Alegría a raudales con el Jesu, Joy of Man's Desiring de Bach
Entre bastidores

Herz und Mund und Tat und Leben, BWV 147: Chorale "Jesu bleibet meine Freude"

Bach cuenta lo que hay entre bastidores de Jesu, Joy of Man's Desiring
Soy Bach, y te cuento aquí la historia de Jesu, Joy of Man's Desiring, una música con mucho más recorrido del que imaginas. Descubrirás cómo una cantata de Adviento que compuse en Weimar en 1716 se transformó después en Leipzig, y por qué aquel cambio le dio a esta música su forma más querida. En esta web mis colegas compositores y yo también te enseñamos a reconocer nuestras piezas cuando suenan, así que  anímate con el entrenamiento  cuando quieras.
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Un nombre que me queda grande

Empiezo por confesarte que «Jesu, Joy of Man's Desiring» no es el nombre con el que yo conocí esta música. En mis papeles forma parte de la cantata Herz und Mund und Tat und Leben, BWV 147. Es decir, no es una pieza que ande suelta por el mundo, sino un trocito de algo mucho más grande. Le pasa como al estribillo de una canción, que lo recuerdas tú solo aunque naciera dentro de un disco entero.

Una cantata de diez movimientos

Si nunca has oído hablar de una cantata, piensa en una obra larga para coro e instrumentos, dividida en partes que se suceden como los capítulos de un libro. La mía tiene diez movimientos, que es como llamamos los músicos a cada una de esas partes. La melodía que todo el mundo conoce aparece dos veces, en el sexto y en el décimo. Así que quien se la sabe de memoria suele conocer solo dos capítulos de una historia que tiene diez.

Weimar y un Adviento tranquilo

Todo empezó en 1716, en Weimar, cuando compuse una cantata para el Adviento, esas semanas que preceden a la Navidad. El texto era de Salomo Franck, y a mí me tocó ponerle la música. Aquella cantata era más breve que la que conoces hoy, y yo no imaginaba la fama que acabaría teniendo su versión posterior. Es lo que ocurre a veces con las obras: esperan tranquilas su segunda oportunidad.

Un trabajo nuevo y una fecha en el calendario

En 1723 llegué a Leipzig como Thomaskantor, y con el puesto llegaron los compromisos. Uno de ellos era la fiesta de la Visitación, el 2 de julio, y para esa fecha retomé mi cantata de Weimar. Así, una obra pensada para el Adviento terminó estrenándose en pleno verano, cosa que a mí me hacía bastante gracia. Cambiar una obra de estación es más fácil de lo que parece, porque la música no mira el almanaque.

Más grande por dentro

En Leipzig no me limité a copiar la cantata: la amplié hasta dejarla en dos partes. Añadí recitativos acompañados, que son pasajes en los que el cantante habla casi cantando mientras los instrumentos lo sostienen. Y fue entonces cuando entró en escena el coral famoso. En cuanto a quién adaptó el texto en Leipzig, nadie lo sabe con seguridad, y los papeles lo dan como anónimo.

La misma melodía con dos letras

El coral aparece en el sexto movimiento con el título «Wohl mir, daß ich Jesum habe» y en el décimo como «Jesus bleibet meine Freude». La música es la misma, pero las palabras cambian, igual que un camino se ve distinto de ida que de vuelta. La melodía de Johann Schop pertenece a la pieza «Werde munter, mein Gemüte», así que ya tenía su propia historia antes de llegar a mi cantata. Lo mío fue rodearla de un acompañamiento nuevo, que es una manera discreta de decir que le cosí un traje a medida.

Una fiesta con trompeta

En el último movimiento suenan, junto al coro, una trompeta, oboes y cuerdas. Con tanta gente esperarías un gran estruendo, pero la música se mantiene cálida y amable. Cada instrumento tiene su sitio y ninguno levanta la voz, como en una mesa familiar donde todos hablan y nadie interrumpe. Para mí esa mezcla de fiesta y ternura es lo que hace que la pieza resulte tan acogedora.

El título inglés no es cosa mía

Lo de «Jesu, Joy of Man's Desiring» tampoco lo escribí yo, porque mis textos estaban en alemán. Ese nombre se hizo famoso gracias a la transcripción para piano que hizo Myra Hess en 1926. Ella llevó mi coral al teclado, y así llegó a muchas salas y casas donde no había ni coro ni trompeta. Se lo agradezco, aunque confieso que me cuesta reconocerme en un título que nunca pronuncié.

Un éxito de las listas

En 1972, Apollo 100 grabó una versión instrumental con el nombre «Joy». Llegó al sexto puesto de la lista Billboard Hot 100 de Estados Unidos. Una música que nació en tiempos de peluca y clavecín, compitiendo con las canciones del momento: nunca imaginé semejante compañía. Y lo curioso es que, aun vestida de otra manera, la melodía se reconoce enseguida.

Lo que me queda por decirte

Si lo piensas, esta música ha viajado de un Adviento en Weimar a un día de verano en Leipzig, y de ahí a un piano y a una lista de éxitos. Y sigue siendo, en el fondo, el cierre de una cantata. La próxima vez que la oigas, acuérdate de las otras ocho piezas que la acompañan y que casi nadie conoce. Merecen una escucha tranquila, con el coral esperándote al final como el postre de una buena comida.
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Y hasta aquí llega lo que quería contarte sobre la historia de esta música. ¿Te ha gustado conocer el trasfondo de Jesu, Joy of Man's Desiring? A mí me alegra que una melodía de Johann Schop, un texto de Martin Janus y unas cuantas páginas mías acabaran juntos en un mismo coral. Lo que más me emociona es que, después de tanto tiempo, ese coral siga acompañando a quien lo escucha, ya sea en una iglesia o en una tarde tranquila en casa. Todavía quedan muchas cosas por descubrir de Jesu, Joy of Man's Desiring. Se puede mirar con calma cómo suena cada instrumento, y también cómo cambia la música según quién la toque y en qué época. Si te apetece seguir explorando, haz clic en los enlaces que tienes a continuación. Ojalá la próxima vez que oigas esta música la escuches un poco más cerca, como se escucha a alguien a quien ya conoces.