y en 1954 Antal Doráti los usó en una grabación para Mercury. Me hace cierta gracia que otros pusieran la pólvora y yo me quedara con la fama de haberla pedido.Una historia que no es una crónica
Aunque la obertura cuenta lo ocurrido en 1812, no es un relato exacto de aquellos hechos. El «God Save the Tsar!» que suena en el final no existía en 1812, porque el primer himno oficial ruso es de 1815. A mí me importaba más conseguir un final grandioso, con campanas grandes que pedí todas con la misma nota. A veces la música cuenta mejor lo que se siente que lo que de verdad pasó, y esa fue la licencia que me tomé.La dirigí más que ninguna otra
Aunque nunca presumí de ella, la dirigí trece veces, más que cualquier otra obra mía. Lo hice, por ejemplo, en Moscú en noviembre de 1887 y en Praga en febrero de 1888. Años después, en enero de 1899, Gustav Mahler la dirigió en Viena. Resulta curioso que una obra que yo miraba con tanta reserva atrajera a directores tan distintos.Del ruido al fuego artificial
Hoy es casi obligatoria en los conciertos con fuegos artificiales del Día de la Independencia de Estados Unidos. Se atribuye a Arthur Fiedler y a su Boston Pops haber ayudado a fijar esa costumbre. En 1979 Erich Kunzel hizo con Telarc la primera grabación digital de la obra. Yo la escribí sin calidez, y no deja de tener su ironía que hoy la escuchen tantas personas rodeadas de fiesta.---
