Faraones y rollazo imposible con Aida de Verdi
Entre bastidores

Aida, opera in four acts (1871)

Verdi cuenta lo que hay entre bastidores de Aida
¡Anda, soy Verdi, el de la Aida, y aquí te suelto el rollo de cómo nació esta movida, tronco! Vas a pillar cómo mi Aida se estrenó en El Cairo en diciembre de 1871 y yo, chaval, ni asomé el careto por allí, ¡un marrón de locos, flipas! Y ojo, que aquí mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras movidas nada más sonar, así que tira, venga, y  dale al entrenamiento , crack.
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Un faraón me pone un cheque

¡Escucha, tronco, que el Ismail Pasha, el Jedive de Egipto, se me planta con 150.000 francos por una ópera, y yo flipando en colores! Yo primero ni mu, en plan "paso, colega, que estoy pelao de ganas", y luego, pues nada, me lo pensé y dije que vale, que la pasta es la pasta. Y no eran francos cualesquiera, ¿eh?, eran 150.000 francos de oro, el sueldazo más bestia que había pillado un compositor hasta entonces, ¡de locos! A ver, ¿quién dice que no a un cheque así más de una vez, illo?

Rigoletto se me adelanta

Mazo de gente se cree que escribí la Aida pa' abrir el teatro de El Cairo, pero qué va, anda ya, eso es un bulo de la peña. El 1 de noviembre de 1869 inauguraron el teatro con mi Rigoletto, o sea, que el duque y el bufón se llevaron la fiesta de estreno, ¡brutal! Mi Aida ni estaba escrita todavía, tío: se estrenó más de dos años después, sin corbata ni postureo ni na'. Total, que mi Aida llegó tarde a la inauguración, como ese colega que aparece cuando ya han recogido las sillas.

El colega del polvo y las momias

El argumento lo preparó un egiptólogo, Auguste Mariette, un tío que se pasaba la vida entre piedras antiguas, ¡flipante! Cuenta la historia que fue idea suya, aunque hay quien dice que el mérito va pa' otro, un tal Temistocle Solera, así que ahí lo dejo, sabes? Lo que sí te digo es que era una historia de la Antigüedad, de las de capas, templos y mazo de drama, ¡de locos! Pa' un chaval como yo, de aquí de Italia, aquello era una movida exótica a tope, tipo vacaciones sin facturar la maleta.

Tres cocineros pa' un solo caldo

Pues nada, que me juntaron un equipazo, ¡mira qué rollo!, y cada uno pringó con lo suyo. Camille du Locle, el director de la Opéra-Comique, curró un borrador en prosa francesa, tal cual, a pelo y sin rimas. Y Antonio Ghislanzoni cogió aquello y lo vistió en verso italiano, el curro más fino, el tío, ¡una máquina! Yo, mientras, a lo mío con las notas, que pa' eso cobro, ¿no? ¡Venga ya!

Agosto y a currar

¡Hostia, que en agosto de 1870 me puse por fin con la música, sin excusas, sin siesta y sin na'! Me tiré currando hasta 1871, o sea, un año de rayarme con cada nota, que soy un pesao con lo mío, ¿sabes? Luego Ricordi, en Milán, se encargó de publicarla en italiano, que la peña lo tenga bien claro, ¿vale? Cada escena la miré con lupa, mazo de horas, y todo pa' que la cosa quedase redonda, tronco, ¡brutal!

Guerra, asedio y cero estreno

Mira, colega, el estreno estaba apuntao pa' enero de 1871, ¡todo listo, chachi!, pero se fue a la porra. Estalló la guerra franco-prusiana y encima cercaron París, y eso paró la producción en seco, ¡qué chungo, joder! Total, que el montaje se quedó parao de narices y nos tocó esperar con cara de pasmaos, tipo "¿y ahora qué hacemos, illo?". Vamos, que una ópera de faraones frenada por una guerra de verdad, ¡si lo cuento no me lo creen en el bar!

Estreno sin el jefe

Al final, el 24 de diciembre de 1871, en plena Nochebuena, ¡flipa!, Aida se estrenó en el teatro Khedivial de El Cairo. Al frente de la orquesta estaba Giovanni Bottesini, un crack total, mientras yo ni pisé la sala, ¿te lo puedes creer, tío? Y así fue, que se me pasaron tanto la inauguración del teatro como la del canal de Suez, ¡menudo despiste de la leche! Mi propia ópera, y yo en casa, enterándome de lejos, qué rayada, anda.

La Scala me da el aplauso gordo

Ya en Italia, venga, el 8 de febrero de 1872 la Aida sonó en La Scala de Milán, ¡y ahí sí que fliparon! Aquello era mi casa, colega, mi barrio, la peña de toda la vida, así que la movida tenía un rollo más cercano, ¿sabes? Fíjate, que de El Cairo a Milán en menos de dos meses, ¡qué ritmazo!, que ni el AVE de ahora, jajaja. Y desde ahí la cosa se puso a rodar sola, de locos, como bola de nieve pero con trompetas.

De Egipto a Nueva York, bro

Escucha, que en menos de cinco años la Aida ya se estaba montando en capitales europeas, ¡mazo de ciudades, tronco! Y hasta cruzó el charco pa' llegar a Nueva York, ¡qué fuerte!, un éxito que ni los faraones se habrían montao tan guay. Pa' un servidor, que empezó diciendo que no a la oferta, no está nada mal el giro, ¿eh, colega? Moraleja: cuando digas que no a un cheque, espera un ratito, que lo mismo te sale un bombazo.

Cuatro actos y un lío de narices

Ahora te toca a ti, tío: son cuatro actos en el Antiguo Egipto, repartidos en siete escenas, ¡una pasada de rollo! Aida, una princesa cautiva, es soprano; Radamès, un general, es tenor; y Amneris, mezzosoprano, anda por ahí con mala leche, ¡ojo! Aida está pilladísima de Radamès, pero el amor, en esta movida, es chungo que te cagas, ¡no te digo más! Pues nada, ¿qué pasa con esos tres? ¡Pon la música y flipa tú solito, venga!
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¡Joder, colega, ya me vas pillando el rollo de mi Aida, tronco! ¿Te ha molao esto de cotillear cómo se cocinó la movida, o qué, illo? Pues nada, que ni de coña acaba aquí la cosa, que a la Aida le quedan mazo de rincones por destripar, ¿sabes? Fíjate, desde el 24 de diciembre de 1871 en El Cairo, con Bottesini al mando y yo sin pisar el sitio, la peña no ha parado de darle vueltas, de locos. Así que tira de los enlaces de aquí abajo, venga, dale caña y sigue fisgando, que te vas a quedar flipao, tío. ¡Y luego me cuentas, máquina, que yo aquí te espero con la oreja puesta!